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«Sería bonito que Jim estuviera vivo»
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| LEYENDA. Ray Manzarek, Jim Morrison, Robbie Krieger y John Densmore. |
Han pasado mas de tres décadas y media y aún persisten las sombras que rodearon la decadencia de uno de los iconos más magnéticos y enigmáticos de la música popular. Compositor, cantante, actor y poeta propenso al exceso, Jim Morrison descubrió el lado turbio del rock a una juventud presa de la utopía hippy y, de acuerdo a su creencia de que la música tenía conexiones con Nietzche y la tragedia griega, vivió subyugado por la idea de muerte.Apasionado por el caos («me interesa todo lo que no tiene sentido», decía), jugó tanto al equívoco que sus palabras y su persona siguen teniendo algo de misterio para sus fans y su ex compañeros. Ese aura de la que habla Manzarek adquiere su verdadera dimensión en el oscuro episodio de la muerte de Morrison, que algunos siguen poniendo en duda. Y la fascinación de Morrison por la figura de Arthur Rimbaud, que fingió su propia muerte para vagar de incógnito por el mundo, sólo da más argumentos. Además, su desaparición se produjo solo un año después de las de Jimi Hendrix y Janis Joplin, dos muertes sucesivas que marcaron a un Morrison que, en plena espiral autodestructiva, solía calificarse como «el número tres». La versión más o menos oficial dice que el Ray Lagarto (apodo sacado del poema de su primer disco, Celebration of King Lizard) murió después de la medianoche del 3 de julio de 1971 en la bañera de un hotel parisino a consecuencia de un fallo cardiaco provocado por una sobredosis. Manzarek comprende y justifica la mitología y los falsos rumores que siempre han rodeado a los Doors. «Es algo que funciona porque la música del grupo tenía una hondura filosófica que entroncaba con lo mítico. Ahora los Doors forman parte de esa mitología». Pero aunque haya circunstancias no aclaradas en torno a su muerte (la noticia tardó seis días en hacerse pública, el certificado de defunción era ilegible, la única testigo fue su novia también drogata Pam y el ataúd se enterró precintado), el teclista del grupo no duda de que Morrison murió en París, donde huyó tras ser condenado por comportamiento indecente (el célebre concierto del 69 en Miami en el que simuló una masturbación). El final de un viaje Fue poco después de grabar el sexto disco, LA Woman, y de escribir la colección de poemas American prayer, publicado siete años después. De hecho, Manzarek cree que todo fue un tanto planificado y hasta llega a culparse por no haberse dado cuenta. «Creo que todo fue premeditado o, al menos, el final de un viaje. Tenía una visión muy romántica y literaria de París, una ciudad llena de drogas y le atraía la tradición de escritores americanos en la ciudad (Hemingway, Henry Miller o Scott Fitzgerald)». Según Manzarek, era una buena idea que Morrison se alejara de todo lo que rodeaba al rock, aunque «si hubiera sabido que era como un final poético no le habría dejado de ir. Creo que el cuerpo de Jim fue enterrado en el cementerio de Pere Lachaise pero, después del asunto del ataúd sellado, a mí también me gusta dejar un espacio a la duda y pensar que Jim vive en en un aldea de México donde canta de manera anónima de vez en cuando o que se retiró para vivir feliz en alguna isla exótica y tuvo varias hijos. ¿No sería bonito?».
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