Javier Corcobado es uno
de esos artistas ante los que no resulta sencillo disociar
la persona del personaje. Por su arte extremo y la singularidad
de sus propuestas, tanto con artistas de la vanguardia
posmoderna de la Movida como por la labor en el seno grupos
subterráneos como 429 Engaños (la primera
banda estatal realmente noise), Mar Otra Vez, Chatarreros
de Sangre y Cielo o Cría Cuervos, arrastra Corcobado,
como su coetáneo y colega Javier Colis, un aura
de autor atribulado y maldito, de cantautor arrabalero
a lo Tom Waits que a nuestro protagonista le fastidia
sobremanera.
«Soy un artista reconocido con una referencias mucho más amplias que esas y con un carrera continuada de trece discos», nos dijo en su última visita con una soberbia y rabia reconocidas y confesadas en temas como aquel Yo quiero saber dedicado a los que «me olvidaron y perdieron la fe en mí».
Ahora, el compositor, novelista y poeta nacido hace 44 años en Alemania presenta un estadio vital mucho más apacible que el que hace algunos años le llevó a poner tierra por medio evadiéndose con su compañera (la pintora y teclista Paula Grau) primero a La Coruña y luego a México, donde apoyado por los amigos y los fans que tiene en un país siempre propicio para los artistas pasionales, cocinó Fotografiando el corazón.
Aquel accidentado proceso de grabación, salpicado de altercados, obstáculos y anécdotas, contrasta con el entorno plácido y distante que parece haber encontrado desde hace tres años en Almería. El alejamiento del ritmo frenético y de las «actitudes enfermas relacionadas con la cultura» ha propiciado que Corcobado se centre en escribir y componer.
La paz del ex chatarrero
Favorecido por la tranquilidad inspiradora que transmiten los paisajes del cabo de Gata, el ex chatarrero ha publicado una novela clasicista titulada El amor no está en el tiempo y un disco que lanzó el pasado año tras su enésimo cambio de compañía. Una década después de su colaboración con Manta Ray en Diminuto Cielo, el huidizo cantautor ha vuelto a aliarse con el sello independiente Astro que (con distribución de Atlantic) y lanzó a finales del pasado año su última entrega, Editor de sueños. Es el trabajo que iba a defender en vivo mañana el Azkena de Bilbao de no ser por una inoportuna afección de estómago que le ha obligado a aplazar el concierto.
En la entrega número catorce de su amplia y desigual discografía hay descargas de adrenalina corcobadiana y caóticas catarsis ruidistas como ese tema con 25 minutos de guitarras torturadas titulado Extermínense. Pero más allá de las apuesta y de los «secretos caminos subliminales» que le han convertido en un músico de culto, Editor de sueños transmite una voluntad de manejo de las estructuras tradicionales de la canción pop y de la métrica lírica del tango y el bolero, ritmos que siempre han servido como referencia a Corcobado.
Registrado con la producción de Fino Oyonarte
y junto a una formación clásica de guitarra,
bajo y la voz de Paula Grau, las nuevas composiciones
del poeta se solazan genéricamente en el amor
y las miserias humanas eludiendo clichés y los
lugares comunes de las cosas del querer. Y lo hacen
oscilando musicalmente entre los arrebatos de rock estricto,
devaneos post, baladas enfermizas o los habituales aires
de chanson y música popular brasileña
(Javier ya ha versionado en el pasado a Gainsbourg o
Maria Bethania), subrayado todo ello con su personal
rajo lírico a caballo entre Raphael, Waits y
Paolo Conte que le sirve para superar sus limitaciones
como cantante.