El 15 de septiembre de 1935, hace ahora setenta años, se celebró en Albacete un acto de homenaje popular a la Guardia Civil, la entrega de una bandera. Como corresponde a una época convulsa y llena de contradicciones, estuvo rodeado de situaciones y de personajes llamativos.
En los lugares de honor hubo invitados de excepción; uno de ellos, Alejandro Lerroux, presidente del Gobierno de la República, a quien le faltaban sólo diez días para perder ese cargo. O el general Manuel Cabanellas, inspector general de la Guardia Civil, un masón, cuya trayectoria pasó del apoyo inicial a la República hasta el extremo contrario: es su firma la que está en el decreto que, en 1936, nombraba a Franco jefe supremo de la zona nacional.
No menos llamativos, a la vista de este 2005, son los vivas a la República del comandante Molina, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en aquel momento. El mismo comandante Molina que, unos meses después, encabezaría la sublevación, en Albacete, contra esa misma República.
También el gobernador civil de la época, José Aparicio Albiñana, fue un personaje peculiar, que dejó para el recuerdo un libro de curiosa lectura: «Para qué sirve un gobernador. Impresiones ingenuas de un ciudadano que lo ha sido dos años de las provincias de Jaén y Albacete». Publicado en Valencia en junio de 1936, relata experiencias muy interesantes de un periodo confuso para Albacete y para toda España. Este homenaje popular a la Guardia Civil no fue del todo espontáneo. Es aquí donde la memoria del gobernador Aparicio Albiñana parece no ser excesivamente fiable. Presenta esta idea como propia, pero Albacete no fue un caso aislado; al contrario, fue el Gobierno del radical Alejandro Lerroux el que pensó que este cuerpo de seguridad bien merecía un homenaje colectivo, sobre todo tras los acontecimientos de octubre de 1934, en los que murió más de un centenar de guardias. También Albacete fue escenario de incidentes -aunque no llegaron al límite trágico de Asturias- en esas fechas.
Para preparar el acto de homenaje se abrió una suscripción popular, iniciada por el propio gobernador civil, y se recaudó la cantidad de 20.552,20 pesetas, una cifra muy respetable para la época. Y se preparó un programa ambicioso, que detalla el propio Aparicio Albiñana en su libro.
La madrina del acto, Carmen Domingo, empezó elogiando a la Guardia Civil, un cuerpo «tan benemérito siempre, no tuvo jamás otro norte y guía que el camino de la paz, el del orden, el de la tranquilidad, el del respeto mutuo entre los hombres, puntales firmes de lo que para todos es amor de amores, cariño emocionado y dulce, lealtad y devoción sublime; para lo que es de todos y para todos es: España».
Emblema de paz
En la ofrenda de la bandera se dirigía así al jefe de la comandancia: «Esta, señor Jefe de la Guardia civil, es la bandera de España. Es de todos, a todos nos ampara, de todos es consuelo y esperanza. Este pueblo manchego ha querido, emocionado y agradecido, haceros la ofrenda que os debía. En sus tejidos va el alma de los albacetenses, en sus bordados quedaron prendidos los corazones de los que en esta tierra nacimos. Yo, mujer manchega, en nombre de mi pueblo os la entrego. Horas terribles suenan en el mundo. Los clarines de guerra lanzan sus estridentes notas por los espacios. Aceptad en esta hora, que puede ser trágica en el concierto universal, la enseña de España. La entregamos a españoles, y que además visten el uniforme de la Guardia civil, ya podréis en vida contemplar con emoción lo que sus colores dicen. Albacete, por mi conducto, os hace honrándose, esta donación. Ojalá sea emblema de paz entre los hombres, pero si así no fuera, si por el honor de ella tuvierais que luchar trasladad a vuestros soldados, señor Jefe de la Guardia civil, la plena seguridad de que si sus pliegues regados han sido en lágrimas de amor de mujer, el corazón de ellas y el de sus hijos jamás os abandonarán ¡Por la Madre de todos! ¡Por España! ¡ Viva la Guardia civil!»
En la misma línea estuvo la respuesta del comandante Molina, de la que extractamos este párrafo: «Al daros las gracias en nombre de cuantos constituimos esta Comandancia, permitidme que os diga que esta bandera, emblema de nuestra Patria, encarna todas sus tradiciones gloriosas ella encierra el honor de España, ella, para nosotros, es más, pues vivimos a su amparo, bajo su amparo morimos; ante ella prometimos defenderla hasta perder nuestras vidas, y como Guardias civiles hemos de deciros que, por serlo, por dárnosla el pueblo, del que hemos salido, de este honrado y noble Albacete y su provincia, y entregada por vos, señorita, que sois la más bella representación de la mujer manchega, os prometemos que seremos fieles y dignos guar dadores de ella. Acepte, señorita, nuestro profundo agradecimiento, por el honor que nos habéis dispensado. Aceptad también nuestra gratitud, excelentísimos señores Presidente del Consejo, autoridades y todos los que con vuestra presencia habéis contribuido a dar realce, esplendor y alegría a esta patriótica fiesta.
»No quiero terminar -prosiguió- sin ofrendar el más profundo reconocimiento al excelentísimo señor Gobernador civil, don José Aparicio Albiñana, alma y vida de este homenaje, en el cual ha puesto todos sus entusiasmos, guiado tan sólo por su inmenso cariño hacia el Instituto, por lo que yo, como para todo Guardia civil, que conocemos este cariño, sus méritos y desvelos, nos es un deber, que a mí me ha cabido la honra en este acto de cumplir, rindiéndole en nombre de los que componemos este Comandancia, éste público tributo de admiración, cariño y respeto.¡Viva España! ¡Viva la República! ¡Viva Albacete!»
Lealtad
Por su parte, Lerroux, entre aplausos, explicaba que «Cuando el ministro de Estado me brindó ayer la ocasión de asistir a esta fiesta no supe sustraerme a venir a ella a pesar del trabajo que sobre mí pesa, superior al que mis fuerzas físicas pueden sobrellevar, para convertir con vosotros, con el pueblo, estos instantes de emoción y alegría, así como con vuestro gobernador que ha tenido esta feliz iniciativa y ha logrado el éxito de realizarla con el mayor esplendor. También para saludar en el pueblo de Albacete a todo el pueblo español y en la representación aquí existente del Ejército a todo éste, por su lealtad a las instituciones republicanas, y para ponerme con vosotros bajo esta bandera sagrada en la que se condensan con toda unción, los ideales, los heroísmos, los sacrificios, las ilusiones y en suma la grandeza de nuestra raza, encerrada en esta frase: España, Patria y República».
Diez días más tarde, Alejandro Lerroux dejaba la presidencia del Gobierno, aunque seguía en el ejecutivo como ministro de Estado, en el equipo presidido por Joaquín Chapaprieta. Y unos meses después, en febrero, el Frente Popular ganaría las elecciones. El gobernador José Aparicio Albiñana recibiría el cese como gobernador el 21 de diciembre de 1935.
Cabanellas seguiría su tortuoso camino, mediante el cual se llegó a que un militar liberal, masón y republicano fuera quien rubricara el decreto que ponía a Francisco Franco al frente de las fuerzas nacionales. También al comandante Molina le esperaban, en los meses siguientes, decisiones radicales. La foto fija de aquel 15 de septiembre, vistos los acontecimientos posteriores, tiene un interés especial.