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SAMUEL DEL VAL | JUGADOR DE GOLF
Objetivo: ser feliz
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| SAMUEL DEL VAL / M.J.P. |
27/02/09
M.J.P./ MURCIA
Se presentó vestido de azul marino, el color de Seve, aunque su referencia en el golf ha sido siempre Phil Mickelson -de hecho le llegaron a apodar 'Samuelson'-, aunque de por sí su nombre, Samuel, ya evoca golf (nadie olvida a Samuel Ryder el patrocinador de la copa que lleva su apellido). Ha sido puntual. La cita era en El Valle de Polaris, que aún no conoce, y en el que no estará solo. En la partida organizada se volverá a reencontrar después de mucho tiempo con el que fue su primer profesor Juan de Lope y con dos amigos, Javier -el hijo de Juan- y Mariano Peñalver. Afable, educado y prudente, Samuel del Val Oñaederra, este bilbaíno de nacimiento pero criado en Murcia ha volado lejos para seguir preparándose como golfista y como persona. A los 17 años -hoy tiene 21- decidió tomar un avión para conocer sus opciones de estudio y de juego en las universidades americanas. España se le quedaba pequeño. Como se le quedó pequeña Murcia cuando quiso avanzar y competir en las categorías juveniles. «Recuerdo que empecé con seis años a jugar -hace memoria-. Si. Justo cuando estaban sembrando... -me mira y aclara- . Es que empecé al mismo tiempo que el campo de Altorreal». En aquella época sus primeras clases se las impartió De Lope. «En aquellos años no había competiciones para los menores y mi aprendizaje consistía en jugar con los adultos, algo a lo que éstos no estaban acostumbrados».
Primeros pasos
La falta de facilidades le pusieron rumbo a la federación valenciana. «Tenían un circuito infantil durante todo el año, torneos
En Murcia no podía participar ni en los interterritoriales porque no había equipo, ¡no éramos ni cuatro para jugar!» En esta etapa la familia fue fundamental. «Los traslados, el ir y volver. Mi padre me ha llevado a todos los sitios; fue imprescindible ese apoyo». Hablamos de José Manuel del Val. «Si, mi padre y podríamos decir, mi otro profesor. La persona que ha estado ahí conmigo cuando no estaba Juan. El que sabía qué tenía que hacer en cada momento de mi juego y el que más me he apoyado». Habla de apoyo, no de imposición. «Él nunca me ha obligado a entrenar, a jugar, eso... nunca acaba bien. Yo he sido el que ha querido jugar, al igual que fui quien tomó la decisión de irme a los EE UU». Del Val apostó por Georgia, una universidad del Sur que le proporcionaba una buena climatología para el golf y un adecuado plan de estudios: «Quería hacer Business Administración & Management (algo así como administración y dirección de empresas) que me daba la posibilidad de enfocar mi futuro hacia el golf, pero también a otro tipo de parcelas».
La estancia en EE.UU. no ha sido sencilla, ha supuesto y supone sacrificios. «Me adapto muy bien a los cambios, pero no ha sido fácil. ¿Inconvenientes? Dejar a la familia, los amigos, estudiar en otro idioma -ha tenido que tirar mucho de diccionario-, pero me han tratado muy bien, he conocido gente de todo el mundo, otra cultura... -Se ríe recordándose-. Cuando llegué tuve que aprender a hacérmelo todo yo: lavar, planchar, cocinar. ¡Fue un cursillo intensivo de vida... comenzando de cero! Y es que Del Val se ha hecho mayor en los Estados Unidos.
Su maestro Juan de Lope le recuerda de pequeño: «Era inquieto y muy trabajador. Se le veía con talento y corazón y sobre todo con muchas ganas de trabajar; era muy disciplinado, de los que se decía: 'esto lo hago, pero lo tengo que hacer bien'. Ahora, observando su juego le veo muy seguro de sí mismo. Ha mejorado muchísimo».
