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La primera procesión sin Juan Pedro
Fue uno de los mejores presidentes de la antigua institución magenta.

La Verdad

A pesar de la riqueza artística y cultural que atesora esta institución, su desfile por las calles de la ciudad de Murcia será este año tan triste como la pérdida del que fuera su más grande presidente, Juan Pedro Hernández, recientemente fallecido. Hernández supo custodiar e ensalzar este desfile castizo que llena cada año de colorido y Pasión la primavera. Y son muchos los que consideran que el Perdón esta de luto. Por eso, cuantos actos se celebren estos días en la institución cofrade servirán para recordar la figura de un hombre cabal y bueno.
El desfile procesional de la Real, Ilustre y muy Noble Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón es todo un acontecimiento para el barrio de San Antolín, cuyos habitantes sienten especial devoción por el hermoso crucificado que es titular de la cofradía y que durante todo lo año preside, desde lo alto del altar mayor parroquial, todos los acontecimientos familiares de la feligresía.
La procesión se forma en el lateral de la iglesia, y los tronos van saliendo desde el interior del templo, haciendo vibrar de emoción a los centenares de personas que aguardan ese momento, con devoción y respeto.
El desfile del Perdón llevará a sus tronos y cofrades desde la calle Vidrieros, Sagasta y Plano de San Francisco, hasta de nuevo la iglesia de San Antolín pasando por Glorieta de España, calle Arenal, Cardenal Belluga, Escultor Salzillo, Plaza Hernández Amores, Trapería, Santo Domingo, calle Besabé, Echegaray, Plaza Julián Romea, Santa Gertrudis, San Bartolomé. Santa Catalina y Plaza de las Flores, entre otros puntos.
Visten los cofrades del Perdón túnica de terciopelo, color magenta, con capuz del mismo tono. Salvo la hermandad de la Soledad, que lleva túnicas de raso negro con capuz a juego, tanto penitentes como estantes y mayordomos. Todos los nazarenos llevan el rostro cubierto, salvo los estantes, que lucen la típica túnica corta, de amplio vuelo, sená y medias de repizco.
La Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón también disfrutan de una hermandad de Promesas, que desfila en primer lugar, con túnica magenta de tela y se alternan los penitentes con cruces y cirios. Su cometido es portar el primer paso de la procesión.
El segundo paso es el denominado ‘Prendimiento de Jesús’. El estandarte de este paso es el del antiguo gremio de la Seda, que data del 1600 y es el antecedente directo de la cofradía. En el siglo XVIII el gremio de sederos sustituyó su primitivo paso del Prendimiento, por otro, obra de Salzillo.
Estas espléndidas imágenes fueron quemadas durante la guerra civil. En la actualidad, El Prendimiento es un conjunto escultórico realizado por Sánchez Lozano y representa el momento en que Jesús es hecho prisionero en el Monte de los Olivos.
La tercera hermandad procesiona el paso de Jesús ante Caifás. Le sigue el paso de La Flagelación, que también sustituye a otro más antiguo, llamado Cristo de los Azotes, que en el siglo XVI se fundiría con la del gremio de Torcedores y Tejedores de Seda.
La Coronación de Espinas es el nombre de la quinta hermandad. El paso muestra a Jesús lleno de mansedumbre mientras un sayón ciñe su frente con las espinas de la pasión.
El Encuentro en la Vía Dolorosa, es un bello conjunto escultórico formado por imágenes de distintas épocas y echuras. La Verónica también es un bello conjunto de imágenes, obra de Francisco Toledo (1945). Presenta a la mujer Verónica tras enjugar el rostro de Jesús, que aparece junto a un sayón. Este año ha sido restaurado, y se le ha incorporado un nuevo sayón, obra también de Toledo, que había sido retirado.
El Ascendimiento es el octavo paso que compone la procesión del Perdón. Se trata de dos sayones intentando alzar el madero con Jesús ya crucificado. A continuación desfila el titular de la cofradía, el Santísimo Cristo del Perdón en el Calvario. El Crucificado es anónimo, aunque se le atribuye al escultor barroco Francisco Salzillo. Para el desfile, siempre le colocan un rosal rojo florecido, abrazado a la cruz.
Cierra el cortejo del Santísimo Cristo del Perdón, ante el asombro de los fieles, una espléndida imagen de Nuestra Señora de la Soledad, preciosa talla que es propiedad de sus camareros, los herederos de Carmen López-Mesas. .

Un sentimiento especial
Miguel Ángel Cámara / Alcalde de la ciudad de Murcia

Todos los años, cada Lunes Santo, nuestra querida Murcia mediterránea, dinámica, vitalista, sensual, se transforma en una muy particular Jerusalén en la que revivimos la Pasión de Cristo en torno al color magenta. Durante unas horas Jesús en Getsemaní, el Prendimiento de Jesús, Jesús antes Caifás, la Flagelación, la Coronación de Espinas, el Encuentro en la Vía Dolorosa, la Verónica, el Ascendimiento, el Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de la Soledad, recorren nuestras calles en una experiencia única que tiene como protagonista el Amor de Cristo y el dolor de su Santísima Madre.
Los nazarenos magentas mantienen vivo un sentimiento especial que en San Antolín se acrecienta bajo la mirada del Señor del Malecón, del Cristo del Perdón. Pocas cofradías se encuentran tan unidas a un barrio y a una parroquia como es el caso de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón. Un Cristo que se estremece cuando al llegar de su lento peregrinar por la vieja y moderna ciudad se encuentra cara a cara con su Madre, que en la Soledad del Dolor clama por el sufrimiento de un hijo con el corazón herido por los pecados de los hombres. Nazarenos que se emocionan y lloran cuando desciende el Cristo del Perdón y el coro de San Antolín cantan su himno antes del popular besapié. Nazarenos con la cara tapada, sobrecogidos por la pasión y muerte de Cristo y el incontenible Dolor de su Madre. Nazarenos de una centenaria cofradía heredera del antiguo gremio de la seda receptora de tradiciones transmitidas con cariño y devoción de padres a hijos. Cofradía que cada año emociona cuando veo a mis tres hijos vestir su túnica magenta, igual que lo hizo a principios del siglo pasado mi bisabuelo como cabo de andas de la Soledad. Sentimientos profundos de cariño y afecto por haberme permitido sentir sobre mis hombros la Virgen de la Soledad, recuperando una antigua tradición familiar en torno a San Antolín. Barrio, parroquia y cofradía a los que me siento entrañablemente unido y de los que sólo he recibido atenciones y afecto a los que intento corresponder.
Hoy la antigua procesión de nazarenos majestuosos de largas colas se ha consolidado como una cofradía popular, sanantolinense, que congrega a pequeños y mayores en torno al magenta que mana cada Lunes Santo por las entrañas de Murcia anunciando la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo.



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