Aunque la Real y muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno viniera desarrollando actividades religiosas desde muchísimos años antes a su fundación oficial, es lo cierto que, ésta, no se produciría hasta el día 3 de septiembre del año 1600, que fue la fecha de su primer Cabildo. Este tuvo lugar en el interior del Convento de la Arrixaca, ubicado en la calle de San Andrés, número 1, de nuestra capital, donde fijaría su sede, que aún conserva en nuestros días. A dicho Cabildo, entre otras personas, asistirían varios religiosos de la Orden de San Agustín y otros señores. Para dicha fundación, la Cofradía, previamente, tendría que presentar el texto de sus Primitivas Constituciones que, con licencia del Sr. Obispo de la Diócesis, Don Juan de Zúñiga, serían promulgadas el día 2 de agosto del repetido año 1600.
Todas las tallas que se procesionan son de Francisco Salzillo salvo el titular de la institución.
Son las calles estrechas y las plazas de la ciudad el lugar idóneo para disfrutar del paso de las tallas del genial imaginero. Por ejemplo, junto al imafronte de la Catedral, por las estrecheces de la calle Trapería o en la plaza de Las Flores. La entrada de los pasos en Jesús también es muy emotiva.
Estos son los tronos que saca a las calles tan noble Archicofradía: el primer paso, la Santa Cena fue realizado por Salzillo en el año 1763. El grupo escultórico esta compuesto por Jesús y los Apóstoles, trece imágenes talladas en madera policromada y de tamaño seminatural. Cada una de las ellas muestra una expresión y actitud que manifiesta su carácter. Así, el rostro de admiración de San Andrés mirando a Cristo, la emoción de San Judas Tadeo, la reflexión de San Felipe o el asombro de San Simón se suman al desprecio irónico de Judas Iscariote.
Los comensales surgen por las esquinas frente a una espléndida mesa, foco de atención de muchos fieles, ricamente adornada con vajilla de plata, fino mantel y excelentes manjares. El trono pesa 1.362 Kilos y es portado a la usanza tradicional murciana por 28 nazarenos estantes. Una obra cumbre universal que en su época costo 27.749 reales de vellón, equivalentes hoy a 41 euros. Desfila en segundo lugar la Oración en el Huerto (1754), otra de las obras maestras del imaginero. Una leyenda muy extendida en la ciudad asegura que el ángel que consuela a Jesús fue esculpido por inspiración divina. Este año cumple el grupo sus primeros 250° años de existencia.
A continuación desfila El Prendimiento (1763), en el que destaca la expresión de Jesús recibiendo el beso de Judas. Y, casi por encima de todos los pasos que componen este desfile, la mano alzada de San Pedro, aferrada su ira a la espada, y que supone el más perfecto estudio anatómico. Tendones y venas, huesos, nervios se levantan frente al criado que está muerto de miedo.
«¡DEJÁDLO, QUE ANDA SÓLO!»
La última obra realizada por Francisco Salzillo para la cofradía, el paso de Los Azotes (1778), figura en cuarto lugar, seguido por la Santa Mujer Verónica (1755). Esta última imagen fue realizada para sustituir otra que la cofradía vendió en Fuente Álamo. A continuación, delante del titular, va el paso de La Caída (1752). El grupo está compuesto por Jesús, Simón de Cirene, dos sayones y un romano. Todas son tallas de madera policromada y estofada, la imagen del Cristo es de vestir.
Contiene el paso uno de los anacronismos geniales de Salzillo: el soldado viste una armadura de finales del siglo XVI. Nuestro Padre Jesús Nazareno es la única talla del cortejo que no salió del taller de Salzillo. Es obra de Juan de Aguilera (1601). Cuando San Juan (1756) asoma por el dintel de la puerta de Jesús el asombro se dispara entre la multitud congregada. le ocurrió al escultor Benlliure, quien al contemplarlo en procesión comentó «dejadlo, que anda solo».
Cerrará el magno cortejo La Dolorosa (1755), con sus graciosos angelicos al pie, lágrimas sobre su rostro desencajado, al borde de la muerte, alzado al cielo, una de las estampas más reproducidas en los cuadros que adornan los dormitorios de mil generaciones de murcianos, fieles.