sus 42 años, KD Lang parece tan orgullosa de su
indentidad y de su carrera, como cómoda con su
bajo perfil mediático actual. Todo era bastante
distinto hace una década, cuando su atractivo andrógino
ocupó la portada de revistas como Vanity
Fair tras proclamar su lesbianismo y su vegetarianismo
militante. Confesiones que exasperaron al más bien
pacato mundo del country de Nashville, un universo al
que había emocionado previamente con discos como
A Truly Western Expirience (84), Angel
with a Lariat (87) o Shadowland (88).
Casi dos décadas de andadura, una docena de discos, contribuciones a bandas sonoras e incursiones cinematográficas contemplan ahora a una Kathryn Dawn Lang que, en le recta final de los 90, ha sabido reinventarse con discos conceptuales como All you can eat (95), Drag (97), Unvincible summer (01) o su dueto con el septuagenario crooner Tony Bennet, con quien cantó el clásico Keep the faith, baby en su disco Playin' with my friends.
Ahora, tras el directo Live by Request, debuta en el sello Nonesuch mirando a sus raíces canadienses (respondió a la tradición artística de apátridas de su país viviendo en Los Ángeles) en Hymn of the 49th parallel, una delicada, lánguida y sutil colección de versiones de clásicos de compatriotas como Neil Young (After the goldrush, Helpless), Joni Mitchell (Case of you, Jericho), Leonard Cohen (Hallelujah, Bird on a wire), Bruce Cockburn (One day i walk), Ron Sexsmith (Fallen) o Jane Siberry (Love is everything). De la génesis de este trabajo, que verá la luz el 29 de septiembre, y de sus circunstancias nos habla desde su Canadá natal esta hija de granjeros y guitarrista y pianista autodidacta.
-¿Hay que entender este disco como un homenaje a tus raíces o es el intento de compilar un cancionero canadiense con potencial clásico?
-Es un poco todo eso, además de una declaración de amor por estas canciones y estos autores. Es una idea que tenía desde hace un tiempo pero que, finalmente, he podido llevar a cabo tras trabajar con Tony Bennett (en el disco colectivo de standars de blues y jazz Playing with my friends). Después de trabajar con él (Keep the faith, baby), comprendí la importancia de volver a tener un cancionero tradicional clásico, de recuperar la propia memoria musical. Fue muy educacional, su energía y sensibilidad fueron una gran inspiración.
Nuevos desafíos
-¿Te marcó más que grabar Criying con Roy Orbison?
-Aquello también fue muy especial, pero algo distinto. Era mucho más joven (grabó el tema a los 26 años para la comedia Hiding Out) y no tuve con él una relación muy intensa que se diga. Roy era un hombre increíble, como un Buda con el que no tuve una conversación mínima, porque nunca hablaba más de lo necesario. Con Tony fue muy distinto; hablamos de sentimientos personales, de política, pudimos cultivar una amistad.
-¿Con qué criterio seleccionaste los temas y a los compositores que versioneas?
-Lo principal fue intentar iluminar el espíritu de la imagen que tengo de Canadá, muy marcada por una naturaleza austera y desolada. Quería que los temas respondieran a esa idea y que significaran algo especial para mí; he plasmado mi visión a partir de los originales.
-Algunos temas, como Hallelujah, de Leonard Cohen, han sido versioneados por gente como Rufus Wainwright o Jeff Buckley.
-Sí, fijarse en la versión de Buckley ha sido inevitable, la única en la que no sólo me he basado en la original.
-Has incluido también un tema tuyo, Simple, de tu disco Invincible Summer.
-Sí, pero no con la pretenciosidad de considerarlo una de las grandes composiciones canadienses. Mi manager quería que metiera un tema mío, y coincidió que yo quería regrabar ese tema porque su contexto original no me gustó. Pensé que con este tratamiento encajaba bien en el disco.
-Has elegido un acompañamiento austero y delicado de piano, cuerdas y batería. Parece que, de un tiempo a esta parte, prefieres hacer discos conceptuales en los que cantas sobre músicas suaves.
