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Especial 'Feria de Albacete 2007' - laverdad.es

La Caseta, símbolo de una era

MUCHAS DÉCADAS. Desde la ‘espantá’ de

Julio Iglesias a la locura por cantantes como

Iván,el recinto más musical siempre se renueva


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CLÁSICA. La Caseta de los Jardinillos, con un aspecto casi desconocido. / LV

LYDIA TORREGROSA
Cuando este año la música de El Bicho, Nacha Pop o Antonio Orozco resuene en la Caseta de los Jardinillos, su impronta pasará a formar parte de la historia de este escenario en el que han actuado los mejores artistas nacionales de las últimas décadas. El recinto, que ha sido testigo de anécdotas como la sonada ausencia de Julio Iglesias en los setenta, quiere recuperar ahora el ambiente de vieja sala de fiestas que también tuvo en su época, pero sin dejar de ser, en ningún caso, elemento imprescindible de la Feria albaceteña.

«La Caseta de los Jardinillos lleva el peso de la programación musical de estos diez días de fiesta, pero no en exclusiva», advierte la concejal de Feria, Soledad Velasco, sobre el papel que cumplen en la actualidad estos espacios, recordando que la oferta de música en directo se completa con una carpa rock «que orienta sus esfuerzos al público más juvenil». Una dualidad, la de satisfacer los gustos del segmento joven y no tan joven, a la que por otra parte nunca ha sido ajena la Caseta, que durante años estuvo en dura pugna con El Gran Pebellón. Así lo cuenta el empresario Vicente Haya, vinculado al mundo del espectáculo entre la década de los sesenta y principios de los noventa.

Este albaceteño, que tras completar sus estudios de Magisterio «iba para licenciado en Pedagogía», cambió las aulas y la enseñanza por una carrera profesional que le llevaría a regentar locales como el mítico Whisky Club, El Gran Pabellón o la propia Caseta de los Jardinillos, de cuya gestión se hizo cargo hasta 1982. Ese último año coincidió con la actuación de Rocío Jurado, por aquel entonces ya una gran artista, con entradas para ir a verla al precio de 1.200 pesetas.

La Caseta competía con El Gran Pabellón, un establecimiento que abrió sus puertas en 1975 en la zona situada detrás de la Tómbola de Caridad. Si una noche actuaba en la primera Julio Iglesias, pongamos por caso, en el segundo lo hacía Ramoncín, un «provocador» que, según relata Vicente Haya, «venía con los bafles llenos de restos de tomate de su actuación anterior», aunque era el único que «podía hacerle algo de sombra» en el cartel al ex marido de Isabel Preysler.

Julio Iglesias, que no era aún «nuestro cantante más internacional» aunque sí «el popular cantante», como decía la prensa de la época, había dado plantón al público albaceteño en el 78, ya que el mismo día de su anunciado concierto en Albacete se encontraba en Puerto Rico. El agente Martínez Nieto, la empresa y el Ayuntamiento reaccionaron enérgicamente contra él, hablándose incluso de tres demandas por incumplimiento de contrato, según citaba La Verdad.

Julio Iglesias, ‘castigado’

«Hubo que devolver el taquillaje, y el nombre del popular artista quedó en entredicho. Incluso el alcalde llegó a afirmar que nunca más actuaría en Albacete mientras él ocupase el sillón del concejo», publicaba el periódico al año siguiente de la ‘espantá’, afirmando también que el intérprete de La vida sigue igual se había disculpado y tenía previsto cantar gratis en la Caseta de los Jardinillos para congraciarse con sus seguidores.

La lista de artistas que el empresario albaceteño trajo a Albacete durante sus años en el mundo del espectáculo es casi interminable, aunque una amplia muestra ha quedado recogida en un cuaderno donde guarda fotografías y recortes de aquel tiempo, casi todas con autógrafos y dedicatorias. Uno de los asiduos era el atractivo Lorenzo Santamaría, al que una tarde «casi se lo comen» sus fans o Rocío Dúrcal, que actuó tres veces en la misma Caseta de los Jardinillos donde este año lo hará su hija Shaila.

Vicente Haya guarda buena memoria de cada uno de ellos: el malogrado Bruno Lomas, Mocedades, José Luis Perales -«todo un caballero»-; Raphael -«muy quisquilloso con los contratos»- o Iván, al que estaban esperando en la puerta de los camerinos «más de 500 muchachas» a las que despistaron con un doble improvisado: «Le vestimos con ropa del cantante para que éste pudiera salir», recuerda. También actuó el alicantino Camilo Sesto, que a mediados de los setenta era un auténtico «llenapistas» que venía a Albacete precedido del éxito del musical Jesucristo Superstar, o Rocío Jurado, que estuvo una hora y tres cuartos cantando. Sobre la chipionera. En los tiempos de convivencia de la Caseta y El Gran Pabellón, la primera atraía a un público joven de hasta 40 años, mientras que los de «18 ó 20 años rabiosos», como los califica Haya con el fervor propio de esa edad, se decantaban por el segundo local, con una programación ‘rock’ en la que no faltaron formaciones que aún resultan incombustibles como Medina Azahara y Barón Rojo.

