Es el primer presidente dedicado en cuerpo y alma a las fiestas. Su única ocupación y preocupación es sacar adelante unos festejos que cada año cobran más importancia. Desde que fuera elegido presidente de la Federación de las Tropas y Legiones, Luis Suárez no ha dejado de trabajar. Mejorar las celebraciones, acercar las fiestas a la calle y paliar las críticas que han despertado estos festejos son algunas de las 'empresas' que lleva entre manos. Sabe que la perseverancia es un grado y que el apoyo de todo su equipo es fundamental para seguir adelante, pero también es consciente de que hay que introducir cambios radicales para que las fiestas sigan creciendo. Sólo el que ama profundamente una cosa es capaz de abstraerse de lo bueno y pensar en lo malo para solventarlo. Ese es Luis Suárez.
- ¿Cómo definía el mandato que quiere llevar a cabo continuista o transgresor?
- Transgresor desde el punto de vista de cambios. Creo que hay que mejorar algunos aspectos, que hay que intentar conseguir nuevos objetivos.
- ¿Esa es una actitud que usted adopta también ante la vida o es un hecho puntual en esta etapa de su vida?
- No me considero rebelde, todo lo contrario, creo que soy responsable y trabajador. Si empiezo una cosa la quiero llevar a cabo con seguridad y de verdad. Si en algún momento no puedo, prefiero dejarlo y no continuar con la pantomima.
- ¿Qué es lo que le anima a presentarse como presidente de las fiestas?
- Yo he estado trabajando durante 35 años en Iberdrola, en la central que tiene en Escombreras, y en diciembre del año pasado me prejubilé y eso fue lo que me llevó a presentarme y a emprender esta lucha. Yo ya estaba dentro de las fiestas y ocupaba puestos de responsabilidad y tanto en mi legión, como en Federación. Y lo que pasa es que cuando más conoces una cosa o bien sales corriendo o bien te implicas al máximo. Me picó el gusanillo y me presenté. No me gustaría que las fiestas entraran en el círculo vicioso de ser todos los años lo mismo. Creo que deben renovarse y hacerlo desde la ilusión.
- ¿Es el primer presidente de la Federación que se dedica única y exclusivamente a dirigir las fiestas?
- Sí, creo además que a tiempo total. Estas fiestas creo que es muy difícil que una persona que está trabajando las lleve con garantías. Posiblemente y en un futuro igual tenemos que hablar de un gerente profesional que se dedique a esto. Son muchas horas las que se dedican y mucho tiempo el que hay que echar para que todo salga bien.
- Un tiempo que es bueno para las fiestas, pero no tan bueno para las personas que le rodean y que deben pasar muchas horas dedicadas a algo que no es su trabajo profesional.
- Eso es algo que hay que tener muy en cuenta. Yo comprendo que las personas que tengo a mi lado no pueden hacer lo que yo hago. Primero porque no es su obligación y segundo porque no pueden disponer del tiempo que yo dispongo. Los que formamos parte de la junta directiva ven como los más perjudicados son las familias.
- Y también podemos pensar que el estar 365 días del año pensando en cómo mejorar unas fiestas les pueden llevar a no ver más allá de esas fiestas y ha no darse cuenta de lo que los ciudadanos demandan y no solventar las críticas.
- Eso nos puede suceder, pero es justamente lo contrario de lo que estamos intentando. Todos los ciudadanos deberían viajar y ver como funcionan otras ciudades y otras fiestas dentro y fuera del país. En muchas ocasiones pensamos que somos el ombligo del mundo y sólo somos una parte más y hacemos las cosas mejor, peor o igual que otros. Eso nos lleva a aprender y a quedarnos con lo bueno y a rechazar lo que no es tan bueno. El ciudadano solicita justamente lo que estamos intentando hacer, acercar las fiestas a la calle. Hay cosas que necesitan un cambio porque se están anquilosando y aunque antes no nos dábamos cuenta porque existía de por medio la ilusión de los comienzos, ahora hay que darle una vuelta y otorgarle mayor atracción.
- Viniendo de fuera se puede ver como San Fermín o las Fallas de Valencia los que las viven, además de los propios ciudadanos, son la gente que llega de fuera. Igual a Cartagena le falta eso, una promoción exterior fuerte para que sean los de fuera los que sigan haciendo grandes estas fiestas.
- Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice, pero estas fiestas por muy novedosas, por muy bonitas y por muy grandes que queramos que sean que lo son no nos podemos permitir el lujo de quedarnos quietos. Lo ideal es que venga el público de fuera, pero no es tan fácil, porque las fiestas son como las setas, que crecen en todo el mundo.
- Esos extranjeros que vienen a las fiestas buscan los ingredientes atractivos que tienen las fiestas. Tienen su punto de mágico, de místico, de colorido, se recrea algo que a los extranjeros les llama la atención. Ahora los planes urbanísticos apuntan a que vendrán más masivamente. Y creo que de eso la Federación es consciente, pero ¿de qué forma se promociona diferencialmente estas fiestas?
