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Caballero: una biografía brillante y completa
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MADRID. Grandes triunfos ante la cátedra madrileña

Abrió todas las puertas grandes de plazas importantes matando hasta 27 corridas de Victorino Martín

LA VERDAD ALBACETE

La biografía de Manuel Caballero es brillante por sus hazañas realizadas en los ruedos. Manuel Caballero ha vivido el típico periplo de la joven estrella que pierde el rumbo, queda desahuciado por sus propios seguidores y consigue resurgir gracias a su esfuerzo.

Nacido el 29 de enero de 1971, debutó con sólo 11 años en la localidad de Hervás. Su presentación con picadores se produjo el 6 de marzo de 1988 en Osuna, y el 25 de marzo de 1990 debutó en Madrid. Esa misma temporada ya llegó a abrir la Puerta Grande de Las Ventas. Fue, sin duda, uno de los novilleros con mayor nombre de los últimos años, un matador del que la afición esperaba grandes logros. Con esas expectativas tomó la alternativa en Nimes (Francia) el 20 de septiembre de 1991, con Dámaso González como padrino y Jesulín de Ubrique por testigo, ante reses de Jandilla.

Confirmó la siguiente temporada, en San Isidro, con José María Manzanares y Roberto Domínguez en el cartel. La temporada de 1996 fue su peor año, con sólo 27 festejos toreados en España. En 1997 vivió una temporada de transición, con 54 festejos lidiados. Pero su mejor año fue, sin duda, el del 99, con un total de 69 corridas lidiadas y 104 orejas logradas, destacando sus triunfos en la plaza de Albacete.

Matador poderoso y con conocimientos, aprovechó su progresión en la temporada de 2000, en la que, a pesar de situarse entre los mejores del escalafón, no logró el triunfo en Madrid, plaza con la que tiene una especial relación, ya que está apoderado por la casa Lozano.

Pero vayamos a los inicios. Andrés Manuel Caballero Martínez nació en Albacete el 20 de enero de 1971. Desde niño ya se percibió su afición taurina, que le vino fundamentalmente motivada por dos factores: en primer lugar por la cercanía con el ambiente de este espectáculo como consecuencia de las charlas con su padre, que integró la Banda de Música que amenizaba las faenas de los toreros en la plaza de toros de Albacete, y, en segundo lugar, por la influencia de su tío, Herminio Martínez, que regentaba un pub por el que pasaban buen número de profesionales y aficionados y por su relación de amistad con un buen número de matadores albacetenses, entre los que destacaba, Dámaso González.

Juventud

Manuel Caballero solía acudir en su etapa de juventud a las corridas y novilladas que tenían lugar en el coso albacetense. En sus tendidos comenzada a soñar con ser torero y el cauce por el que encontraba más facilidad era la compañía de su tío Herminio Martínez y la Escuela de Tauromaquia de Albacete, a la que se apuntó a temprana edad. Su apodo de guerra en los comienzos en sus comienzos era nada más y nada menos que Manuel Caballero, Manolete.Con estos condicionantes comienza a ponerse delante en tentaderos celebrados en ganaderías de la zona e incluso en otras de postín, siempre con la tarjeta de presentación de Dámaso González, al que acompañaba de manera más o menos asidua.

Inicio

Le llegó pronto su primer momento de la verdad, el de la prueba de saber si la ilusión de ser torero es posible o no. Sucedió en La Rioja en 1982, pues con apenas once años participa en un festival en la localidad de Hervías. La gestión de su tío y la del periodista riojano, Pedro Mari Azofra lo hicieron posible. A su primer novillo, que fue de la ganadería de Pedrés, le cortó los máximos trofeos, «incluso una pata», dice ahora el matador albaceteño. Luego mató dos o tres añojos más en distintos festivales, «pero alguien muy sabiamente me paró en seco y que no toreara más por el momento hasta que no estuviera más preparado. Fue mi tío, Herminio, asesorado por Dámaso González y banderillero, Palomo de Albacete, que toreaba con Dámaso. Palomo de Albacete fue una persona clave en mi vida taurina. Nos aconsejó que toreara más de salón, que hiciera más tentaderos y que no toreara en público más becerros, porque los toreros chicos hacen gracia nada más, pero cogen muchos vicios. Me ofreció conocimientos sobre distintas facetas de la técnica de torear y me vino bien», expone Manuel Caballero. Dicho y hecho, pues hasta los dieciséis años no volvió a torear en público. Fue en Ibiza cuando se viste por vez primera de luces junto a Lorenzo Franco, El Loren y Manolo Molina. Se enfrentaron a novillos de una ganadería jienense que había comprado Manolo Alcaraz.

