Cosas de golf

El hombre que todo lo ve

La responsabilidad del campo se condensa en las manos del superintendente. El encargado de la gestión agronómica y del personal, piezas clave de su trabajo

11/04/08

M.J.P. / MURCIA

A pie de avería
A PIE DE AVERÍA. Rubén recibe las explicaciones sobre la fuga que se ha detectado./M.J.P.

El campo acaba de abrir los ojos. Son las cinco de la mañana y comienza para Rubén su jornada. Está en la oficina a las seis y media «entro a las siete, pero me gusta llegar con tiempo. Me tomo un café tranquilo para pensar en lo que tenemos que hacer». Aunque en realidad las tareas ya quedan fijadas el día anterior, ha estado al tanto de los pequeños o grandes incidentes de la noche a través de alarmas de información que saltan en su móvil -al que vive pegado- y la jornada traerá -seguro- todo tipo de nuevas situaciones y problemas menores.

Hijo de la Vega Baja, Rubén Cañizares, a sus 36 años es uno de los más veteranos en Polaris World donde lleva ejerciendo de superintendente y de asistente durante tres largos años. Sus funciones, que abarcan sobre el papel dos folios, él las define de manera más sencilla: «Mi responsabilidad se centra en la gestión agronómica y del personal del campo». Para este trabajo no existe un perfil base. «En mi caso soy ingeniero agrónomo pero hay agricultores, responsables de la finca con anterioridad a la creación del campo, que cubren este cometido». En el mundo anglosajón es diferente; tienen más tradición y cuentan con una FP orientada al mundo del mantenimiento de áreas verdes.

La gestión

Por las manos del superintendente pasa la gestión agronómica que aglutina todo tipo de decisiones sobre abonados, tratamientos, podas, pinchados, cepillado de greens... -lo que se denomina labores culturales del campo-, tiene en cuenta el riego -los controles de salinidad...- y por supuesto, la gestión del personal. Ésta última, no sólo desde la supervisión sino también desde la formación. «Yo defino la filosofía de trabajo que después se traslada a través de los responsables más directos al personal; Cuento con un asistente pero también con un mecánico y un técnico de riego». Tres puestos claves.

En Mar Menor Resort donde Rubén ejerce su trabajo se conocen todos -es una estructura pequeña- «por lo que estoy en permanente contacto con el césped, el campo y los trabajadores aunque mi labor también se extiende a tareas de oficina. Desde consultas meteorológicas, toma de datos, planificación, correo electrónico -lo primero que reviso al llegar- información sobre nuevos fungicidas en el mercado, trato con proveedores... y mucho, mucho, papeleo».

Aún así Rubén sale todos los días -a poder ser andado- a recorrer los nueve hoyos. Los revisa, toma nota, vé como se hacen las labores, cómo está la hierba. «Todos los días hay que estar en el campo, ver como evoluciona, como cambia. Por ejemplo, el color de la hierba es fundamental para conocer sus estado y saber como le está afectado cualquier tratamiento, cualquier decisión que hemos tomado». En este trabajo no hay como haber sido cocinero antes que fraile. Rubén comenzó con 25 años en el campo de Bonalba como jardinero. A partir de ahí compaginó estudios con el mundo del fitosanitario, que abandonó para entrar a trabajar en Mosa Trajectum donde aprendió a hacer de todo: segar, tratar, rastrillar, etc. toda una escuela que le ha servido para avanzar hasta llegar a superintendente.

El riego

Rubén nos devuelve con su discurso fluido y directo a su responsabilidad. «La finalidad que persigo con mi trabajo es que cada día el campo esté en las mejores condiciones para el jugador. Para conseguirlo debo gestionar -vuelve aparecer la palabra- los recursos de la empresa». Parte importante de los mismos es el agua. «El riego es clave en nuestro trabajo. Quién tenga claro la idea de cómo regar y... ¿tenga agua! -se ríe- aunque sea de mala calidad, lo tiene casi todo. Su manejo es fundamental». Continúa: «Pero no sólo hablamos de cantidad sino de niveles de salinidad, calidad del agua, control sobre la uniformidad y eficiencia del riego y, por supuesto, también de la elección de especies». Si a primera hora se revisan las incidencias del día anterior y las labores pendientes, se distribuyen tareas, se revisa el campo y se termina el papeleo, «normalmente es a mediodía cuando decidimos el riego. Revisamos los datos meteorológicos a través de la página http://siam.imida.es/, verificamos la humedad y... programamos -se riega de noche-».

«Ya ves, no te aburres. Enfermedades, plagas, roturas, problemas con un trabajador, proveedores, drenajes, maquinaria, cortes...». Rubén intenta hacer memoria de todo lo que puede pasar en un sólo día. Pero está contento. «No todo el mundo estudia una carrera y la puede ejercer. Yo tengo esa posibilidad. Además, trabajo a diario con algo vivo que cambia de un día para otro. Tu te vas y al día siguiente puedes encontrarte un ataque de pitium (un hongo) y se te ha ido medio green. Pero para todo hay solución. Me encanta este trabajo; me encanta la tierra, con césped o sin césped». Rubén tiene un pequeño cultivode cítricos: limones y madarinas a los que dedica el tiempo libre del que dispone. Prosigue: «...Y el campo del Mar Menor es como si fuera un hijo. Se dónde acumula exceso de humedad, dónde aparecen las primeras plagas, dónde hay problemas con el hielo. Problemas para los que también hay solución» -sonríe-. Para aquellos que opinen que a pesar de las responsabilidades tiene un buen trabajo... están en lo cierto. «Las condiciones laborales son buenas, el horario no es malo, el ambiente es bonito y me gusta la agricultura-para él el césped es un cultivo más-». Se acercan las tres de la tarde. Todo queda en manos del asistente pero él seguirá conectado a través del móvil a cualquier incidencia que surga y merezca su atención. Y sino, tranquilos, mañana -seguro-, surgirán otros.

 
 
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