Ángel Galiano Meseguer es apoderado
de la banca, y desde hace seis años presidente de la
cofradía del Amparo. Además fue co-fundador
de la misma, ocupando la vicepresidencia, hasta que ganó
las elecciones a la presidencia.
- ¿A que edad comenzó a sentir la Semana
Santa de Murcia, como algo propio?
- Se puede decir que desde antes de nacer. Soy la quinta
generación de mi familia que cargamos el paso de
Nuestro Padre Jesús Nazareno en la mañana
del Viernes Santo. Da la coincidencia que todos nos hemos
llamado Angel Galiano, y mi hijo, que será el sexto
en llevar la imagen, también lleva el mismo nombre.
- ¿A qué edad se vistió de nazareno
por primera vez?
- A los cinco años. Desde entonces no he dejado
de salir en las procesiones, salvo en caso de lluvia y en
el año 2002, que estaba convaleciente de un amago
de infarto. Precisamente en esa ocasión el médico
que me atendió como sabía lo que era la procesión
del Amparo para mí, estuvo todo el tiempo a mi lado,
por si volvía a necesitarlo. Vimos salir el cortejo
y recogerse.
- ¿En su familia son todos nazarenos?
- Sí. Todos los años cuando la Semana Santa
se acerca, mi mujer coloca en el comedor de mi casa, las
trece túnicas que vamos a vestir los distintos miembros
de la familia a lo largo de la Semana Santa. Tenemos cuatro
azules del Amparo y cuatro moradas de Nuestro Padre Jesús,
pues salimos tanto mi esposa como mis dos hijos. Además
salimos el Lunes, Martes y Miércoles Santo. También
tengo en casa una imagen del Niño Jesús, vestido
de cabo de andas del Amparo.
- ¿La Semana Santa es entonces un acontecimiento
familiar?
- Totalmente. Cuando terminan las procesiones, todavía
tardamos unas semanas en guardar las túnicas, pues
nos da pena. Mi hijo dice que no se quitaría la túnica
nazarena en todo el año. Mi casa es casi un museo
con túnicas y símbolos de todos los colores.
- ¿Por qué han tenido que restaurar la imagen
del titular?
- El Cristo del Amparo presentaba una grieta en la zona
lumbar y dorsal, seguramente a consecuencia de algún
golpe recibido durante las obras de restauración
del templo. También tenía una grieta en el
brazo izquierdo. Además se le ha limpiado y retocado
las manos y los pies, que estaban algo deteriorados.