Con el ritmo y el gusto
por los clásicos como denominador común,
el club Fever que los sábados acoge la sala Santana
27 ofrece mañana dos propuestas muy recomendables.
En el espacio dedicado a la música negra (Black
Fever) abrirán Lone Ark (en la foto), proyecto
de Roberto Sánchez, multiinstrumentista, cantante
y productor cántabro que ha contribuido a dignificar
la escena jamaicana estatal.
Especializado en reproducir la sonoridad del reggae más enraizado, Ras Sánchez ha repartido su actividad como cantante de sound system, músico adscrito a bandas diversas, productor y líder de Lone Ark, banda completada con músicos cántabros y vizcaínos que sorprendió hace cuatro años con Coun- tryside, un genuino ejercicio de roots reggae al que ha dado réplica con Oil & Water.
Editada también al desnudo en versión dub, la reválida de Lone Ark reúne producciones realizadas durante los últimos años que sorprenden por su grado de homologación del reggae orgánico y militante que en Jamaica e Inglaterra se generó entre los últimos setenta y los primeros ochenta. Por sus cortes planean evocaciones al sonido sólido y cálido del emblemático estudio jamaicano Channel One, ecos del pulido UK reggae del primer Dennis Bovell o réplicas del pálpito rotundo del dancehall reggae.
Roberto Sánchez pone su sello vocal en cuatro de cortes, en los que da muestras de su versatilidad oscilando entre el rub-a-dub de Mankind (con aparición estelar de nada menos que el mítico batería Sly Dunbar) o el reggae soul uptempo de ese Make it, inspirado en un clásico de Mongo Santamaría. Hay también emulaciones del far east sound instrumental de A Pablo como Anaga, pero donde marca la pauta es en su aportación a emergentes y curtidos cantantes de reggae a los que Roberto produce de un tiempo a esta parte, como el jamaicano Kenny Knots, el singjay británico afincado en Barcelona Ben Jammin, Dubby Ambasah, Nano Bravo o la vocalista Inés Pardo.
La vieja tele
A eso de las tres se presentarán en el escenario principal del Fever Telephunken, proyecto de otro Sánchez, aunque maño y llamado Ernesto. Curtido como cantante y guitarrista del desaparecido grupo Nothing (dos álbumes con Elefant) y DJ, Ernesto abandera desde finales de los noventa su grupo de vieja marca de televisores con el que, además de ejercer de pionero del breakbeat, aboga por una suerte de música de baile híbrida y caliente.
En esos parámetros se movieron Telephunken con sus primeros discos (Telephunken y Nipón), a los que, tras incursiones en la música publicitaria y de cine, bolos por Latinoamérica y Europa y presencia en conocidos festivales, hay que añadir el CD Antibalas.
Sin nada que ver con el grupo de afrobeat con el mismo
nombre, supone un nuevo tratado de alquimia rítmica
que, tras la baja de DJ Pendejo, presentarán
en vivo con un nueva formación a la que, además
de Ernesto, el bajo real y la habitual sampladelia,
añade un batería y una teclista.