Es muy difícil hacerse una idea de cuanta gente vive en Alicante hasta que no se ha contemplado una Nit del Foc (noche del fuego). Se sabe que en la ciudad hay censadas unas 320.000 personas. En la Nit de la Cremá (noche de la quema), esa cifra adquiere una significación real, porque la mitad de esos habitantes sumados a unas decenas de miles de visitantes, salen a la calle en tropel y se entregan a la noche mágica de San Juan.
Todo empieza a las 12 en punto de la noche cuando desde la cima del monte Benacantil se lanza la Palmera que avisa a toda la ciudad que comienza la Nit del Foc. La Palmera no es un castillo de fuegos artificiales. Es la descarga simultánea desde el Castillo de Santa Bárbara de varios centenares de cohetes de luz blanca, que dibujan durante 5 segundos una gigantesca palmera en el cielo que ilumina toda la ciudad.
La palmera tiene su origen en 1932 y desde entonces se ha erigido como la legítima portadora de la necesaria señal que avisa a todos los alicantinos que ha llegado el momento que terminen con su fiesta con un colofón de fuego. Para muchos alicantinos, los breves segundos que dura la palmera se convierten en el momento más significativo de Les Fogueres, ya que supone un resumen de las mejores cualidades de nuestras fiestas; concitar la atención de toda la ciudad, demostrar la belleza que puede ofrecer nuestra fiesta e inundar de luz cada calle, cada casa, cada rostro y cada corazón alicantino, aún permaneciendo en la lejanía.
Por todo esto, a más de uno, se le desliza una lágrima por la mejilla pues a todos les falta a su lado alguna persona que vio junto a ellos la Palmera del año pasado o el anterior.
Desde este momento todo se sucede con gran rapidez. Suena la gran traca que prende la hoguera oficial de la plaza del Ayuntamiento. Simultáneamente comienzan a oírse castillos de fuegos artificiales desde varios puntos de la ciudad. El torrente de gente te arrastra hacia un destino desconocido, el aire huele a fuego. El tiempo de las Hogueras se ha agotado y en apenas 3 horas no quedará nada.
Un año más se ha cumplido el rito de la noche de San Juan, noche de solsticio, que nos enseña que todo cuanto añoramos en la vida .es efímero, apenas un fugaz momento, que ni el hombre ,ni las bestias, ni las cosas ,son merecedoras del privilegio de ser eternos.
El visitante debe saber también que durante la Cremá de cualquier hoguera se produce un rito algo extraño ,que se llama la Banyà. (el baño). Una hoguera desprende mucho calor al quemarse y la noche además es cálida. El equipo de Bomberos además de asegurarse que la Cremá se desarrolle sin daños materiales o personales, es parte integrante del rito de la Banyà.
El público que soporta en estos momentos temperaturas que rondan los 60 grados centígrados, comienza a corear canciones insultando al bombero, que asume por lo general con paciencia esa poco cortés forma de pedirle el agua que les refresque del sofocante calor. Como el bombero siempre suele cumplir y da una rociada a conciencia a todos los presentes, el personal acaba dándole un caluroso aplauso.
Los expertos en la materia recomiendan al visitante que para ver una Cremá, elija una hoguera con anticipación. Cabe tener en cuenta que casi todas las hogueras del centro se queman a la vez, para evitar que las aglomeraciones se desplacen de una hoguera a otra.
Otra recomendación es evitar la hoguera oficial, ya que es casi imposible verla, pues es la que más gente concentra y donde la distancia de seguridad es mayor.