Ha sido un camino largo. «Se deja de salir con los amigos porque tienes que madrugar, jugar o entrenar; sacrificas familia
pero hoy por hoy estoy en los EE UU, becado y haciendo lo que quiero: que es jugar y estudiar». Allí no se regala nada. La imagen del quarterback poco espabilado que aprueba está muy lejos de la realidad diaria de Del Val. «Eso si, nos facilitan que podamos compaginar estudios con deporte, pero debes mantener un nivel alto en ambas parcelas; la asistencia a clase es obligatoria y, por supuesto, debes aprobar». Su jornada es intensa. Se levanta a las 6,30 de la mañana, gimnasio hasta las 8 y las clases a las 9,30 que se prolongarán hasta las dos. Almuerzo y a entrenar o a jugar, dependiendo del día y de las horas de luz. La jornada termina sobre las 8 de la tarde. Poco tiempo ya para la cena y el estudio, «le robo horas al sueño y a los fines de semana». Del Val termina este año los estudios (que piensa ampliar) y afronta una nueva etapa trabajando en el equipo de golf de su universidad como asistente de entrenador mientras intenta captar sponsors para jugar en el circuito americano; «Es difícil, pero me gustaría competir». Si le preguntas por «¿un sueño?», lo tiene claro: «Jugar una Ryder Cup».
Los zapatos de Samuel
Samuel y Mariano se conocen desde niños y existe una afinidad especial entre ellos, incluso han vivido juntos algunos momentos intensos de la carrera de Del Val, como la edición 2008 de la Copa del Hierro donde Mariano fue su caddie y en la que Samuel intentó revalidar el título conseguido un año antes en Santa Marina (Cantabria). La final de 2007 frente a Roberto Ballesteros fue vibrante. La recuerda perfectamente. Llegaron al hoyo 36 con tablas y tuvo que ser en el primer hoyo de desempate -tras ocho horas de juego- donde Del Val se hiciera con la Copa. Lástima que en la semifinal de 2008, en el hoyo 21 de Alicante Golf, perdiera el pase a la final tras protagonizar un duelo agónico junto a García Pinto. Porque Del Val es un jugador agresivo y valiente que nunca da nada por perdido en el campo. Es más, reconoce que comienza «no demasiado bien los torneos, pero voy remontando. Nunca tiro la toalla». Su pegada es excepcional y brilla en el juego corto «que he practicado mucho de pequeño». «Soy muy competitivo aunque no frente a los demás, sino conmigo mismo. Creo que es la única manera de llegar lejos; no pensando en los demás sino en tu propio juego». Mariano atesora unos zapatos de golf que Samuel le regaló; para Peñalver son sus primeros. También guarda algún consejo: «El de que practique mi rutina siempre antes de cada golpe». Samuel asiente: «Es como un proceso que te ayuda a centrarte, por eso debe ser siempre el mismo». Si se le pregunta qué aconsejaría a los más pequeños..: «¡Qué disfruten!, ya es lo suficientemente sacrificado y frustrante este deporte para sumarle más presión».
La mañana trascurre y si el lector se pregunta quién ganó esta partida... no podía ser de otra manera. Otra agónica final en el 18. Uno arriba para Javier de Lope y Mariano Peñalver frente al maestro y el alumno que responde al nombre de Samuel del Val Oñaederra. Recuérdenlo, porque este afable, educado y prudente jugador de golf es el golfista de referencia de la universidad de Georgia, uno de los mejores jugadores del 2008 de la National Association of Intercollegiate Athletics (NAIA) -asociación compuesta por 287 universidades americanas-, está entre los 30 mejores de la liga universitaria de todos los EE UU (la NCAA, que aglutina a unas 1200 instituciones) y acaba de empezar la temprada 09 como vencedor, el pasado día 24, del Thomas Winter Invitational. Aunque haga lo que haga Del Val será un ganador en cualquier faceta. Lo tiene muy claro. A la pregunta de cuál es su meta, contesta: «¿La verdad?, ser feliz».
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