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Los inicios de los hermanos que pedían limosna por los campos y la huerta
Casi 50, según datos facilitados por la institución, lleva procesionando esta Cofradía, que allá en el principio del siglo XVI estaba establecida en la desaparecida Ermita de San Ginés, si bien no con la obligación de desfilar en ningún cortejo pasionario durante nuestra Gran Semana Mayor, sí con la recta obligación de pedir limosnas por nuestros campos, huertas y ciudad para socorrer a los desvalidos, acompañar a los reos de muerte en la última noche de su vida, evitar los duelos tan frecuentes de la época entre los caballeros de capa y espada, invitar a los pecadores a la penitencia y recorrer las estrechas y mal alumbradas calles de aquella Murcia que Alfonso el Sabio conquistó a los moros, cual penitente, rezando el Rosario. En este principio y con el nombre actual de Pontificia, Real, Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Esperanza y María Santísima de los Dolores y Santo Celo por la Salvación de las Almas, estaba formada únicamente por clérigos y frailes menores de las distintas órdenes religiosas que existían en la ciudad.

En 1.724 nace en Sevilla la Congregación del Santísimo Cristo de la Esperanza y Santo Celo por la Salvación de las Almas. Antonio de Vargas, asistido por el Cardenal Belluga, dan vida a esta congregación hermana de la del Pecado Mortal con las mismas obligaciones de penitencia y caridad. El Rey Felipe V le dio protección en el Real Decreto. Volviendo a Murcia y desaparecida la Ermita de San Ginés, los clérigos pensaron trasladarse a otra de las ermitas que bien pudiera ser la de Santa Quiteria, por estar consagrada a un valioso Crucifijo de gran tamaño y mucha devoción y respeto de los fieles murcianos. Se ignora las causas del por qué no hubo aveniencias entre los mayordomos de la Esperanza y el clero encargado del culto y custodias de la ermita que acabamos de nombrar y casi a punto de desaparecer esta murcianísima hermandad, Patricio López, cura-teniente de la Iglesia de San Pedro, juntamente con Pedro Martínez Zaragoza, Manuel Moreno, Miguel Ramírez y Vicente Carballo, también presbíteros asignados a dicha Iglesia Parroquial, establecieron su sede en ésta, en donde estaban adscritos, según dice el acta levantada el 29 de abril de 1.754. Su Santidad Benedicto XIV, por Bula dada en Roma el 10 de marzo de 1.755, concede Indulgencia Plenaria y remisión de todos los pecados a los cofrades de esta Hermandad que recibieran la Sagrada Eucaristía ante la imagen del Cristo de la Esperanza. Se le concede el nombre de Pontificia y se le autoriza a ostentar el Escudo Pontificio de San Pedro, la Tiara Papal, el Ancla y las Llaves.

Leemos en el libro de la Congregación de la Esperanza, que Francisco Salzillo y su esposa Juana Taivilla ingresaron en la misma el día 22 de agosto de 1.755. En los primeros días del año 1801 se dio entrada en esta Hermandad a todos los eclesiásticos y civiles que lo solicitaban, reformando un poco sus primeras Constituciones para acomodarlas al naciente siglo XIX. El culto de esta Hermandad fue de gran pujanza hasta la Primera República.

Llegamos así al 29 de abril de 1.954, en el que un grupo de amigos, devotos del Cristo de la Esperanza decidieron propagar la devoción por nuestro Santísimo Titular, animados y ayudados por el Cura Mariano Andreu, organizando un Rosario Vía Crucis que salió por primera y única vez a recorrer las calles en el año 1954.

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