Los supermercados ofrecen ya 200 alimentos
funcionales
Expertos en nutrición comunitaria
atribuyen a la falta de tiempo para cocinar el auge de esta
nueva industria
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Paquetes de cereales enriquecidos
en una estantería de un supermercado / LV
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Los supermercados españoles ofrecen ya
unos 200 tipos de alimentos funcionales, que son aquellos
que contienen nutrientes que ayudan a compensar los desequilibrios
alimentarios. La mayoría de ellos pertenecen al grupo
de los lácteos, aunque también existen zumos
con aportes extras de vitaminas, minerales, fibra o de cereales
con fibras.
Los primeros alimentos funcionales comenzaron
a distribuirse en la década de los años cincuenta
en programas internacionales que buscaban luchar contra la
desnutrición en África y Sudamérica,
principalmente. Comenzaron entonces a fabricarse harinas que
llevaban incorporado un extra de harina de pescado para aumentar
el aporte de proteínas; y leche yodada para combatir
el hipotiroidismo en zonas endémicas.
Medio siglo después, los alimentos funcionales
han comenzado a convertirse en una industria floreciente.
Japón los consume desde los años 70 y su auge
ha sido tal que el país nipón ha sido hasta
la fecha el primero y único que ha regulado su fabricación,
distribución y venta. En Canadá y Estados Unidos,
llegan ya al 40% de la población. Europa se ha metido
de lleno en este mercado en los últimos años.
La falta de conocimiento de la población
sobre todo este mundo de nuevos alimentos ha llevado a la
Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC)
a editar la primera Guía de Alimentos Funcionales de
España, que en el País Vasco distribuirá
la asociación Uribe-Kosta de Usuarios y Consumidores
URKOA. El responsable de la publicación ha sido el
especialista vasco Javier Aranceta, que es secretario general
de la SENC.
Pérdida de hábitos
Aranceta insistió en que la mejor manera
de prevenir ciertas enfermedades, especialmente las cardiovasculares,
pasa por mantener una dieta saludable combinada con la práctica
de ejercicio. Sin embargo, explicó, los nuevos estilos
de vida, con los que cada vez resulta más difícil
cuidar la dieta, han provocado que se abandonen determinados
hábitos nutricionales.
La falta de tiempo para cocinar, el ritmo de
vida actual y la enorme oferta de alimentos lleva a muchas
personas a descuidar su dieta. Los productos funcionales,
dirigidos a personas con estados carenciales, deben consumirse
en las mismas cantidades que el resto de alimentos, «pero
siempre dentro de una dieta sana y equilibrada». «Creo
que la oferta que hay en el mercado es segura y, por tanto,
debemos pensar que estamos en el buen camino», añadió
el especialista.
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