-Es cierto, no puedo evitar plantearme los discos de una manera global sobre ideas, a partir de las que empiezo a componer. Supongo que mi música responde a la madurez que tienes a los 42 años. Soy una persona más tranquila y me tira más la música suave. Incluso cuando he hecho cosas más electrónicas (Invincible Summer, 2001) lo he hecho con un toque más ambient. Intento que mi voz sea un instrumento más que no desentone Como artista, trato de evolucionar y cambiar en la medida de lo posible sin traicionar mi identidad. Siento la necesidad de afrontar nuevos desafíos como compositora e intérprete. No me preocupa vender más o menos discos.
-¿No te gustaría volver a tener un éxito pop como aquel Cosntant Craving que los Stones te plagiaron involuntariamente?
-No, tengo la surte de no sentir esa presión; me gustaría tener un éxito, pero sólo en mis propios términos, lo que, tal y como está la industria, es difícil. Lo de los Stones fue un accidente, nunca les hubiera llevado a juicio (por su tema Anybody seen my baby), pero prefirieron evitar problemas cediéndome el 25% de los derechos. Por supuesto, acepté y acabó siendo una buena pasta.
Blues creíble
-¿Volverá a conectarte este disco con tus raíces country? ¿Te gusta el llamado sonido americana o lo que hacen chicas como Lucinda Williams, Lori McKenna o Stacey Earle?
-Lucinda me gusta y lo que llaman americana no es sino country actual. El country tiene fama machista, pero también es música de chicas, como demuestran Brenda Lee, Loretta Lynn o Kitty Wells, con las que trabajé en el pasado (en su disco del 88 Shadowland). Me sigo identificando con el countr; creo que es la única manera en la que un americano blanco puede cantar blues de forma creíble.
-Sin embargo, el mundo del country te dio la espalda cuendo te declaraste lesbiana y vegetariana en una zona ganadera.
-Fue una decisión difícil en ese momento, porque yo sería ser valorada por mi música y me preocupaba cómo iba afectar a mi carrera y a mi familia. Pero, ya antes, algunas emisoras de country se negaban por mi aspecto a poner mi música. Tuve que superar prejuicios y decir así es como soy. Nunca me he parado a pensar si alguien va a dejar de escuchar mi música por ser lesbiana.
-¿Estás cansada de contestar a las típicas preguntas sobre tu orientacion sexual o el rol de la mujer en el pop?
-A veces es importante remarcar tu posición para acabar con algunos mitos, pero todo depende de la motivación y la integridad de quien pregunta. No tengo inconveniente en hablar de ello si siento que su postura es la correcta.
-Pareces una mujer muy segura. ¿Nunca te has arrepentido de algo que hayas hecho o dicho?
-Siempre he pensado que es importante vivir de acuerdo a tus convicciones. Yo he sido lesbiana desde que recuerdo y decido obrar en consecuencia. Creo que soy una persona bastante fuerte y segura, pero también he tenido que cambiar de forma de pensar en algunos aspectos y asumir mis errores.
-¿Consideras un error aquel polémico anuncio que hiciste en el que decías «Meat stinks» (La carne apesta)?
-Hubo gente de mi pueblo (Consort, Canadá) que pensó que les había traicionado, pero soy vegetariana desde hace más de 25 años porque no soporto que haya que matar a los animales para comer. Me limité a decir que si mucha gente supiera cómo se hacen, digamos, las hamburguesas, no las comería.
-Una vez dijiste que te veías como una outsifder que no encuentra su lugar en el mundo.
-A veces me he sentido como alguien muy diferente al resto, pero en este momento me siento una persona equilibrada y muy normal. Artisticamente, sí que no acabo de encajar en ningún estilo ni etiqueta, así que no sé cómo contestar a esa pregunta.
-Madonna te definió como «el Elvis femenino». ¿Te siguen aplicando esa etiqueta?
-Me lo tomé como un gran cumplido y un honor doble, por Elvis y por una de las mayores artistas pop de la historia, pero ya no se suele mencionar.