OSTRAS: Un bocado prehistórico
Según
atestiguan los antropólogos, basándose en
los ingentes montones de conchas encontrados en las cuevas
y abrigos habitados por el hombre de las cavernas, nuestros
antepasados prehistóricos eran mucho más aficionados
a las ostras, que a la carne de mamut. Desde entonces se
han comido ostras con delicia en todos los países
del mundo a lo largo de la historia.
Sin entrar en profundidades científicas, impropias
de esta sección, hay dos clases de ostras: las planas
y las cóncavas, también llamadas portuguesas
o zocos por su forma semejante a la de un zapato. A estas
últimas, nuestros vecinos del norte las conocen como
huitres creuse, que podríamos traducir por ostras
huecas.
Con ostras planas votaban los griegos en su primitiva democracia
y los epicúreos romanos montaban sus rebuscados banquetes.
Consta que en la Edad Media, se transportaban protegidas
con nieve, desde las rías gallegas a la corte de
León. Más tarde, ya en la Edad Moderna llegaron
hasta Madrid escabechadas.
Lo mismo que pasó con el cangrejo, las vides y la
patata, una importación poco controlada, estuvo a
punto de dejarnos sin ostras a finales del siglo pasado.
La culpable, en este caso, fue una ostra gigante venida
del Japón, que ocultaba un asesino mortal para las
especies europeas. El enemigo era un pequeño caracol
de mar, llamado eurosalpinx cineresa, que taladraba las
conchas y devoraba la carne del suculento molusco.
Concha fuerte
Las especies atlánticas tenían una concha
más delgada que las orientales y estaban totalmente
indefensas ante el depredador foráneo. Las portuguesas
con concha más gruesa resistieron mejor a la peste,
por eso resulta difícil encontrar las ostras planas
antiguas como los belones o las de Arcade. Desde hace años
se están introduciendo variedades más resistentes
y poco a poco se está recuperando la producción,
con permiso del chapapote.
A diferencia del resto de Europa, donde se consumen ostras
todos los meses del año, incluso en verano cuando
están preñadas y lechosas, en España
están tradicionalmente ligadas a los banquetes con
que se celebra el cambio de año. El carácter
báquico y pagano de estas celebraciones y el supuesto
poder afrodisiaco del molusco tienen algo que ver con esta
asociación.
LA RECETA
Ostras gratinadas
Se abren dos docenas de ostras planas dejando la carne
unida a la valva inferior y la mayor parte del jugo. Se
colocan en una fuente de horno y se pone sobre cada una
de ellas una porción de mantequilla trabajada con
una pizca de ajo, jugo de limón y perejil. Se espolvorean
con miga de pan rallado y cribado y un poco de gruyere también
rallado. Se hornean a 165.grados unos minutos hasta que
se doren ligeramente.