Se puede afirmar, sin faltar al rigor, que
la procesión de los «moraos», es poesía
en movimiento por las calles de Murcia, en la mañana
de Viernes Santo.
Nadie escapa al emocionante embrujo que supone ver tantas
obras maestras revestidas de luz, adornadas con las mejores
flores de la primavera murciana, y mecidas por la savia
nazarena de los estantes que portan los tronos.
La procesión de la cofradía de Nuestro Padre
Jesús Nazareno, consta de 10 hermandades y nueve
tronos. La primera hermandad, la de las promesas, sale en
cabeza y no tiene trono. Es una hermandad constituida para
que las personas que tienen que cumplir la promesa de desfilar
en la procesión puedan hacerlo.
Desde la calle lateral de la iglesia de Jesús, donde
actualmente está la entrada principal al Museo de
Salzillo, van saliendo los penitentes con sus cruces al
hombro. Únicamente los de la hermandad de la Virgen
llevan cirio en vez de cruz.
El primero es la Santa Cena. Curiosamente la cofradía
de Jesús encargó un paso similar a Nicolás
Salzillo. Como no terminaba de gustar, fue sustituido con
el paso del tiempo, por el actual, obra de su hijo, Francisco.
La segunda hermandad procesiona el paso de la Oración
del Huerto, conjunto escultórico que muchos expertos
han calificado como la obra cumbre de Salzillo.
Destaca el conjunto formado por un ángel de singular
belleza, que conforta a un Cristo de dulce y desfallecida
mirada. La disposición de los apóstoles al
pie de la palmera, denota también la singular maestría
de su autor.
El tercer paso es el del Prendimiento, popularmente llamado
el Beso de Judas. Maravillosas las expresiones de Cristo,
entre sorprendido y receloso, y la de Judas que deposita
el beso sobre su mejilla, mientras un soldado, vestido anacrónicamente
con una armadura del siglo XVI intenta coger a Jesús
por el ceñidor.
Delante de las figuras principales, están Pedro
y Marco. El apóstol tiene su pie sobre el pecho de
Marco mientras blande su espada, desenfundada para defender
al Maestro.
La cuarta hermandad saca el paso de Los Azotes. Muestra
a Jesús atado junto a una columna, sufriendo el castigo
de dos sayones, mientras otro en el suelo se mofa y le saca
la lengua. Se dice que uno de los sayones del paso era un
carbonero de Pliego. Otros apuntan que es El Anchoa, vendedor
del mercado.
El paso de la Mujer Verónica muestra una bella mujer
del pueblo, de perfecta policromía y estofa. El paño
que lleva entre sus manos, con el rostro de Jesús
estampado, fue pintado por Valdivieso en un principio.
El paso de la Caída está compuesto por cinco
tallas. En el centro Jesús caído bajo el peso
de la Cruz, se apoya sobre su pierna izquierda, mientras
levanta el brazo derecho.
La imagen del titular, Nuestro Padre Jesús Nazareno,
desfila en séptimo lugar. Es la única imagen
que no debe su autoría a Salzillo. Está datada
en el 1600 y se le atribuye a Aguilera, aunque otros expertos
han dicho que era de Rigusteza, y también se ha dicho
que su origen es anónimo. Sea quien sea su autor,
la imagen del Nazareno no desmerece en calidad a la de las
restantes imágenes de la comitiva.
Coronado de espinas, la imagen se vence suavemente por
el peso de una cruz, que procede del Yucatan y está
hecha con conchas de tortuga. Lleva incrustados los símbolos
de la pasión en nácar.
Luce preciosa túnica morada de terciopelo, ricamente
bordada en oro por el afamado artesano Rosen.
La imagen de San Juan, bien plantado, en actitud de caminar,
levantando su túnica con la mano derecha, dejando
al desnudo su pie y pierna, está considerada como
una obra maestra del insigne escultor murciano por su perfecta
talla, bella policromía y sensación de movimiento
que imprime la imagen con su pie adelantado, en actitud
de caminar.
Cierra la procesión la imagen de la Dolorosa. La
finura del rostro de la Virgen, su expresión de angustia,
las lágrimas que parecen rodar por sus mejillas,
la hacen inolvidable para quien la contempla.
Se complementa el paso con cuatro «angelicos»
de bella y perfecta talla con rostro compungido. La Virgen
luce también precioso traje y manto ricamente bordado,
que completan su majestuoso aspecto.