Posteriormente se presentó en Albacete el 21 de septiembre. Fue una novillada de seis novillos, en la que intervinieron Antonio Panduro, Juan Carlos Rumbo, Ricardo Izquierdo, Juan Pedro Alcantud y un novillero de Jaén. Le cortó una oreja, la primera de su historia en la plaza de Albacete a un novillo de Tomás Sánchez Cajo.

Su nombre y las buenas maneras que mostraba delante de los novillos supuso que algunos apoderados se interesaran por llevar su carrera artística, de la que era naturalmente su más fiel guardian su tío, Herminio Martínez. Pronto tuvo su primer apoderado, el sevillano Alberto Aliaño, quien le recomendó que se instalase en Sevilla. Hasta la ciudad de la Giralda se dirigió el joven novillero, ubicándose en Gerena, lo que le permitía acudir a hacer tapia en un buen número de ganaderías de aquella zona. El 6 de marzo de 1988 llega el debut con picadores en la plaza de la localidad sevilla de Osuna.

Toreó con Manolo Corona y Julio Aparicio un encierro de Hermanos Sampedro. Era la presentación de Julio Aparicio en Andalucía, por lo que este suceso implica que gran parte de la prensa de todo tipo se desplace hasta la ciudad andaluza. Esa tarde cuajó dos novillos de manera fenomenal y comenzó por tanto a impactar, el runrún de los taurinos. Lo contratan en varias plazas a lo largo de la temporada y llega a la Feria de Albacete, su primera feria albacetense, ya en una actuación con los varilargueros.

Primera novillada ferial

La novillada, de extraordinario juego en conjunto, fue de Samuel Flores y sus compañeros de cartel, Manuel Montoya y Jesulín de Ubrique. Manuel Caballero cortó una oreja, a pesar de fallar con la espada. Esa tarde había llovido y Jesulín de Ubrique quiso que se suspendiera la novillada, «pero yo dije que toreaba. Fue la segunda vez que hice con el capote la suerte de fregolinas, la primera en una novillada en Albacete el día de San Juan a un novillo de Flores Albarrán», matiza el torero de Albacete.

Se habían dado pasos importantes en la carrera de este torero, pero todavía quedaba mucho. Por ejemplo presentarse en la plaza de Las Ventas, el primer fielato fuerte en la carrera de un torero. La fecha fue el 25 de marzo de 1990 y toreó una novillada de Alejandro Vázquez, con la que el torero albacetense estuvo bien. Fueron varios pases de pecho los que hicieron rugir a la exigente afición de Las Ventas. Su faena se vino arriba y de no haber fallado con la espada, el torero de Albacete habría conseguido sus primeros trofeos en Madrid. Pero le valió la repetición posterior en Madrid y el compromiso del empresario del coso venteño de su contratación en la Feria de San Isidro de ese año.

Triunfo en Madrid

El día de San Fernando, 30 de mayo de 1990, quedará siempre plasmado con letras de oro en la carrera de Manuel Caballero. Toreó en Madrid una novillada de Auxilio Holgado con Juan Pedro Galán y Cristo González. El torero gaditano recibió una cornada en el primero de su lote, al que mató y tras dar la vuelta al ruedo entró a la enfermería para luego no poder continuar la lidia. Manuel Caballero cuajó una sobresaliente actuación, cortando dos orejas al primero de su lote, trofeos que hubieran podido aumentar de no haber fallado con el acero en el astado que mató en segundo lugar. Abrió por vez primera en su trayectoria la Puerta Grande de la plaza de Madrid. «Salir por esa Puerta es como tocar el cielo», llegó a decir el torero , que estuvo acompañado en esa salida por Cristo González, que a pesar de cortar trofeos no hizo méritos suficientes para ello. A partir de esa novillada surge una amistad muy fuerte con la familia Criado-Holgado.