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Dos siglos de canal
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NORIAS DE AGUA. El proyecto del Canal de María Cristina permitió poner el agua a disposición de nuevos suelos de uso agrícola./ LV

En 1804 comienza el proyecto de Antonio Bolaños que canaliza las aguas estancadas, que rodeaban la capital, hasta el río Júcar

Doscientos años después tendrá lugar la recuperación medioambiental del Canal de María Cristina


la verdad ALBACETE

El desarrollo de Albacete como capital fue posible, entre otras razones, porque se sanearon las zonas pantanosas que rodeaban este lugar. Hasta que se acometió ese empeño, hace ahora doscientos años, Albacete era un lugar insalubre y rodeado, sobre todo hacia el oeste, de zonas encharcadas que servían de foco a infecciones e impedían un uso agrícola estable en zonas muy extensas.

El más remoto origen de Albacete está a pocos kilómetros del casco urbano actual, en Acequión, en el que, tras las excavaciones, puede verse la estructura de aquel poblado: una isla en el centro de una laguna.

Lo que ahora es una llanura seca, sin más agua que la que se aporta artificialmente en los riegos, ha sido durante milenios un llano salpicado de zonas pantanosas, muchas de ellas estacionales, pero otras permanentes. Lagunas en El Acequión, El Salobral o Albaidel, y encharcamientos en innumerables lugares entre Albacete y Balazote, La Gineta o La Herrera.

José Sánchez Ferrer ha encontrado algunos testimonios históricos de antecedentes en la realización de canales para regular las aguas en el término albaceteño. Pero las primeras peticiones oficiales de las que hay documentación (las cita Sánchez Torres en sus Apuntes para la Historia de Albacete) son ya de mediados del siglo XVIII.

Los comienzos

Inundaciones y epidemias contribuyeron, junto a algunos informes (se atribuye uno a Manuel Serrano, director general de Caminos del Reino, en 1870) fueron preparando el terreno para la realización del Canal. El dato preciso es que el proyecto nace con la Real Orden del 1 de agosto de 1804. Los trabajos, sobre el proyecto de Antonio Bolaños, empezaron unos meses más tarde, en junio de 1805. El objetivo era recoger las aguas estancadas, canalizarlas y abrirles una salida hasta el Júcar. De este modo, la ciudad pretendía evitar por un lado las inundaciones, y por otro el foco de epidemias. También el rescate de tierras para la agricultura y la disposición de agua para riego.

Sobre el canal principal, la red se completaba con otros cinco, que iban drenando aguas por las zonas de Ojos de San Jorge, El Salobral, Fuente del Charco, Hoya Vacas y Acequión. Se llamó Canal Real, Canal de Albacete y Canal Nacional, antes de ser de María Cristina. Los trabajos se realizaron a lo largo de muchos años (básicamente, hasta 1829, en varias fases). Junto a los canales, se deslindaban tierras y se realizaban otras obras complementarias, como la plantación de árboles en sus márgenes.

La ejecución y administración de esta obra pasó por momentos de gloria, como aquellos de los primeros años en los que sus efectos más positivos se hicieron evidentes; y otros de decadencia y abandono, que incluso llegaron a provocar

su pública subasta, que lo dejó en manos privadas en 1849. El Ministerio de Fomento lo recuperó, anulando la subasta, en 1862. Siete años más tarde, ese departamento se desentendió del Canal, que pasó, tras otros momentos confusos (tanto el ministerio de Hacienda como la Diputación rechazaron hacerse cargo de él), al Ayuntamiento de la capital.

En los tiempos más recientes, el descenso del nivel de las aguas en la llanura y otras regulaciones agronómicas en la zona han dejado sin función a esta red de canales, y además han desecado radicalmente la zona; ni siquiera lagunas como la de Acequión han sobrevivido. A su paso por la capital, el canal fue cubierto desde su entrada, junto a la Fiesta del Árbol, hasta su salida, al otro lado de las vías del ferrocarril, cerca del Cementerio. Su uso, aquí, es el de colector urbano. La cobertura de este canal es, en el casco urbano, la calle Cronista Mateos y Sotos.

El viejo Canal lo ha soportado casi todo; en algunos lugares, su cauce está casi irreconocible, invadido por los terrenos vecinos; parajes que fueron de aguas abundantes y arbolado, como El Palo, desaparecieron para convertirse en secarrales. Escombros y basuras han encontrado en él un vertedero de ocasión.

También en otros puntos de su trazado ha habido transformaciones; antiguas zonas húmedas se desecaron o modificaron, como sucedió con la creación de Aguas Nuevas. En otros puntos, como Tinajeros, fue necesario canalizarlo para evitar los serios problemas de malos olores derivados de las aguas que discurrían por su cauce, tras pasar por la depuradora de Albacete.

El futuro

Ahora, el proyecto de recuperación medioambiental del Canal pretende casi lo contrario de lo que justificó su origen: un caudal y una laguna artificiales, acompañados de caminos y de una repoblación a lo largo de su trazado. Quizá de este modo lo que surgió como una necesidad sanitaria, agraria y urbanística termine siendo un recurso natural que añadir a una zona que no anda sobrada de zonas verdes.

Doscientos años después de su nacimiento, empieza la recuperación, aunque con estos distintos fines, de un canal que ha vivido décadas en el olvido.