Van a ser algo así como las raras avis del Azkena. Por su tarantiniana y algo caricaturesca imagen y, sobre todo, por su marcado eclecticismo, que se manifiesta en un impecable batido de rap, soul, funk, jazz, rnb y rock que convendría no perderse. «Representamos a la ciudad de Nueva York de la manera más honesta posible», apunta desde la Gran Manzana Huey, afable cantante y guitarrista de origen portorriqueño que hace poco más de una década formó este chulesco trío junto con sus amigos Fast (bajo, teclados, trompeta, armónica y demás) y un primer batería con pasado techno (Steve O). Su imagen de macarras de barrio y su sonido desbordante llamaron la atención de un A&R en el club Limelight y debutaron en la multinacional Emi con Come find yourself, un álbum de temas rotundos y tan explícitos como controvertidos. El n°1 Scoobye Snacks se apropiaba de uno de los diálogos más cleberes de Pulp Fiction y en King of New York reclamaban la libertad del capo mafioso John Gotti, con quien su biografía apócrifa llegó a relacio- narles.
El éxito de su debut (más de un millón y medio de copias) situó al grupo, que, girando por todo el mundo, concibió con su segundo batería el brillante 100% Colombian, un disco más sutil y groovie que aliñaba el soul carnal de Barry White con el blues de su colaborador BB King, el country vía Bozz Scagss, caña guitarrera propia de lo que dicen ser (una banda de rock) e historias de NY narradas con textos políticamente incorrectos sobre traficantes, sexo con modelos predispuestas o violencia suburbial.
El trío amplió si cabe su espectro sonoro con un disco en clave de easy listening -Mimosa-, temas para bandas sonoras independientes (Huey ha hecho sus pinitos como actor), al tiempo que su disquera recapitulaba su primera década con una doble antología de éxitos y rarezas (Bag of hits, 02) que se coló en el Top 5 británico y un DVD retrospectivo.
Ahora, con un tercer batería en su alineación -el orondo y británico Frank the Rhythmn Master-, los FLC siguen defendiendo las virtudes de su última entrega independiente, Welcome to Poppys -rap de vieja escuela, funk, soul jazz y rock, todo de lo más cool-, que mañana recrearán en el Azkena Rock Festival aliñado con temas de su repertorio previo y algunos aperitivos del álbum que editarán a finales de año.
-¿Os sentís cómodos actuando en un festival eminentemente rockero junto a gente como MC5, New York Dolls, Ryan Adams o Violent Femmes?
-Claro, mucha gente viene a vernos ignorando que somos un grupo de rock, pero lo somos. Piensan que somos una banda de hip hop o de música negra, pero no. Y los New York Dolls, tío, son una de mis bandas favoritas de todos los tiempos. Somos un grupo que toca de todo, muchos tipos de música negra, un poco de rap, soul, funk o jazz, pero todo con una sensibilidad rockera.
Royalties a Tarantino
-En vuestro último album, Wellcome to Poppys, vuelve a haber algunos temas de guitarras, como Baby, Beautiful o Stray Bullet.
-Sí, en todos nuestros discos hay temas así. Hemos cambiado de sello, pero no de sensibilidad.Y el próximo disco, que saldrá a finales de año, también irá en la misma línea. Todo resulta más sencillo ahora que nuetro sello (DiFontaine) forma parte de una independiente importante (Sanctuary). La comunicación es más fluida que con Emi.
-Recientemente, habéis hecho la banda sonora de Headrush, en la que haces de travesti traficante. ¿Te fue bien el papel?
-Lo dices por lo de travesti o por lo de camello (risas). He actuado en dos películas y en ambas he hecho de camello; los dos directores me dijeron que me iba el papel. He conocido ese mundo en Nueva York, pero no tiene que ver conmigo. En noviembre se estrena y podréis juzgar.
-¿Cambia vuestro enfoque musical cuando hacéis bandas sonoras?
-Totalmente. Cuando trabajamos con nuestra música, tenemos libertad total para hacer lo que nos da la gana. Con las bandas sonoras no es lo mismo. Nos tenemos que limitar a lo que el director quiere de nosotros y mantener una coherencia con el guión y las imágenes. El margen de maniobra es menor, pero es un trabajo que nos gusta, porque somos muy aficionados.
