Huesos de santo
Los
mazapanes, junto al turrón, están vinculados
en nuestra cultura a las fiestas navideñas. Sin embargo,
no sólo se consumen en esa época. Esta golosa
mezcla de almendra molida y azúcar es una pasta muy
moldeable antes de ser cocida, con unas propiedades parecidas
a las de la plastilina. La tentación de hacer figuritas
con ella es frecuente y en todos los países, no sólo
en el nuestro, los artesanos han creado formas de lo más
variado.
A algún anónimo inventor se
le ocurrió moldear huesos de mazapán con
el fin de hacer la competencia a los buñuelos en
el día de difuntos, extendiendo así el
consumo de este producto durante el ciclo de celebraciones
que anticipa el cambio a la estación invernal.
Hay pocos inventos de cocina cuyo origen e historia estén
sujetos a una controversia más intensa que la del
mazapán. Para unos, se trata de un pan de marzo y,
según otros, es pan de maza, en alusión al
paciente trabajo de molienda que requiere su elaboración.
En cualquier caso, la etimología más probable
viene del árabe manthaban.
Manthaban se podría traducir por rey sentado.
Según parece, los primitivos mazapanes de la Hispania
musulmana solían llevar grabada la figura de un califa
sedente. Descartando teorías chovinistas que pretenden
atribuir su origen a ciudades determinadas, como Toledo
o Venecia, no cabe duda de que este alimento es un producto
mediterráneo, y bastante más antiguo de lo
que algunos suponen.
De farmacia
En Las mil y unas noches hay alusiones a un manjar exquisito
que algunos interpretan como mazapán. Incluso, se
quiere otorgar la patente de invención a griegos
y romanos. Todas estas teorías, sin embargo, deberían
tener en cuenta que el ingrediente principal, además
de la almendra, es el azúcar y éste, hasta
la explosión de los cultivos de caña americanos,
era caro y poco común.
Lo que sí está documentado es que el mazapán
fue, hasta los siglos XIV o XV, un producto de farmacia
que servía para recubrir ciertas píldoras
de sabor amargo y disfrutaba de un gran prestigio terapéutico.
Paralelamente, durante este tiempo fue también una
golosina exquisita, pero exclusiva para los más pudientes.
Sea cual sea su origen, algunas de las órdenes religiosas
femeninas son las depositarias de este legado y siguen haciendo
mazapanes deliciosos en sus conventos.