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Murcia
Con los ojos de un 'greenkeeper'
El campo Oeste es un campo pequeño, corto y recogido, en un ambiente natural muy intenso, donde hay unas dificultades para el jugador y también para el mantenimiento de la hierba
22/02/08
M.J.P. / MURCIA
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LA MANGA CLUB. Tonalidades de verde /M.J.P.
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«Ata, María -silencio- ata, María». El leñador se giró una vez más hacia su mujer con una última carga de leña: «Ata, María». Ella, presta, como lo había estado haciendo toda la mañana, la amarró con un trozo de cuerda. Dicen los lugareños que ésta escueta pero repetitiva frase, fue el germen de lo que se conoce como el paraje de Atamaría. Hoy, un hermoso valle donde se enclava La Manga Club y el inicial nombre que tomaron los primeros nueve hoyos del Campo Oeste en 1986: Atamaría.
«Si... aunque poco después pasaron a llamarse 'La Princesa'». José Luis intenta hacer memoria de lo que le han contado. «Si. Y en el 91 se construyeron los otros nueve que fueron bautizados con el nombre de un arbusto conífero de la zona, 'Las Sabinas'». La suma de ambos recorridos los unió bajo el nombre de 'Princesa 1' y 'Princesa 2'. Y cinco años después, en el 96, se apostó por el definitivo: el Campo Oeste. José Luis Calle se ha desprendido de su mono de trabajo -un par de pantalones y chaquetas además de un gorro y unos guantes de abrigo-, se asea y nos invita a subir al buggie. Desde hace once años es greenkeeper en La Manga Club. Joven, de gesto afable, que a pesar de sus centímetros -180- se muestra como un hombre de presencia prudente. Parece tímido hasta que empieza a hablar de su trabajo. Arranca y se muestra dispuesto a hacerlo sobre el campo.
Comienza el recorrido
El campo Oeste es un recorrido ubicado en dos zonas. José Luis nos sitúa. «La primera, del 1 al 9 -que hoy es del 1 al 8 mas el 18- era zona agrícola; y los otros nueve están en zona boscosa. El diseño es de Dave Thomas, pero algunos problemas a la hora de adquirir ciertos rincones -se refiere a algunos terrenos colindantes- complicó el trazado original de algunos de los hoyos -se refiere al 4 y 5- aunque también les aportó cierto encanto. Son estrechitos y hay que pensar para jugar». Pero vayamos hoyo a hoyo.
"Jugamos el uno delante del lago para green; Jugamos el dos -un par tres- muy estrecho al final y con unos tees muy grandes...». Le interrumpo: José Luis, ¿qué supone ser greenkeeper? "En primer lugar he de decirte que es un buen trabajo. Pero si quieres una definición concreta, sería la persona que cuida el campo». No se reconoce como jugador -tiene handicap 25- pero el hecho de que le dé a la bola nos ofrece una doble mirada sobre el recorrido.
«El campo Oeste es un campo pequeño, corto y recogido, en un ambiente natural muy intenso, donde hay unas dificultades para el jugador y también para el mantenimiento de la hierba. Es un campo estrecho, fácil de regar -porque necesitas menos agua al haber menos superficie- pero más difícil puesto que si te pasas en un lado, encharcas y creas problemas. No hay espacio para los descuidos o las decisiones incorrectas». Tampoco para las del jugador. Estamos en el hoyo 3, un par 5 muy corto. «¿Lo ves? -me señala el trazado-. Hay que tener cuidado con la rambla, sonríe y continúa: está presente en todos los hoyos; cruza todo el complejo. También con los búnkeres de izquierda y derecha. Un profesional lo resolvería en dos. El resto de los mortales con un hierro 3 o 4 de inicio -delante de rambla-, un 5 a media calle; el 9 o el pich y adentro. En este hoyo -como en muchos- tenemos la dificultad de que si te sales, estamos fuera de límites». Y es que este campo premia sobre todo la precisión.
