MIQUI PUIG
TEXTO: J. OLARTE
Miqui Puig se ha visto obligado a compaginar su rol como jurado de Factor X con los preparativos de su nuevo disco, lo que inevitablemente tiene efectos colaterales. Ayer se alargó la grabación del programa, pero hoy se muestra locuaz al hablar de su segundo retoño de estudio, Impar. ¿No le deprime a alguien tan devoto del pop el escaso nivel de la peculiar fauna que se presenta a los castings? «Qué va... Me encanta el medio televisivo y me lo tomo como curro. Es cierto que hay gente con pájaros en la cabeza y el nivel es muy bajo, pero es un reflejo de la cultura musical del país. Pero, por otro lado, no están cerrados a nada y el programa me permite hacer una labor formadora».
No es que al zapatero le haya tocado volver a sus zapatos. Miqui lleva mucho tiempo ejerciendo la crítica a su manera en medios diversos y, aunque sea «fan antes que artista», tiene una larga carrera musical que remite a la explosión mod barcelonesa de mediados de los 80. «Pero la gente joven no tiene ni idea... El otro día vinieron un montón de críos a la grabación de un vídeo y alucinaban al verme cantar». Sus momentos de gloria llegaron al frente de Los Sencillos, banda que osciló entre el pop sesentero y el baile y que, azotada por deserciones y cambios de onda, no terminó de concretar el potencial que se intuía tras hits como Bonito es o Doctor Amor. «Quiero hacer una caja para que la gente de veintitantos vea lo que se perdió. Teníamos fans y detractores a partes iguales. Gente como Loquillo, que hoy es bastante colega, nos llamaba blandengues. Pero siempre digo lo mismo: soy un puto privilegiado; sin ser un superventas, llevo veinte años haciendo lo que quiero». Tras Los Sencillos, Miqui ejerció de DJ sin complejos y personaje mediático antes de emprender una carrera solista como cantor ambivalente y postmoderno, capaz de debatirse sin traumas entre la cultura hispana kitsch, el clasicismo pop, el soul, el acid jazz, el rock shoegazer o las nuevas tendencias. Bajo esos parámetros cocinó Casualidades, debut solista que ni aumentó ni redujo sus fieles. Ahora acaba de darle réplica con Impar, secuela autogestionada marcada por su concepción global del pop. «Mira, me acabo de comprar en la Fnac un disco de blues, uno de soul y dos de electrónica. Mi problema es que me interesa todo, y por eso tardo tanto en concretar en un disco todo lo que quiero contar». Siempre futbolero «Este trabajo es el reflejo de querer ir a mi bola -añade-, me han obligado a ello y ahora estoy en un punto en que puedo decidir mi futuro, montar mi sello y sacar un disco en el que me siento representado porque refleja mis militancias y mi mundo, en el que lo mismo me puedo emocionar con los Posies que con Charles Aznavour». Con letras llenas de referencias a su universo cotidiano y su formación musical y sentimental, el ex Sencillo ha construido un repertorio de autor («es muy Miqui Puig», avisa), regado con tics de su amplísima colección de influencias, sea lirismo pop (El sirviente), efluvios jazzies (El hombre que hacía), distorsión británica a lo My Bloody Valentine (Entre cuchillos), electropop en la línea de La Casa Azul (Miqui contra el mundo) o guiños a Los Sencillos más mod (Polvos de talco, Londres). En Impar mitad hooligan y UEFA saca a la palestra su secular futbolería. «Reivindico la belleza de los estadios de fútbol y los cánticos de las hinchadas apegadas a la cultura más popular. Lo contrario al Barça, mi equipo, que tiene la afición más burguesa del mundo. En eso envidio a equipos ingleses como el Arsenal o al Sporting y el Athletic». Ahora se reconoce «muerto de ganas» de tocar con su banda, El Conjunto Eléctrico. «Queremos hacer una gira larga y mutante, pero empezaremos con presentaciones donde están los núcleos duros de mis fans: Barcelona. Madrid, Valencia y Bilbao». M «Soy un privilegiado; sin ser un superventas, llevo 20 años haciendo lo que quiero», admite el popular jurado de Factor X. ¿Qué, le dejamos pasar a la siguiente fase?
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