JOSÉ MARÍA GALIANA
Desde la ermita que corona el cerro de San Bartolomé (685 metros), al que se accede por una empinada cuesta flanqueada por las capillas de un vía crucis, el caminante gana altura a la par que una bellísima panorámica que invita al sosiego y a la contemplación de los castillos y labrantías de Cañada, Biar, Benejama, Bañeres de Mariola y la desaparecida Almizra, alquerías islámicas que dejaron su huella a lo largo y ancho de una cadena de valles fecundos atravesados por la cañada de Andalucía, histórico cruce de caminos que se adentra en tierras valencianas hasta llegar a Gandía.
Viñedos y olivares alegran las estribaciones de las sierras que las reguardan del viento y del frío. A lo lejos se columbran las sembraduras de Caudete (Albacete), Fuente la Higuera (Valencia), y la sierra de Salinas compartida por los municipios de Yecla y Monóvar, donde confluyen cuatro provincias.
A dos kilómetros de Benejama y a seis de Biar se encuentra el Campo de Mirra, el pueblo más pequeño del valle. El censo se cifra en torno a 400 habitantes, parte de ellos dedicados a la agricultura, si bien los jóvenes se han decantado por la industria.
El poeta Ramón de Campoamor cambió el nombre de El Campet por el actual, haciéndose eco del histórico tratado de Almizra, firmado el 26 de marzo de 1244 por los reyes Jaime I de Aragón y el infante castellano Alfonso X, para fijar los límites entre las zonas de reconquista catalanoaragonesa y castellana. El tratado establecía una línea divisoria que corría por el valle de Biar y la sierra de Villena, y fijaba que ambos reinos devolverían las poblaciones ocupadas indebidamente. Esa línea divisoria determinaba los territorios conquistados al sur de la misma para Castilla, mientras que los del norte formarían parte de la Corona de Aragón, lo que suponía la división entre los dos reinos (la línea al sur del Júcar se inicia en Fuente La Higuera y cruza el Campo de Mirra, Biar, Castalla, Jijona y el sur de Villajoyosa).
El hecho histórico se rememora cada año el 25 de agosto en el Campo de Mirra, coincidiendo con las fiestas de San Bartolomé, y la representación de la firma del tratado en la que intervienen 37 actores vocacionales.
Independizado de Biar en 1843, algunas edificaciones datan de los siglos XVI y XVIII. Sobresale la casa de labranza de la familia Colomer, y una torre del siglo XVI y la casona del siglo XVIII propiedad de la familia Marco que constaba de tres cuerpos: residencia de los propietarios, dependencias para caseros y establos, y bodega y almacén de productos agrícolas.
A principios del siglo XIX, en el oratorio de la vivienda, se constituyó la parroquia de San Bartolomé mientras se edificaba la iglesia de estilo neoclásico que conserva antiguas pinturas, varias imágenes de Sempere y un relicario.
En el cerro de San Bartolomé o Puig dAlmiçra, que así se denomina en la crónica de Jaume I, se han documentado restos arqueológicos de la edad del Bronce (1800 / 800 años a. C) y de época musulmana. Las excavaciones desvelaron que se trataba de una importante villa fortificada y granero de los que vivían en el valle, de hecho es muy significativo el elevado número de fortificaciones que se realizan en estos valles, principalmente en época almohade: castillos de Biar, Almizra y Serrella, y las torres de la Fantasmenta, Beneixama, El Negret y Marco.
Reconstruido durante los reinados de Jaime I, Pedro II y Jaime II, el castillo tenía la consideración de fortaleza de patrimonio real, siendo entregada para su gobierno a distintos alcaides que, por su situación fronteriza, la mantuvieron hasta el siglo XIV. De aquellos esplendores sólo hay restos de basamentos de murallas y dependencias, pero queda la historia: «Aquí, en este mismo castillo, se firmó un 26 de marzo de 1244 el tratado de Almizra», y al pie del cerro, un hito indica el lugar donde acampó el infante Alfonso X.
Casas de labranza
A ambos lados de la cañada hay pinos frondosos que dan sombra a las masías. Se edificaron siglos atrás para la explotación agrícola y ganadera de un valle, rico en olivos, viñas, verduras y legumbres para consumo propio, tradición muy arraigada pues todavía se cultivan una parcela de olivar para tener aceite todo el año y aliñar aceitunas con agua, sal y hierbas aromáticas de la sierra Mariola que trae las primeras nieves, el agua de los ríos Vinalopó y Clariano y la de sus numerosas fuentes: de los Patos, Freda, Bona, del Molí, Mariola, de Enmedio, de Poniente...
Tierra de castillos, santuarios, ermitas, vías pecuarias, dilatadas llanuras, pozos de nieve, torres y senderos que trepan hasta la cima del Montcabrer (1.390 metros), el castillo de Biar fue testigo de cruentos combates entre castellanos y aragoneses.
Edificado en el siglo XII, la fortaleza medieval tiene desde 1931 la consideración de monumento nacional. Conquistado por Jaime I, el elemento más reseñable es la bóveda almohade de arcos entrecruzados que ennoblece la segunda planta, considerada por algunos historiadores la más antigua de España.