Justo detrás del hoyo hay una zona que usan de vivero. «Cuando hicimos la reforma tuvimos que mover y reutilizar la tierra. La clave está en aprovechar de donde puedes cogerla para poder crear otras figuras en el campo. Tú no traes tierra de Cartagena para acá, sino que intentas igualar los cortes a los rellenos. En realidad, la construcción de un campo de golf consiste en una obra civil en un medio natural. La cuestión es no dañar y reutilizar, básicamente ¿porque cuesta dinero no ser ecologista!». Pasamos ante un cactus de la zona y se lo señalo: «Ah, si. Le llamamos pulpos. No nos gustan porque la flor se seca y no queda bien».
El buggie sigue el camino mientras José Luis hace historia. "Hasta el hoyo 5 ésta era una zona eminentemente de huerta -señala las cuatro casas tradicionales que quedan-, y la parte de arriba -los segundos nueves- son bosque, con protestas medio ambientales incluidas. En los primeros hoyos del origen no queda nada. Lo que ves, todos los árboles y las chumberas, está puesto». Dedicamos unos minutos a escrutar el paisaje. Continúa: "Aquí había cuatro pinos, esos lindes de cipreses y dentro huertas de labor. Hace unos doce años alrededor de los greens se pusieron los pinos. Tengo entendido que un alemán dio, yo no estaba aquí, entre 1.000 o 2.000 pinitos pequeños. La mitad han sobrevivido». Pone cara de suma. «Hace cinco los olivos. Hace dos las plantas de la mano de Timoteo, un naturalista de Torre Pacheco, que nos seleccionó las más adecuadas, que con tierra de rambla y las pocas lluvias se han mantenido porque no consumen mucho. Y es que no podemos estar permanentemente renovando, eso supondría un presupuesto muy amplio». Y sigue. «Tenemos, albardines, garrofas, acebuches, tamarindos...».
El camino
La renovación, aún así, es permanente en su conjunto. «En los primeros 9 hoyos hace dos años cambiamos el riego, la superficie de las calles y los tees. Fue un cambio importante. De agrostis y festuca -plantas del tipo C3 como el trigo-, se pasó a la bermuda -tipo C4 como el maíz y el arroz-». Le miro con cara de entender a medias. «¿Característica primordial?, que es una hierba más productiva en condiciones limitadas de agua y que funciona mejor con calor, que es lo que tenemos aquí; supera el verano consumiendo menos agua y se repone mejor a los excesos de tráfico (los jugadores)». Cambia su tono de voz: «Antes, la agrostis se nos pudría en el verano y se nos moría el campo. Fíjate en la zona de los árboles -se refiere a los pies de los mismos-. Hay otro verde. Para no matarlos o que sufrieran dejamos la hierba original -la festuca y la agrostis-. De ahí la diferencia de color con la calle. Los greens no se tocaron, es el penncross normal, ni tampoco los taludes y montículos. Conservan la festuca original».
El buggie nos traslada de hoyo y nos devuelve al juego. «Aquí hay que ir uno a uno. Jugar con cuidado y estar atento porque es un campo que diferencia mucho entre un jugador y otro. El malo estaría siempre fuera de límites, cayendo a rambla, perdiendo bola. Y el bueno, depende de como sea su juego, podría estar muy bien situado porque las distancias son cortas y decidir: si 'voy a por él' o juego seguro y marco mi handicap. Por ejemplo, en este hoyo 6 puedes jugar a pasar en dos o jugarle como un par 5». Le pregunto por el 7: «Par tres hacia arriba. Tiene un green que se juega ciego y que cuenta con bastante caídas. Muy gracioso de jugar en el interior. Personalmente me gusta mucho este diseño».
El sol está alto y las lluvias recientes han verdecido más si cabe el pinar. Miramos al monte. No hay amarillos. «En Escocia no hay la intensidad de color que hay aquí». José Luis se embelesa con el entorno. «Es lo primero que hago al salir de mi oficina. Veo salir el sol y miro a mi alrededor». A primera hora, dependiendo del momento de año se siegan greens, tees y calles, «trabajos en los que conviene ir por delante del jugador». Pasado el almuerzo murciano -de 7 a 9,30 - y con un campo con jugadores, los trabajos se alejan. «Nos dedicamos al rough, los búnkeres... ¿la altura del rough? Aquí trabajamos con hierbas bajitas y sencillas. Conviene que el cliente disfrute, se lo pase bien y las partidas estén en unos tiempos adecuados. El campo ya tiene otras dificultades». Comprendo. La consigna es que el campo esté bien cortado y limpio. José Luis asiente y continúa:
«En invierno se hace una poda a la vegetación autóctona. Al palmito se le quita los pisos secos, al arrocero se le poda un poco... hay algún almendro. Intenta esquematizármelo. «Desde el 15 de febrero a 15 de noviembre nuestra temporada es sobre todo hierba y mantenimiento. Del 15 de noviembre a 15 de febrero -tres meses con menos necesidades de riego- el mantenimiento es más ligero en el campo y nos dedicamos a las zonas exteriores, tenemos menos tiempo y hay menos luz solar».