- Nosotros además de ir a Fitur, donde ya no se nos conoce como moros y cristianos, hacemos muchas cosas. Las mayores alabanzas vienen del público extranjero y para ello cada día avanzamos un poquito más en este sentido. Este año hemos sacado folletos en alemán porque hemos visto la gran demanda que hay. Estamos en esta línea, pero siempre contamos con un tabú que es el dinero. Y es que todo lo que haces lo tienes que pagar. Y además, y eso ya es cuestión de mentalidad, hay muchas personas que no entienden los beneficios que trae invertir en promoción. Estamos en líneas aéreas de largo recorrido, en las televisiones internas de estos aviones, y en otros muchos puntos. Y eso el cartagenero no lo sabe.
- ¿Quién es más peligroso la persona que critica las fiestas desde dentro o el que lo hace desde la distancia?
- Para mí la peor crítica, y da igual que sea de fuera o de dentro, aunque quizá se lleve mejor la de fuera, es la de la persona que ni siquiera conoce las fiestas. Creo que para criticar hay que conocer. La crítica es condición del ser humano y sirve de tertulia y de diversión, pero debería servir para construir. La crítica de dentro sí que molesta y creo que todos los festeros deberían pasar una temporada en la Federación, en la sede de Consejo o en la de Senado y así verían lo que cuesta conseguir los medios para que las fiestas cada año sean mejores.
- Antes apuntaba la posibilidad de que en un futuro hubiera un gerente que dirigiera los pasos de las fiestas. Y una de las cosas que sorprende es que pueda seguir existiendo una presidencia y luego un Consejo y un Senado. ¿Las opiniones seguirán confrontándose con Federación como en estos momentos?
- Bueno hay la gresca está con Federación y si hay que pedir cuentas hay que hacerlo. Lo del gerente profesional lo digo porque realmente hay que dedicarle mucho tiempo y es imposible que una persona que esté trabajando pueda poner toda la carne en el asador y porque somos muy dados a criticar a los de dentro. Si el presidente de Federación y la Junta Directiva somos festeros parece que estamos en el centro de mira. Si viniera una persona de fuera, profesional, pero ajena a todos, igual se conseguía que dijera las cosas y se llevaran a cabo sin reticencias. Y si no gusta pues se elige a otro. Las luchas entre Consejo y Senado con Federación son hasta cierto punto normal, pero quizá se haya perdido un poco la esencia de lo que es Carthagineses y Romanos y ya no se sabe separar bien lo que es la fiesta y la lucha histórica de lo que son los planteamientos de gestión. Eso ya es otra cosa y ahí ya no hay dos fiestas sino una sola.
- Cuando comenzó su mandato tendría muchas metas en su cabeza. ¿Cuáles se han cumplido o están a punto de cumplirse?
- Yo sé que el contenido de mi programa no se podrá cumplir ni el primer año, ni en el segundo, pero algunas ya están en marcha. En el aspecto del funcionamiento interno quería conseguir una unión y que el sistema de contabilidad iba a ser único y este año se va a llevar a cabo. No quiero que nadie se asuste, pero creo que todo lo que ha entrado a las fiestas saldrá hacia las fiestas, pero controlándolo desde Federación. Así todos los festeros verán todo reflejado. Otro de los puntos es el acercamiento a la ciudad. Este año va a haber dos actos en las plazas públicas y así se verá que la ciudad está en fiestas. Estas fiestas son muy especiales y yo a veces digo que nos comen por los pies y es porque les damos a todo. Aquí tenemos actos con una inversión enorme, contamos con desfiles, hemos montado un campamento que para menos días sería imposible levanta, pero lo que pienso es que pecan de un lugar idóneo para llevarlos a cabo. Y eso espero que se solucione cuando esté en marcha el coso multiusos. Otra de las cosas que debemos conseguir es reconocer al festero y recuperar su ilusión. Pero de verdad y no sólo nombrándolo en los desfiles.
- ¿En cuanto al campamento que cambios se llevarán a cabo?
- Es una de las cosas más especiales de esta ciudad y un conjunto casi arquitectónico. Creo que es un gran logro de las fiestas y una oferta de ocio para la ciudad y para el festero. Hoy el ambiente estupendo que había hace años se está perdiendo y es porque creo que algunos lugares se han convertido en una macro discoteca. Esa parte nos está perjudicando. Por eso este año se van a tomar bastantes medidas. La música comenzará a sonar más tarde, hasta la una de la mañana los días festivos y vísperas y hasta las dos el resto y se controlará el volumen de los campamentos y si no se cumplen se quitará la música por completo y eso sí que prometo que lo voy a cumplir a rajatabla. Y también se ha intentado aplicar un precio único de un euro por pincho y refresco, que no todos los grupos lo aplicarán, pero sí la gran mayoría. Se va a facilitar más aparcamientos, habrá hojas de reclamaciones y se ampliará la seguridad.
- Conchi Gil intentó abrir las fiestas al extranjero, Juan José García las quiso acercar a las diputaciones, ¿Qué va a hacer Luis Suárez?
- Un poco de todo. Las diputaciones nos interesan mucho, pero la promoción exterior se tiene que potenciar. Lo que tienen que saber los festeros es que cuando nosotros recibimos ayudas de empresas importantes no las recibimos por la repercusión local, sino por la repercusión nacional e internacional.