Internacional

Europa arriesgó y le salió bien

El triunfo sobre Estados Unidos se logró gracias a que el capitán Torrance consiguió aunar un equipo sólido

01/10/02

La victoria del equipo europeo en la Copa Ryder ha copado las portadas de la mayor parte de los rotativos británicos, que halagan la estrategia del capitán Sam Torrance, «arriesgada pero brillante», y ponen en tela de juicio la decisión del capitán americano, Curtis Strange, de colocar a sus dos hombres fuertes al final de los emparejamientos individuales.

«Si la Ryder, como ha pasado en otras ocasiones, se decidiera en los últimos partidos, a uno le gustaría tener al número 1 del mundo ahí». Pero la estrategia de Strange dejó al equipo sin el punto psicológico que sin duda hubiera conseguido el Tigre de salir el primero.

La prensa se centra en la labor de Torrance, que ha sabido aunar a un equipo un año después, halagan la política del capitán escocés de consultar a todos, pedirles opiniones y crear un ambiente agradable y relajado, y la valentía de poner toda la carne en el asador desde el principio. Pero no cabe duda que el héroe de la jornada fue el irlandés Paul McGinley. «Cuando se lanzó al agua pensamos que iba a caminar sobre ella», bromeó Lee Westwood, haciendo referencia al milagro que supuso la remontada del escocés y el putt de 5 metros que embocó en el hoyo 18 para dar el medio punto decisivo para la victoria.

Sergio, pletórico

Sergio García estaba pletórico, saltando, animando, abrazándose a todo el mundo. «Es mi primer victoria en una Ryder, y en unas circunstancias difíciles, ya que nadie apostaba por nosotros. Pero esta semana hemos sido un verdadero equipo, hemos pensado como tal y nos hemos apoyado mucho entre nosotros. Le doy las gracias a Torrance por haberme emparejado con Lee Westwood. Los dos nos hemos sentido muy cómodos. Siento haberle sido infiel a Parnevik -bromeó-, pero con Jesper aún sigo teniendo el récord de no haber perdido ni un partido», dijo Sergio.

La llamada de Ballesteros

En el green se vivió una auténtica locura tras el putt de oro de McGinley. El Tigre también sufrió de esa locura contagiosa a causa de una llama telefónica de una de las personas más añoradas de ésta, y otras, Copa Ryder: Seve Ballesteros. El gran ausente, emocionado, daba la enhorabuena a Torrance y a todo el equipo. Sam soltó el tapón de la botella de champán mientras hablaba emocionado con el maestro de Pedreña y sin darse cuenta el tapón saltó y sobresaltó a Tiger, que tuvo que volver a colocarse al putt, que se pasó del hoyo, y falló el de vuelta para el empate. Pese a este sobresalto no hay nada que reprochar a la actitud de los jugadores y del público, que fue correcta en todo momento.

La Ryder Cup a partir de ahora pasará a jugarse en años pares y en 2004 le toca el turno a Estados Unidos. Veremos a ver si de esta Ryder de la amistad los americanos han aprendido algo de fair-play.

 
 
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