«¿Lo imprescindible? Tener los greens en buenas condiciones, que corra la bola; Que las calles estén bien cortadas y que no haya demasiadas chuletas. El campo tiene que ser justo con el competidor, lo que se llama: true. El campo debes ser true».
Sigue el recorrido. «El hoyo 8 fue un par 4 dificilísimo que con las reformas pasó a un par 5 más sencillo. El 9 -par 5- si lo juegas medianamente bien se resuelve sin dificultad». Llegamos al 10 y subimos hasta el green. «Es un par 4 que tiene su intríngulis porque la rambla esta ahí mismo y, o me quedo delante o paso. A los buenos jugadores les gusta estas situaciones. Hace unos años se le quitaron los búnkeres que le hacían muy estrecho -sonríe con malicia- le hacían un hoyo no true. Penaba el buen tiro pero no uno malo. Hace relativamente poco se volvió a crear otro búnker, esta vez mejor moldeado y que influye en el juego». El green del 11 es amplísimo y que se puede jugar desde el tee si tiras un drive casi a la entrada. Es un green con piano, muy movido, pero no es una locura».
Le preguntó por los golfistas. ¿Qué echas en falta de los jugadores que pisan los campo? «A mi me gustan que los campos lo jueguen los jugadores buenos porque rompen menos que el jugador malo. Porque el bueno cuida el green y piensa que detrás de él tiene que venir otro como él o mejor a jugar. Que levanta y repara su pique perfectamente sin dejar mancha marrón; que rastrilla el búnker para que otro lo encuentre tan true como yo lo encontré. Que avisa, que tiene paciencia y que juega con velocidad porque el grupo de atrás no puede verse afectado... Los campos están para jugarlos y la hierba de los greens para andar por ella, pero hay gente que lleva unas suelas muy agresivas o que arrastra los pies. Son pequeñas cosas pero de sentido común. En realidad -se confiesa- los problemas del green los solemos crear nosotros -se refiere a los cuidadores de campo- con la maquinaria y el agua».
Los hoyos mágicos
Hoyo 13. «A mí me encanta este hoyo. En él es primordial saber apuntar -se ríe- ¿que muchos no lo sabemos! Es un par tres bastante largo y en el que no ves nada del green. Tiene un búnker muy difícil -enfrente y a la derecha del green- y un talud grande a la izquierda». Le hago reflexionar sobre cúales son sus favoritos. «Por dificultad, por estética, por entorno -me incita a mirar alrededor- éste, el 13. Pero tienes además el 11, 12, 14, 15 y 16. Seis hoyos que son mágicos y que se encadenan de manera muy bonita. Eso sí -se reitera-, debes pensar. Este es un campo para pensar. Tirar recto. Procurar no mandar la bola a la rambla o a derecha o a izquierda porque ya la puedes dar por perdida». Mira alrededor. «Me gusta este rincón y los pares 3; hay una recompensa por el buen tiro hecho». Ahora habla el greenkeeper: «En este green la parte de atrás la hacemos casi todos los años nueva. Se muere la hierba». Le pongo cara de interrogación. «Si, en esta situación no hay quien aguante, -me señala los espesos pinos, que están justo encima-; le entra sólo dos horas de sol al día, eso es muy poco».
