EVASIÓN. Ocio y tiempo libre
 PORTADA
 ARTE
 CINE-TV
 GENTE
 LITERATURA
 MÚSICA
 NATURALEZA
 RUTAS-LUGARES
 TIEMPO LIBRE
 TECNOLOGÍA
 VIDEOJUEGOS


Movida sonora en la Gran Vía

Foto
EN EL CENTRO DE LA CIUDAD. La Gran Vía tomada por vehículos, patinadores, sirenas, tamboristas y un público que disfrutó con ese carrusel sonoro. / MARTÍNEZ BUESO

Llorenç Barber y Enrique Máximo pusieron ayer una rotunda traca final al festival Alter-Arte, con un concierto urbano que no dejó indiferente a nadie

LA VERDAD MURCIA


¡Movidón! Sirenas, tambores, percusionistas, camiones de la basura, bocinas, cláxones... Orden en el caos, música urbana, el atasco convertido en fluidez y facundia sonora. Fin de Alter-Arte con el concierto (desconcierto para algunos, que muy, pero que muy desconcertados -incluso alarmados- se mostraban) La Gran Vía. Una alegoría y homenaje al siglo XX, con la participación de más de 700 personas entre vehículos de toda clase, antigüedad y condición, tambores, coros, grupos de metal, pirotécnicos, bicicletas y patinadores, además de numerosos cronometradores que sincronizaron cada sonido.

¿Qué se escuchaba? Depende de cada cual y de cada sensibilidad y susceptibilidad. «Nada bueno», según algunos. «La ciudad», según otros. «Un atasco, una feria, una tómbola, un lío, una romería, una barahúnda, un coñazo, un simulacro de bombardeo, mucha bulla, algo indescriptible, muy divertido, el estómago de la modernidad, un caos, una tontería, una genialidad...». A nadie que paseó por la Gran Vía de Murcia a partir de las diez de la noche dejó aquello indiferente.

Aquello era una romería sonora ideada por Llorenç Barber y Enrique Máximo, que pusieron en solfa 50 tambores, 300 cantantes (en los coros), 25 vehículos fijos y 25 móviles, 8 quintetos de metal y 12 tubas, pirotécnicos, bicicletas, patinadores... Entre los vehículos había coches de época (desde los años 20: Rolls Royce, Cadillac…), turismos, coches de bomberos, ambulancias, patrullas de la Policía Local, la Policía Nacional y la Guardia Civil, autobuses y vehículos de limpieza viaria. Llorenç Barber estaba a la invisible batuta de todo aquello y Enrique Máximo, el ideólogo sosegado, explicaba que «ya que es una parábola y alegoría del siglo XX, queremos dedicarlo a uno de los mejores músicos de las últimas décadas en la Región: el fallecido violonchelista Miguel Ángel Clares, que era muy niño cuando participó en nuestro primer concierto de campanas».

«Al arte se le pide, en general, que nos salve de una vida ñoña, de ricos y de estupidez», reiteraba Barber. Ayer, lo extraordinario se hizo música (y ruido lúdico) en la Gran Vía Escultor Salzillo. Traca final para asombrar a propios y extraños. Fuegos de artificio en rojo verde y ámbar para que los peatones (ciudadanos) viesen en el cielo las señales del asfalto. Fin de un Alter-Arte polémico (que ha mostrado algunas muy potentes actuaciones; la de Trejo & Cortils, por ejemplo). Traca final que quedará en la memoria urbana. Gran noche.




 
 
© La Verdad Digital S.L.U.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
internet@laverdad.es