Curtida en el underground
madrileño de teatro, el happening y el vodevil
alternativo, la actriz, performer, compositora y cantante
Vanexxa comenzó a dar que hablar cuando más
de 2.500 personas se bajaron su canción Desheredada
antes de la edición de Se rompe o se raja,
álbum lanzado por Subterfuge, de vocación
transgresora que se nutre de la arrogancia del hip hop
femenino y de la picardía cómplice de cabaret,
combinadas con dosis de encanto pop, calor flamenco y
actitud punk.
Raperas como La Mala Rodríguez, Sara Da Pin Up, pioneras del punk teatral como Nina Hagan o chicas muy suyas como Christina Rosenvinge, Murfila o Bebe son referencias recurrentes al hablar de esta joven pero preparada artista madrileña que dice no conocer el rollo burlesque puesto de moda por la esposa de Marilyn Manson, Dita Von Teese.
Cuesta creerlo, viéndola con el bastón, el sombrero de copa, las ligas y la ropa interior de encaje negro cantar cosas como «tengo un novio al que no quiero nada, me lo tiro, me lo tiro, y no siento nada» (Cuentos chinos). Entre la arrogancia sexual y el orgullo femenino, Vanexxa asume distintos roles en sus letras de desamor, despecho, ambigüedad o provocación convertidas en canciones transgresoras pero accesibles.
Con un carácter afable, La desheredada exhibe una fe en sí misma muy propia del titulo de su disco (Se rompe o se raja es ahora o nunca en slang chileno). Y es que Vanexxa no es una recién llegada. Con 14 o 15 años sedujo a Capi Arenas (descubridor de Alejandro Sanz) y grabó para BMG un disco de pop adolescente, estudió danza e interpretación en Irlanda y, de vuelta en Madrid, se formó durante seis años en la escuela de actores de Cristina Rota, alternando trabajos de subsistencia mientras «sin dejar la música» se forjaba como actriz todoterreno.
Ha sido dirigida por John Malkovich, Juanma Bajo Ulloa o Joaquín Oristrell, pero donde Vanexxa ha encontrado eco ha sido con sus espectáculos de cabaret-hop que, a la postre, propiciaron un primer disco que esta noche (y con entradas a sólo cinco euros) dramatizará en el Artium de Vitoria
-Tus directos tendrán una gran componente teatral.
-Sí, las canciones tienen una puesta en escena que está planteada como una fusión de expresiones. La idea es transformar el espacio en el que actuamos en un pequeño mundo en el que todo vale para representar la letra de las canciones. Hay visuales, monólogos, un DJ. Salgo vestida como una maestro de ceremonias que va dando entrada a diferentes personajes que representan todo tipo de roles sociales.
-Así que entiendes la música y la interpretación como expresiones complementarias.
-Mi trabajo es una fusión de ambas. Hay gente que me dice que con este disco vuelvo a la música, pero yo nunca he hecho diferenciaciones en eso porque, aunque me haya formado en la interpretación, nunca he dejado la música. Ahora tengo es un disco con canciones que tienen ingredientes musicales y teatrales. Lo que hago es un concepto basado en la una fusión de mis tres pasiones: la música, la dramaturgia y la interpretación.
Las letras y el alma
-Fuiste cantante muy precoz.
-Sí, en el año 93 con una multinacional, tenía 15 años pero ya componía canciones de pop o así. A través de un vecino que trabajaba en la tele, una maqueta mía llegó a manos de Miguel Ángel Arenas. Sacaron el disco como Vanessa, aunque luego no supieron que hacer con él. Era una cría pero no dejaban de ser canciones que me representaban en ese momento, así que, en ese sentido, era un poco lo mismo que hago ahora.
-En Se rompe o se raja, las letras se imponen a la música, se habla de lo que dices y de cómo lo dices.
-Podríamos decir que las letras son el alma del proyecto. Hablan de mí, de mi percepción de la realidad porque no establezco diferencias entre persona y personaje. La gente me pregunta cuánto de mí hay en Vanexxa pero para mí no está desvinculado. Los personajes de mis canciones y los que hago en directo podrían representar mi vida en un momento determinado, así que se podría decir que hay muchas Vanexxas. Está la superguay, la mujercita, la desheredada, la ponny girl autoritaria
-La mayoría hablan de tíos. ¿Te consideras feminista?
-Si hablo de tíos es porque están presentes en mi vida, no me limito a hacer juicios de valor; dejo las cosas abiertas para que cada uno haga su propia interpretación. Sólo ejerzo de correa transmisora entre lo que yo creo que es la vida real y el escenario. No creo que mi discurso sea feminista porque no me gusta etiquetarme pero lo que tengo claro es que para una mujer la vida sigue llena de barreras que tiene que superar. Hay una exclusión permanente en muchas cuestiones de la vida de la que los tíos no son conscientes.
-¿Cómo te dio por versionar el Hey de Julio Iglesias?
-Esa canción tiene un valor sentimental para mí porque la escuchaba de pequeña en casa, pero sobre todo empecé a dramatizarla dándole la vuelta a su discurso machista del hombre despechado que se cree enamorado.
-Por tu actitud desafiante se te asocia con el hip hop, un género con el que no tienes nada que ver.
-Lo que hago no están pensado ni para provocar ni para ofender. No busco la provocación ni trato de atacar al machismo. Las canciones están expresadas de esa manera porque fueron creadas para un formato de teatro pequeño que ha ido creciendo. No estaban hechas para ser grabadas y por eso el disco no tiene un estilo concreto. Si me he acercado al hip hop es porque es un estilo que me gusta y que esta cercano al carácter de mis letras, que por lo general son, digamos, atrevidas. La gente de hip hop no me ve como una intrusa, porque saben que lo mío es otra cosa que esta más cerca del cabaret, del espectáculo teatral que interactúa con el público.
De la mano de La China
-¿Cómo acabaste grabando para un sello como Subterfuge?
-Fue a través de La China (performer y cantante de Cycle), venimos de la misma escuela de interpretación y trabajamos juntas porque en el año y medio que llevaba actuando en Madrid, hemos coincidido mucha veces. Como entendemos la actuación y la música de la misma manera, me apañó una entrevista con el sello de su grupo. Les llevé una maqueta y, como ya me conocían, lo vieron claro.
-¿Esperabas dar tanto que hablar?
-Las buenas críticas han sido una sorpresa, la repercusión ha sido mayor de la que esperaba pero no suponen un problema, sino un incentivo para seguir en una profesión que se basa en el trabajo, el esfuerzo, la independencia creativa y la autocrítica. De los seis años que pasé en la escuela de Cristina Rota aprendí que, para crecer en esto, es imprescindible abstraerte de lo externo, de lo que se dice de ti.
-Te comparan con La Mala, Christina Rosenvinge o Nina Hagen.
-Sí, y no sólo no me molesta sino que es un halago porque todas ellas me encantan, no solo por su música sino especialmente por su actitud. Son mis antecedentes. Christina estuvo muy presente en mi primer disco y La Mala es una de mis favoritas. Me gustan también grupos de rock como los Pixies pero escucho sobre todo música hecha por mujeres.
-Las dos XX de tu nombre artístico sugieren carga sexual.
-Sí, pero no van por ahí los tiros. Me
las pusieron unos amigos de mi antigua compañía
de teatro y las he conservado. Son como una seña
de identidad.