De la orquesta al ‘conjunto’

Los precios de ambos escenarios diferían, ya que la Caseta era algo más cara: «En el año 1979 la entrada costaba 500 pesetas para los caballeros, que pagaban cien pesetas más por entrar que las chicas», explica este empresario que trabajaba conjuntamente con sus hermanos, Adela y Paco, y que conoce bien cómo han ido variando los gustos musicales de los albaceteños: «Hubo un momento en que nosotros traíamos a la ciudad a los ‘conjuntos’, que era como se llamaban entonces a los grupos que, a imagen de los Beatles, llevaban su batería y sus guitarras. La juventud ya no quería bailar con las orquestas, sino con los conjuntos».

Precisamente, para disfrutar con las sesiones de orquesta estaba la Caseta de los Jardinillos, cita obligada cualquier noche de Feria para las parejas y auténtico punto de encuentro que, según reseña la concejal de Feria Soledad Velasco, «funcionó siempre como una gran sala de fiestas».

La Caseta, con un aforo para 1.500 personas sentadas y 3.000 de pie, ha sufrido con el tiempo una evolución paralela a la de la propia ciudad de Albacete, ya que ha dejado de ser el único recinto de la capital donde se podía disfrutar de los conciertos de las ‘estrellas’ del momento: «Afortunadamente, ahora tenemos una destacada oferta musical durante todo el año: el mejor concierto no tiene por qué ser el de Feria, porque a lo mejor resulta que lo hemos tenido en mayo, o en julio, como ha pasado este verano con Maná que, ni por caché ni por las expectativas de público, podría haber actuado en el escenario de la Caseta».

El papel de la Caseta

Eso no significa, según matizó, que este auditorio no siga teniendo un «papel que cumplir», con una oferta «variada y para todas las edades» que se traduce cada mes de septiembre en el desembarco de siete u ocho artistas de renombre que, de media, pueden suponer un desembolso de unos 200.000 euros por convocatoria, una cantidad que se sufraga con cargo al presupesto municipal y a las entradas vendidas.

«El Ayuntamiento de Albacete paga bien; ninguna figura se ha ido nunca sin cobrar -siempre perciben sus honorarios por adelantado- y todos están dispuestos a venir y a repetir sin problemas», indica por su parte Sebastián Gregorio Martínez, gerente de Universal de Producciones Artísticas.

Esta es una de las empresas que colabora con el equipo de gobierno municipal a la hora completar el programa de la Caseta, una labor que realizan desde los años 80. Sobre este tema, Soledad Velasco manifestaba que desde el Consistorio «tratamos de trabajar con la mayoría de los representantes artísticos que hay en la ciudad; cada uno ofrece un tipo de artista y, de esta manera, todas estas empresas albaceteñas pueden tener su parcela de trabajo».

Por lo que respecta a Sebastián Gregorio, son ya más de 25 años de experiencia en los que ha tratado con gente de la talla de Isabel Pantoja o Alejandro Sanz, al que sitúa como el cantante «que más ha cobrado en los últimos años».

Entre la labor de empresas como la suya figura la de dar servicio a los requerimientos del artista: «Si pide planchadoras o peluqueros, por ejemplo, nosotros se los facilitamos desde aquí, aunque cantantes como Isabel Pantoja suelen venir con su propio equipo de profesionales e incluso con su sillón de maquillaje, y Mecano se trajo hasta un gimnasio en el autobús».

Este profesional del espectáculo señalaba que, en todos sus años de trabajo, «nada de lo que han pedido los artistas ha sido imposible», aunque pedir piden y, de vez en cuando, también tienen que atender peticiones curiosas, como la del griego Demis Roussos que, según relataba el representante de esta empresa, encargaba botes de macedonia de tres kilos y ‘fantas’ de litro para su camerino.

Divismo

No obstante, recordaba que las situaciones de ‘divismo’ apenas se dan y que últimamente casi no da tiempo porque la mayor parte de los artistas «vienen en coche, los recogemos en el hotel y tras el concierto suelen marcharse en el mismo día, para no tener que hacer noche». «En la Caseta hay una puerta trasera para que puedan salir rápidamente en un vehículo sin tener que atravesar la zona del público», indicaba este albaceteño, aunque la mayoría «se arreglan después de la actuación y suelen dedicar unos instantes a recibir a sus fans en los camerinos, que por otra parte son amplios y disponen de agua caliente y otras comodidades».

También hay que afrontar las complicaciones relacionadas con la climatología, como pasó recientemente con el concierto de Bebe. «La cola para entrar a verla llegaba casi hasta la Capilla de la Virgen, pero se puso a llover y, aunque aguantamos hasta la 1 de la madrugada para ver si paraba, al final tuvimos que suspender y nos dio mucha pena, por la cantidad de público que había acudido esa noche a la Caseta de los Jardinillos», rememoraba la concejal de Festejos, Soledad Velasco Báidez.


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