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La Feria non nata de Carrilero
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ZONAS AJARDINADAS. El protecto de Carrilero contemplaba dotar de zonas verdes al Recinto Ferial

El arquitecto albaceteño fallecido este verano diseñó hace 30 años un nuevo Recinto Ferial

De todo el proyecto solamente se ejecutó la actual Puerta de Hierros, objeto de discusión todavía hoy en día

LA VERDAD ALBACETE

En 1974, en el penúltimo capítulo del franquismo, el Ayuntamiento afrontó la última gran obra del Recinto, consistente en la construcción de la actual Puerta de Hierros y en la mejora de los pabellones centrales, además de la pavimentación, de acuerdo en el diseño ideado por Manuel Carrilero de la Torre, hijo de Julio Carrilero. Pero esas reformas eran solamente una parte del ambicioso plan redactado por Manuel Carrilero de la Torre para agrandar y modernizar la totalidad del Palacio Ferial.

Ese proyecto, fechado en mayo de 1973, era una clara apuesta por la modernización de un Recinto que llevaba vividas más de doscientas ferias, y al que había que preparar para los tiempos modernos.

Manuel Carrilero decía en la introducción de su proyecto que la Feria «es ocasión de apertura, acercamiento entre las gentes y los pueblos, que se muestran y se viven; la Feria es hermanamiento, es conocimiento y amistad, es descanso y diversión, ilusión y realidad; la Feria es afianzamiento de un pueblo, afirmación de si mismo, de su tradición, su carácter, su esencia más íntima que se hace manifestación, hito y excusa con proyección y entidad».

Teniendo en cuenta este «sentido profundo» de la Feria, el prestigioso arquitecto diseño un nuevo Recinto que fuera albergue idóneo, cómodo, funcional y confortable de sus actividades y entorno amable que la haga vividera.

«Concebimos la Feria como algo vivo -decía Carrilero-, concebimos un Ferial integrado en la ciudad y con actividad continuada a lo largo de todo el año, una estructura en la que se ubiquen una serie de motivos de atracción cuya vigencia sea constante».

Área de expansión

Para el autor del proyecto non nato, la configuración de la Feria pedía que por encima de intereses particulares se actuara en este sentido, es decir, con el único fin de dotar a la ciudad de un área de expansión en el más amplio sentido de la palabra, una zona que acogiera instalaciones de carácter festivo, comercial, cultural y deportivo, al mismo tiempo que constituyera un pulmón que pudiera penetrar en forma de cuña hasta el Centro del casco urbano.

En este sentido, Carrilero quería dar a la vegetación -«un elemento fundamental en una ciudad de las características climatológicas tan acusadas como la nuestra», decía- la importancia que tiene «y humanizando una zona hacia la que la espontáneamente se viene desplazando una parte importante de la población como centro de relación y evasión».

En base a estas consideraciones, el arquitecto pensó en un nuevo Recinto Ferial que hiciera acopio de una doble motivación, social y económica, y todo ello, con el fin de convertir a la de Albacete en la Gran Feria de La Mancha.

El proyecto de Manuel Carrilero partía a la hora de realizar su diseño de una situación en la que existía una «escasez casi absoluta de vegetación, ausencia total de zonas ajardinadas que acojan en un entorno de amplitud y tranquilidad permanentes un conjunto de manifestaciones continuadas o esporádicas que son absolutamente necesarias en una ciudad como Albacete».

En aquel momento -estamos en 1973-, el Recinto Ferial «se defiende de una intemperie semidesértica y sedienta que constituye su entorno, estéril durante todo el año e inhóspito en los días de la Feria».

Del edificio, el arquitecto apuntaba que se trataba de un inmueble «de indudable valor arquitectónico, cuya vigencia como soporte de las nuevas instalaciones consideramos perfectamente válida en orden a sus posibilidades de funcionalidad, actualización y acondicionamiento, dimanadas precisamente de ese imanente valor arquitectónico que posee así como su fuerte carga simbólica y tradicional que ha llegado a tener a lo largo de los años, valores estos -arquitectónico, simbólico y tradicional- que nos llevan a proyectar un edificio en el que, junto a una visión amplia de cara al futuro, presida un espíritu de profundo respeto al pasado». El arquitecto albacetense Manuel Carrilero de la Torre, un prestigioso profesional, falleció el pasado mes de julio en Madrid. Sin duda alguna, a lo largo del ejercicio de su carrera dejó muestras visibles de su concepto de arquitectura; muchos de sus proyectos vieron la luz, y no solamente en Albacete, sino en todo el mundo. Otros, sin embargo, terminaron durmiendo el sueño de los justos, como el nuevo Recinto Ferial que diseñó hace 30 años, en 1973.