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Pedro Guerra: «Mi compromiso no es como artista, es como ciudadano»
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Un nuevo
disco, Bolsillos, como celebración de diez años
de consolidada trayectoria como artista; pero también
un nuevo trabajo para recuperar viejos estilos que recuerdan
a su debut, Golosinas. Con su último álbum,
Pedro Guerra imprime un cambio de ritmo a su carrera,
abandonando a su banda habitual y los arreglos orquestales
propios de Raíz y Ofrenda para adentrarse en
el espacio donde se crecen los cantautores: la intimidad
y las distancias cortas. «En otros discos, aparte
de las letras de las canciones, me importaba hacer un
desarrollo musical. Pero en este disco el desarrollo
estaba totalmente en función de la voz, de la
guitarra y de la letra. Los añadidos son pinceladas
que ayudan a que la canción camine mejor».
La inspiración para componer Bolsillos proviene
de dos vertientes que confluyen. Por un lado, la simplicidad
acústica que el cantautor cultivó en el
disco La palabra en el aire, donde sólo mediante
la guitarra y la voz musicó la obra del escritor
Ángel González -«uno de los poetas
más grandes que tenemos»-. Al mismo tiempo,
influye la reciente escritura de su primer libro Desmontando
el cinismo, obra de «reflexión sobre el
mundo» fundamental para entender su séptimo
álbum. «Creo que sin estos dos trabajos
estaríamos hablando de un disco totalmente diferente»,
explica Guerra. El autor de Contamíname acota
sus nuevos temas con una sencillez que también
influye en la concepción de su próxima
gira por España, en la que este artista tratará
de llenar el escenario sólo con su voz y su guitarra,
sin músicos de acompañamiento.
«La guitarra te permite un tipo de comunicación
muy concreta. El mensaje llega muy claro y muy definido.
Cuando toco sólo con la guitarra la gente está
mucho más centrada, sólo escucha la cancion,
lo que ésta dice y lo que yo cuento. Se produce
una comunicación más directa». Un
espectáculo intimista cercano a cantautores como
Silvio Rodríguez -de quien el propio Guerra se
muestra admirador e influenciado-, y que, concebido
para recintos y teatros pequeños, comienza el
2 de octubre en Cáceres y llevará al artista
a actuar los días 6, 7 y 8 de octubre en el Teatro
Albéniz de Madrid. Y junto a un cambio de estilo,
un cambio de perspectiva. Pedro Guerra aparta ahora
en la medida de lo posible sus propias interioridades
y se muestra más atento al entorno. «Sigo
hablando de cosas que ocurren dentro de mí, pero
hay menos introspección. Este disco es un disco
más hacia fuera, más hacia los problemas
colectivos y los problemas sociales. Cuando llegas a
cierto grado de madurez te apetece menos hablar de tí
mismo, y el cuerpo me pide ahora involucrarme más
en la sociedad de estos tiempos y de estos últimos
años, que han sido muy convulsos» -explica,
aludiendo a la guerra en Irak y los atentados del 11-M.
La memoria histórica, el márketing y
el consumismo voraz, la televisión basura o la
religión focalizan la atención de un artista
que se autocalifica como «comprometido»,
pero con matices: «Mi compromiso no es como artista,
es como ciudadano. El compromiso es necesario en todo
ciudadano o ciudadana porque lo normal es que uno muestre
preocupación por el mundo en el que vive e intente
involucrarse con él de alguna manera».
Esta declaración de intenciones está íntimamente
ligada a la concepción musical que este artista
ha desarrollado a lo largo de su evolución.
«Definiría Bolsillos como un disco de
canciones, o lo que yo concibo por canción. No
hablamos de canciones que entren por un oído
y salgan por otro. Yo busco que mis composiciones entren
por un oído y se queden dentro, intentado estimular
la mentalidad y la sensibilidad de las personas, que
sirvan para reflexionar».
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