Azul Viernes de Dolores
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ANTONIO GONZÁLEZ BARNÉS, Teniente Alcalde de Cultura
Azul Viernes de Dolores
Las veletas de la iglesia de San Nicolás quieren arañar el azul cielo de Murcia para que se transforme en sudario del Santísimo Cristo del Amparo. Es Viernes de Dolores y la Semana Santa de Murcia se mira en el infinito, y este como si fuera un espejo, le devuelve sus tonos para que desfile con ellos la Venerable cofradía del Santísimo Cristo del Amparo y María Santísima de los Dolores. La pasión, según la entiende esta ciudad, ha comenzado.

Jesús se convierte ante el dolor de su madre en amparo de los murcianos. Cristo, desde el madero, abre sus brazos buscándonos en el callejero y sale a nuestro encuentro para redimirnos.

En su peregrinar lo vemos como es flagelado; ante Pilatos: convertido en Gran Poder camino del Calvario; encontrándose con las Santas Mujeres; acompañado de Juan y de su madre dolorosa.

!Qué amparo el tuyo, Señor!

Cómo tu angustia serena...

se cincela con la pena

de tu Pasión y tu Muerte,

mientras,.en la cruz, inerte

de gracia el alma nos llenas.

La procesión está en la calle. Una saeta se convierte en oración cantada. Los redobles de tambor y el sonido de los carros de bocinas ponen sonido murciano al desfile. Flores de nuestros huertos adornan los barrocos tronos en los que la imaginaria de nuestros artistas muestran con todo el realismo los momentos de la pasión.

Las hileras de nazarenos de hermosas túnicas azules acompañan a los titulares de las hermandades. Ya el cielo ha cambiado su tono, y tras prestar su color de las siete de la tarde, el negro salpicado de destellos de estrellas y luceros abraza el cortejo.

Entra en la barroca Plaza de Belluga el Cristo del Amparo y parece como si toda la iconografía de la fachada de nuestra Catedral suspirara a su paso.

Cuando la Santísima Virgen de los Dolores lo espera en la puerta de su templo, su mirada está en ese infinito de la primavera murciana, mirando las mismas veletas que antes del desfile querían arañar el cielo para hacer un sudario a su amado hijo.



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