Los tronos son algunas de las imágenes más bellas
de la Comunidad Autónoma.
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Las Procesiones de Cieza nacen en el siglo
X. Cargadas de riqueza y valor religioso se constituyen como
unas celebraciones antiquísimas que han logrado crear
algunas de las más bellas estampas de cuantas se pueden
ver en estas fechas de la Pasión de Cristo. Pero además
de su tradición, estas procesiones destacan por su
pluralismo y riqueza de matices, que Rafael Salmerón,
presidente de la junta de Hermandades, define como «punto
de referencia para aquellos que disfrutan de la religiosidad
y el arte de la Semana Santa. El que quiera conocer nuestra
Semana Santa no puede venir sólo un día sino
que necesita estar en Cieza toda la semana». Dieciocho
Cofradías inician las celebraciones el Domingo de Pasión,
que es el momento en el que el pregón da la bienvenida
a la Semana Grande. Desde este momento salen a la calle característicos
personajes, pasos e imágenes, como son: 'la caracola'
que con su paso realizan los 'Armaos', los populares 'Traslados'
en los que participa todo el pueblo, los Desfiles infantiles,
y el vaivén inconfundible de los Anderos que con sus
hombros hacen bailar a cada uno de los tronos.
Pero es el Domingo de Ramos el que da el pistoletazo de
salida a las que son las representaciones más vistosas
de cuantas se dan en la zona. Una mañana abarrotada
de palmas recibirá a Jesús en su entrada a
la Jerusalén ciezana; siendo la tarde el momento
en que se traslada a la Ermita a su Señor y Protector,
el Cristo del Consuelo.
También es el pueblo penitente el que sale a la
calle el Lunes Santo para acompañar al Cristo de
la Sangre en su Vía Crucis procesional; la noche
del martes sale a la Plaza Mayor el Auto del Prendimiento
y la Procesión del mismo nombre; y la del Miércoles
traza un recorrido por las escenas claves de la Pasión.
El Jueves Santo invita al recogimiento y a la reflexión,
comenzando a las 24.00 horas la sobrecogedora Procesión
del Silencio. El Viernes Santo por la mañana saldrá
la Procesión del Penitente y, por la noche, con todo
lujo y esplendor, se producirá el desfile del Santo
Entierro. Sin embargo, la atención se centra en la
madrugada, que acoge a la más austera y medieval
de todas las procesiones: la del Descenso de Cristo a los
infiernos.
Todo el apabullamiento del viernes se libera en la mañana
del Domingo de Resurrección, cuando llega el momento
en que el colorido y la celebración se convierten
en la esencia de la fiesta religiosa y se produce el 'Baile
de los Santos' y 'La Cortesía'.