| VASIJAS . Aquí se introducían lo s restos calcinados del difunto. / J.M.GALIANA |
La villa de Mula guarda el eco de antiguos caballeros, comendadores e hijosdalgos que en el siglo XIII trajeron de Galicia, León, Vizcaya, Aragón y Castilla sus armas y blasones. Es preceptivo sentarse en la balconada de la iglesia de Santo Domingo (siglo XVI), visitar la ermita del Carmen, levantada sobre los restos de una mezquita, y el monasterio de la Encarnación, una de las joyas arquitectónicas de la villa (XVI). No menos relevante y del mismo tiempo (1574), es el convento de San Francisco, en proceso de restauración, que forma un vasto conjunto con la iglesia de la Purísima (siglo XVIII). Para llegar a ellos hay que dejarse llevar por la pendiente, admirar los palacetes y mansiones del siglo XVIII que lucen sillares labrados, blasones, aldabas y esplendidas rejerías de forja: casa de los Zapata, Blaya, Pintada, Cobos y del marqués de Menahermosa, donde se encuentra el Museo del Cigarralejo.
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