La Cofradía del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Luz en su Soledad nació el 5 de mayo de 1982 como manifestación de la inquietud de un grupo de jóvenes nazarenos por dotar a la jornada del Sábado Santo, hasta entonces vacía de contenidos pasionarios en Murcia, de la importancia y trascendencia religiosa que merece como integrante del denominado Triduo Sacro.
Austero y sobrio cortejo, que viste de blanco en señal de luto hebreo, donde no se entregan caramelos y se celebra una estación de penitencia a las puertas de la Catedral.
El Viernes Santo, víspera de la procesión, se celebra a las ocho de la tarde, en el silencio y recogimiento de San Juan de Dios, la proclamación de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz y se escenifica, con sobrecogedora sencillez, el entierro de Cristo Yacente, que queda expuesto sobre un túmulo para ser velado por sus cofrades hasta la medianoche.
El Santísimo Cristo Yacente ess una talla de casi dos metros que fue realizada en el año 1570 por el escultor Diego de Ayala. Recibió culto en una de las capillas de la Iglesia del Rosario hasta el 2 de noviembre de 1998, cuando se trasladó hasta la Iglesia de San Juan de Dios.
El Cristo Yacente es, tras el de la Cofradía del Cristo de la Salud, la imagen más antigua de cuantas salen en procesión en la Semana Santa de Murcia.
Uno de los pasos que reluce espléndido en el cortejo es el de Nuestra Señora de la Luz en su Soledad: Obra de autor anónimo, atribuida al círculo de Pedro de Mena, exponente del barroco andaluz. Siglo XVII.
Estas tallas figuraban en una procesión del Santo Entierro que salía desde San Juan de Dios, antigua Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y Buen Suceso, a lo largo del siglo XVII.
La procesión es de penitencia, luto y silencio. Los cofrades visten túnica blanca, y cubren su rostro con la tela o careta del capuz, en el mismo tono. Llevan sandalias frailunas o pies descalzos y en las manos guantes negros, al igual que el cordón que a modo de cíngulo llevan atado a la cintura.
Los estantes también llevan el rostro cubierto, y túnica larga, portando el bastón llamado estante entre sus manos. El color de las túnicas es blanco, porque el blanco es el color del luto judío.
Abre la comitiva del Yacente el hermano muñidor, es decir un nazareno que tañe una campana para anunciar el paso del cortejo y abrirle el corazón de la ciudad. Detrás va la Cruz Guía, que este año ha sido enriquecida con unos artísticos remates.