El chipirón, la magia negra
Hay
más de 50.000 variedades de moluscos, divididos
en siete clases. Una de ellas son los cefalópodos,
que poseen 600 especies, entre las que destacan el pulpo,
el nautilus, la sepia y, sobre todo, por su importancia
comercial y su valor gastronómico, el calamar.
Casi a lo largo de todo el año se
pescan chipirones que son la forma juvenil del calamar,
moluscos que han envuelto de gloria a nuestra gastronomía,
junto a otros excelsos platos como las kokotxas, el marmitako
o el txangurro. Pero es ahora, en el verano, cuando el
chipirón está en su mejor momento para degustarlo.
Existen también en nuestras aguas
otras especies de mayor tamaño. Algunos ejemplares
pueden rebasar el metro de longitud, a los que nuestros
arrantzales llaman begiaundi, debido a la gran dimensión
de sus ojos, y que, preparados a la parrilla con vinagreta
caliente, sobre lecho de cebolla y pimiento y con salsa
negra, es una de las exquisiteces que ofrece Arzak.
Los griegos dedicaron el calamar a la diosa
Isis, mensajera de Zeus. Aunque esta deidad no era de
primera magnitud, el hecho de esa ofrenda revela que gozó
de gran prestigio en la cocina griega. Científicamente
se le llama Loligo vulgaris, pero el nombre con el que
se le conoce es un derivado de la palabra latina calmarius,
que significa tintero, denominación muy apropiada
por la tinta negra y espesa que contiene su cuerpo.
Utiliza esa bolsa de líquido para
oscurecer el agua y, así, despistar a sus perseguidores.
Además, en crudo, la tinta negra es tóxica,
ya que posee un veneno parecido al de la víbora.
Sin embargo, esa toxina desaparece al calentarla durante
su preparación. El chipirón posee unas aletas
triangulares que le permiten nadar como los peces. Tiene
un valor nutritivo menor que el pescado en general (se
asemeja bastante al de los peces blancos planos). Aún
así, el calamar proporciona al organismo una buena
cantidad de proteínas y sales minerales. Como contiene
poca grasa, aporta pocas calorías. Sin embargo,
hay que advertir que las pocas calorías del chipirón
pueden aumentar notablemente por los ingredientes que
se utilizan en su preparación.
Elegidos del tamaño de un dedo y
escrupulosamente limpios, admiten muchas formas de elaboración,
ya sean rellenos, a la parrilla, salteados, acompañados
de arroz, fritos Pero la fórmula más popular
es la de chipirones en su tinta, receta con la que los
cocineros vascos han conseguido toda una obra de arte.
El color negro con que aparecen en el plato aunque
tanbién hay quienes los envuelven en salsa rosa,
es poco corriente en la cocina y extraña al que
no los conoce, pero son muy pocos los que se resisten
a su singular sabor.