EL NAZARENO QUE LA ARCHICOFRADIA DE LA SANGRE PROCESIONA EL JUEVES SANTO EN LA PROCESIÓN DE LA SOLEDAD. / JAVIER CARRIÓN / AGM
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La Soledad surca las calles ocupando la madrugada de Jueves Santo. Este cortejo penitencial sustituye al que ha venido saliendo desde hace 25 años en la madrugada del Viernes Santo y que se conocía como Procesión del retorno, porque evocada el regreso de la Madre de Dios desde el Calvario, donde había dejado a su hijo muerto. No se reparten caramelos y los nazarenos visten túnicas negras con ribetes coloraos, color que distingue a la Archicofradía de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo a la que pertenecen.
El primer trono del desfile es el Santísimo Cristo de la Humillación. Se trata de una talla anónima del siglo XVII, de la escuela granadina. En aquella comunidad se le dio culto en una capilla que había situada junto al humilladero, el lugar donde se imponían castigos públicos a los reos. Tras un periplo por un monasterio de Coimbra (Portugal), la talla regresa a Murcia.
La segunda talla de las que componen esta recogida y espléndida procesión se denomina Nuestra Señora de la Soledad. La Virgen es obra de Gregorio Fernández Henarejos, realizada en Murcia en el año 2000. La imagen porta durante la procesión en sus manos el lignum vía de la archicofradía.
La procesión de la Soledad, o procesión chica de la Sangre, es un cortejo de riguroso silencio.
Los mayordomos vestirán como los penitentes, llevando el rostro cubierto con la careta del capuz, con la salvedad que llevarán cetro, en vez del cirio o farol. Los estantes también vestirán de negro, con túnica larga hasta los pies, en vez de la túnica corta tradicional. Aunque llevarán el rostro al descubierto.
Con el cambio de día la procesión de la Soledad, vuelve a sus orígenes. Ya que rememora una antigua procesión que hacían la Hermandad de Labradores.