Este fue uno de los últimos
artículos que Juan pedro Hernández, presidente
del Perdón recientemente fallecido, escribió
para La Verdad. Lo transcribimos a modo de sencillo homenaje.
Todos los años, cada Lunes Santo, nuestra querida Murcia mediterránea, dinámica, vitalista, sensual, se transforma en una muy particular Jerusalén en la que revivimos la La Semana Santa Murciana es un hecho histórico en el que se conjugan todos los elementos que dan lugar al fenómeno religioso y cultural más bello y maravilloso de todos los que acontecen en nuestra amada Murcia.Las procesiones de Murcia, nuestra tierra, son incomparables por la belleza de sus imágenes, el colorido de sus túnicas, las medias de repizco de sus estantes y ésos típicos caramelos que nos hacen revivir tiempos pasados, al comienzo de nuestras cofradías, donde los componentes de las mismas repartían viandas para los más necesitados. Por eso la razón que mueve a todas las cofradías a salir a nuestras calles, sólo es recordar al pueblo, la historia terrible que padeció un hombre maravilloso que por amor a los hombres acabó clavado en una cruz.
En nuestra Semana Santa el arte y la emoción religiosa rivalizan entre sí, para contentar a creyentes que con fe profunda explican a sus hijos el sentido de todos y cada uno de los tronos con sus imágenes, y también a los que salen a las calles movidos por la llamada del arte pero que, las más de las veces, terminan arrollados por el dolor de las figuras que representan la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.Y por fin en Murcia en estos días se manifiestan tradiciones que a lo largo de los siglos se conviertieron en leyes y son aplicadas con rigor en la huerta y en la ciudad a la hora de ejercer los derechos a la sucesión de túnicas o estantes nazarenos, al mismo tiempo que se les inculca ése mensaje de amor y esperanza que lleva la Semana Santa. Por todo lo expuesto, y lo que se queda en el corazón, hay razones más que suficientes para invitar a todos los que vivimos en ésta tierra y los que se acerquen a visitarnos, que todas éstas personas no se marcharán defraudadas. Al terminar, como cofrade nazareno y enamorado de nuestras procesiones, pido al Señor y a María su Madre para que la Semana Santa se desarrolle con todo esplendor .
Pasión de Cristo en torno al color magenta. Durante unas horas Jesús en Getsemaní, el Prendimiento de Jesús, Jesús antes Caifás, la Flagelación, la Coronación de Espinas, el Encuentro en la Vía Dolorosa, la Verónica, el Ascendimiento, el Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de la Soledad, recorren nuestras calles en una experiencia única que tiene como protagonista el Amor de Cristo y el dolor de su Santísima Madre.
Los nazarenos magentas mantienen vivo un sentimiento especial que en San Antolín se acrecienta bajo la mirada del Señor del Malecón, del Cristo del Perdón. Pocas cofradías se encuentran tan unidas a un barrio y a una parroquia como es el caso de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón. Un Cristo que se estremece cuando al llegar de su lento peregrinar por la vieja y moderna ciudad se encuentra cara a cara con su Madre, que en la Soledad del Dolor clama por el sufrimiento de un hijo con el corazón herido por los pecados de los hombres. Nazarenos que se emocionan y lloran cuando desciende el Cristo del Perdón y el coro de San Antolín cantan su himno antes del popular besapié. Nazarenos con la cara tapada, sobrecogidos por la pasión y muerte de Cristo y el incontenible Dolor de su Madre. Nazarenos de una centenaria cofradía heredera del antiguo gremio de la seda receptora de tradiciones transmitidas con cariño y devoción de padres a hijos. Cofradía que cada año emociona cuando veo a mis tres hijos vestir su túnica magenta, igual que lo hizo a principios del siglo pasado mi bisabuelo como cabo de andas de la Soledad. Sentimientos profundos de cariño y afecto por haberme permitido sentir sobre mis hombros la Virgen de la Soledad, recuperando una antigua tradición familiar en torno a San Antolín. Barrio, parroquia y cofradía a los que me siento entrañablemente unido y de los que sólo he recibido atenciones y afecto a los que intento corresponder.
Hoy la antigua procesión de nazarenos majestuosos de largas colas se ha consolidado como una cofradía popular, sanantolinense, que congrega a pequeños y mayores en torno al magenta que mana cada Lunes Santo por las entrañas de Murcia anunciando la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo.