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FRÉDÉRIC GALLIANO

Raíces y cables

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TEXTO: J. OLARTE


uede que comparta la visión del mundo como aldea global y de la música electrónica como lenguaje integrador, pero, por su actitud y su profundización en las músicas de África Occidental, el músico, productor y Dj francés Frédéric Galliano marca distancias tanto con el llamado etno techno o global beat, como con los artistas que, «desde Europa», se acercan a la música étnica con una mentalidad «colonial». Pasando las raíces por los cables y acercando la electrónica a la aldea, este productor curtido en el sello F Communications se ha pasado los últimos cinco años recorriendo buena parte de África Occidental con su estudio portátil.

Tendiendo puentes entre la sofisticación tecnológica y el latido ancestral (dos universos que comparten la espiritualidad tribal del bailable, dicen los technohippies), Galliano se embarcó en una búsqueda que se ha concretado en discos como ‘Espaces baroques’ (electrónica jazzy con aires étnicos) o ‘Lives infinis’.

A través de su sello y los recopilatorios ‘Frikyiwa’, Galliano ha tratado de renovar el lenguaje de la música africana contemporánea. Una ambición que ha consumado en discos como ‘Mandingko’ y en el proyecto ‘African Divas’, que, con más de una treintena de cantantes y músicos involucrados, se ha plasmado en un álbum de estudio y otro de directo.

Galliano, que ya pasó hace tres años por aquí, recreará ese sonido el domingo en Bilbao con el apoyo de la energía orgánica que aporta una banda híbrida -enfrentará sus máquinas a las voces de tres cantantes malinesas (Hadja Kouyate, Aissata Balde y Ramatta Doussou), un teclista y un tañidor de la kora-.

Mestizaje puro

«Las producciones de electrónica con música africana que hice con ‘Frikyiwa’ y ‘African Divas’ son dos proyectos distintos, pero que conectan por su voluntad de acercamiento a la cultura africana. Lo importante no es si la música es tradicional o electrónica, sino la actitud, acercarse a las fuentes originales y que cada músico conserve su personalidad y voluntad de experimentar».

Conocido por sus colaboraciones junto a artistas malineses como el ‘griot’ Addoulye Diabate o la diva Nahawa Doumbia, Galliano se ha involucrado con la música africana con una actitud entre filosófica y política que le sitúa en las antípodas de proyectos millonarios y cercanos al pastiche o al expolio cultural tipo Deep Forest, Enigma, Sacred Spirit.

Contrario a las fusiones afropop de los ochenta, Frederick combate a su manera la aproximación exótica y fragmentada a la música étnica. «No hago música política; decidí ir a las fuentes con mi estudio portátil y producir en África directamente, sin intermediarios, en contacto directo y con el ambiente rural y los músicos africanos. Tiene que haber un acercamiento cultural real».

Galliano ha tenido que luchar contra las preconcepciones y clichés que rodean a la llamada world music. «Cuando empecé este proyecto, la idea era mezclar voces africanas con electrónica. Después, en África, algo cambió. Descubrí muchas cosas y mi sonido se transformó y comencé a tener una visión más estrictamente africana».

Gestado desde Senegal a Burkina Fasso, Costa de Marfil, Benín, Mali o Guinea, en ‘African Divas’, las máquinas dialogan con voces e instrumentos tradicionales como el balafón o la kora. «Combinar los sonidos es importante para lograr el groove adecuado, pero en directo prefiero ser más enérgico y, digamos, moderno. El vivo y el estudio son dos lenguajes distin- tos. He viajado por los países de influencia mandinga, una cultura inmensa con infinidad de elementos específicos que han tenido gran influencia en la música afrocaribeña». P




 
 
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