Par 4, hoyo 14. Me explica: «O voy por encima del pino a por todas y caigo delante del green o me abro a la derecha, juego tranquilo y me aproximo al él con un hierro siete o un pich -duda-... tal vez un sand. Le interrumpo este vez para preguntarle por la fauna. Supongo que los jugadores no son los únicos que patean el campo. «Los jabalíes recorren todo el complejo. Este año han bajado menos porque la estación ha sido más templada. Nos visitan también los zorros, y por supuestos conejos, perdices, torcaces y gran variedad de aves, águilas búhos... Todo autóctono. En este campo ni siquiera se ha plantado nada exótico y si ha habido algo no ha sobrevivido y de hacerlo ¿lo hemos cortado nosotros!». Un momento para otro de los sentidos, el olfato. «¿Lo notas? Este campo huele a pino, a romero y tomillo. Todo aquí es muy mediterráneo».
Volvemos al juego. «Probablemente no uses un driver, tal vez un hierro tres o una madera». Se refiere al hoyo 15, un par 5 muy corto. «Te colocas en la siguiente aproximación. Con una madera serías capaz de llegar al green... pero no te atreves; así que vuelves a jugar un hierro a la derecha de los pinos y después -por debajo- pasas al green. En estos seis hoyos hay una mezcla de dos pares 3, dos pares 4 y dos pares 5 muy interesantes. Hacen disfrutar, tienes buena visión y el ambiente es impresionante».
Nos acercamos al final del recorrido. José Luis sigue dando información. «Ésta también fue zona minera». De ahí los lavaderos que aún sobreviven de la minería y que se pueden contemplar desde el 15 y el 17. «En esta zona se extraía galena, hierro, manganeso, baritina, etc.». Aunque el gran impulso de la zona no fue al minería sino la construcción de las baterias de Las Cenizas. Unos enormes cañones fabricados por una firma británica capaces de disparar proyectiles de media tonelada a una distancia de 40 kilómetros.
«El 16 es un hoyo handicap 7 pero que tiene su dificultad con un green ciego con tres plataformas. Si te vas a la derecha tienes un chipping difícil, si te caes al búnker de la derecha... tienes una mala salida. Por cierto, en el green de este hoyo perdimos el año pasado una palmera datilera. No era muy grande pero si llamativa. Se murió ella sola -gesto de resignación-, lástima». Hay bajas pero también nuevas incorporaciones. «Se ha creado un bosque de camino al 17». Y me repite sonriendo: « Ya te dije que es barato ser ecologista. Primero pusimos los palmitos con el mulching -técnica que consiste en abrigar el suelo con materiales normalmente provenientes de la trituraciones de los recortes de las poda, etc-. Después salieron los pinos que ves, y que ya están por encima de los palmitos. No los vamos a tocar». Llegamos al 18 -par 4-. Tal vez el más conocido por la impresionante vista que ofrece desde su tee en alto a unos 20 metros. «Aquí driver y al centro. Normalmente sin esforzarse mucho pasas los dos búnkeres y luego depende; si te quedas -entre ellos- un hierro 7 para más adelante un piching. Pero vamos, con un drive centrado llegas a green con un hierro 5. Inicialmente éste era el hoyo 1. ¿Problema? La gente se embelesaba con la vista y no avanzaba. Así que Chris Davies, nuestro director de golf, vio oportuno un cambio de hoyos». Cierto. Desde el tee de caballeros se contempla en el horizonte la 'desdentada' lengua de La Manga y ambos mares, Menor y Mediterráneo. Impresionante.
¿Y ahora qué? le pregunto. «En 11 años que yo llevo aquí no se ha parado de hacer cambios en los campos, estructuras nuevas, caminos, lagos, centros de bombeos, tuberías, zonas con hierbas más adaptadas, etc. por lo que probablemente ahora vayamos más despacio porque sólo es necesario pequeños detalles». José Luis esta satisfecho del trabajo. De el de todos, porque se siente parte de un gran equipo de profesionales del que él participa. Quién le iba a decir a este sanluqueño de nacimiento pero criado en Jerte (Cáceres), ingeniero agrícola formado en Escocia y en los Estados Unidos, que años después se iba a sentir cien por cien murciano. «No conocía de nada La Manga.Y cuando me presenté a la entrevista pensé que no me iban a contratar, pero en quince días me llamaron y hasta hoy». Doy por concluida la visita. Por cierto José Luis, como greenkeeper ¿tu color favorito será el...? Me responde rápido: «No. El amarillo».
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