-Vuestros discos siempre han tenido conexiones musicales. Sampleasteis a Robert de Niro y vuestro primer gran éxito, Scoobye Snacks, incluía aquel célebre fragmento del atraco a la cafetería extraído de Pulp Fiction. ¿Tuvisteis que pagar royalties a Tarantino?
-Es que nos encanta el cine y hemos crecido con la televisión de antes, cuando ponían series buenas y películas clásicas, y no la mierda que es ahora. Así que es lógico que nuestros discos hayan reflejado esa influencia. Y, respecto a los royalties, tuvimos que pagar, lo intentamos evitar, pero no fue posible. Aunque no hubo problema. Tarantino es un tío cool, llegamos a un acuerdo y creo que supuso una buena pasta para él. Supongo que le ayudaría a hacer Kill Bill (más risas).
-Casi todos vuetsros temas más conocidos tienen letras políticamente incorrectas.
-Sí, pero no hay que sacarlas de su contexto. Scoobye Snacks no era, por ejemplo, una canción violenta, sino que hablaba de un ladrón y traficante que reconoce sus delitos. Es muy importante poder ejercitar siempre tu libertad personal, y lo digo desde un país en que eso no es fácil, porque estamos gobernados por un loco déspota que quiere imponer la censura y decirnos lo que tenemos que ver, escuchar o leer.
-¿Cómo fueron vuestros comienzos?
-Fue en el famoso club Limelight; Fast trabajaba en la oficina y yo en el bar, y Steve O (primer batería) era uno de los tíos alcohólicos que se dejaba caer por allí. Como era amigo de Fast, solíamos ponerle en la lista de invitados. Teníamos gustos parecidos, así que empezamos a ensayar sin grandes pretensiones. Hasta que, un día, el promotor del club nos metió en la programación para ahorra dinero. Al sexto concierto, un tío de Emi nos vio y nos fichó.
Buenas comparaciones
-Al principio os comparaban con los Beastie Boys: tres tíos blancos de Nueva York que rapeaban y que, además, habían fichado por la misma multinacional.
-Sí, pero yo soy nuyorican (neoyorquino de origen portorriqueño). Los Beastie Boys siempre me han parecido geniales. El tipo de bandas que van más allá de razas y colores de piel. Por eso se han ganado el respeto de todo el mundo. Tenemos también puntos en común; están abiertos a muchas influencias e intentan remover las conciencias de la gente. Así que la comparación nunca me ha importado, sino todo lo contrario.
-Vuestras influencias son aún más amplias que las de ellos. Álbumes con sampleos y referencias a gente tan diversa como Barry White, M Gaye, Tom Petty, BB King, John Barry o Deep Purple. Hasta grabasteis un disco de lounge.
-Nuestras influencias vienen de cualquier sitio. Somos como la propia cuidad de Nueva York, donde no tienes más que salir a la calle para absorber millones de influencias. Como la mayoría de los músicos, antes que nada, somos fans de la música.
-¿Qué problemas tenéis con los baterías? Tres en diez años.
-Ninguno. El primero, Steve, era un colega con el que vivíamos en el mismo apartamento; lo que pasa es que le dio por irse a Perú. El siguiente, Mackie, era un batería fantástico y un tío estupendo, pero trabajaba con nosotros como un músico de sesión y queríamos a alguien más involucrado. Ahora tenemos a Frank (the Rhythmn Master), un inglés que forma ya parte de grupo. Cuando grabamos el disco no estaba; por eso salimos dos en la portada.
-¿Cómo es vuestro directo?
-Creo que hemos logrado un buen balance entre la tecnología y cierto sonido analógico y orgánico de los viejos discos de jazz, soul y rnb. Trabajamos mucho la preproducción y casi todas las baterías e instrumentos de nuestros discos son reales. Esa frescura la mantenemos en directo, donde también hay espacio para la sorpresa. La gracia está en que lo previsto suele fallar.