El pequeño Blas no sabe lo que le espera. Duerme arropado por sus sueños y sus deseos para que pase el tiempo y poder mostrar el arte y la alegría de Les Fogueres. Las musas de la Fiesta le arropan entre confeti y serpentinas y le enseñan sus símbolos indispensables: la música, la pólvora y el fuego de la noche mágica. Para que el sueño tome forma es indispensable el trabajo de los artistas. Ellos reciben el cariño de un foguerer, que hace alarde de su amor por la fiesta, encabezada por la Bellesa del Foc.
Todo se produce en el solsticio de verano que culmina con el fuego renovador de la Nit de la Cremà. Todos los elementos se unen en un abrazo y observan, con la luna de testigo, al pequeño Blas que recibe una lluvia intensa dEstels de Futur con deseos de evolución y prosperidad para la fiesta de Fogueres.