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ANA ELENA PENA

«Ya no lloro por los rincones»

Foto

TEXTO: BORJA CRESPO


Ana Elena Pena (Murcia, 1976) lleva dando guerra, allá dónde le dejan, desde la pasada década. En los 90, en plena efervescencia de la música independiente, los fanzines, el cómic, la serie B y la cultura basura, esta inquieta artista multidisciplinar se dedicaba a dibujar historietas insanas y a elaborar fotomontajes con ella de protagonista donde se mezclaban el erotismo y lo kitch con el sadismo y la religión. Licenciada en Bellas Artes, afincada en Valencia desde 1994, su obra ha mutado hacia la música y monta imprevisibles shows en vivo, donde mezcla performances cabareteras, electro-pop y el lado más petardo de la vida con un desenfado encomiable. Esta noche actúa en Bilbao dentro de la programación del festival Hegopop (www.hegopop.com) junto a Astrud y Rúdriguer.

Ana Elena (www.anaelenapena.es) se apunta a un bombardeo. También ha rodado cortos con muñecas Barbie mancilladas, vestidas de cuero y embadurnadas de ketchup, ha sido tertuliana televisiva y, en los últimos tiempos, se ha sumado al blog (www.anaelenapena.blogspot.com), donde se define como «monógama en serie, ciclotímica e hipocondríaca», y a la imparable furia myspace (www.myspace.com/anaelenapena).

-¿Qué queda de aquella época fanzinera en la que dibujabas historietas?

-Unas cuantas buenas amistades y muchos recuerdos. ‘¿A quién ama Eggy Crash?’ era un fanzine enfermizo, con un fuerte contenido violento y sexual, donde proyectaba todas mis paranoias y obsesiones de aquel entonces. Lo dibujé en un tiempo en el que no me encontraba muy bien psicológicamente. Quizá por ello no lo he vuelto a querer editar o continuar, pese a que mucha gente me pregunta por él y me escribe para que le mande copias.

-Un buen día te convertiste en Ana Elena Pena...

-Más bien un mal día, allá por el 96… Atravesaba por una fuerte crisis depresiva y me pasaba el día llorando por cualquier cosa. Uno de mis amigos, para quitarle hierro al asunto, me dijo que si seguía así de lloricona acabarían llamándome Ana Pena, así que lo adopté y me gustó, porque ‘pena’ es una palabra muy lorquiana, muy de copla, y sonaba muy musical junto a mi nombre. Ahora no voy llorando por los rincones, que conste, aquello quedó atrás… por suerte.

Ni tiempo ni ganas

-Dibujas, haces performances, te curras cortos, ahora cantas... ¿Hay algo que no hagas?

-Todos los domingos me hago el propósito de apuntarme al gimnasio el lunes, pero aún no he conseguido reunir fuerzas ni ganas.

-¿Con qué disfrutas más entre tanta hiperactividad?

-Últimamente he disfrutado más escribiendo, pero va por rachas… Ahora mismo tengo abandonada la pintura, pero espero retomarla, y el dibujo también, pero a veces no encuentro tiempo ni ganas. Las actuaciones y los viajes te agotan mucho, porque trasnochas, te estresas...

-También tienes un blog, acorde a la última moda, en el que te defines como «azafata de día y cabaretera de noche».

-Tengo doble vida, como la Obregón en ‘Ana y los siete’. Trabajo esporádicamente de azafata de eventos, en efecto, y de lo que va saliendo. Una cabaretera tiene muchos gastos, que si los abrigos de chinchilla, que si los perfumes, las perlas, que si las plumas…. ¡Una barbaridad!

-¿Qué podremos ver en el show bilbaíno de esta noche?

-Habrá un poquito de todo. Estoy preparando una especie de patchwork musical con trocitos de performances anteriores, aunque también cantaré en directo algunas de las canciones nuevas: ‘Me dejas’, ‘Nunca me han besado’, ‘Sin pecado concebida’, ‘Dómina-dominó’… Y, por supuesto, el clásico ‘Ensalada de pepino en colegio femenino’.

-¿Temes codearte con Astrud y compañía?

-Estoy encantada de compartir cartel con gente a la que admiro y aprecio. En todo caso me asustaría codearme con Juan Pardo o José Vélez, que dicen que son gafes.

-¿Te consideras una artista de culto?

-No sé, también se rinde culto al diablo, así que… Además, ¿artista de culto para quién? Soy muy ecléctica, no creo que se me pueda encasillar tan fácilmente en un grupo u otro. Me han llamado tanto para actuar en fiestas góticas como en locales de ambiente, donde más cómoda me siento. O en festivales más ‘artísticos’ y bizarros, como el BEM de Burgos. Y me he sentido muy arropada en todos ellos, aunque siempre tienes que adaptar un poco el show en base al tipo de fiesta y público.

-No tendrás ningún prejuicio a la hora de escuchar música.

-Lo mismo escucho a Depeche Mode que a María Dolores Pradera, a Camela o Bon Jovi. No tengo prejuicios con la música, ni me importa la fachada de la gente. Algunos ex compañeros de facultad, me reprochan que me haya inclinado tanto hacia el lado ‘petardo’ de la vida, y que me haya ‘desviado’ hacia esa línea cabaretera frívola, pero a mí me gusta la diversidad, porque me enriquece, como persona y como artista.

Mudar la piel

-¿Cómo empezaste a montar tanto show? Algo de exhibicionista hay que tener...

-Todos los artistas tenemos que ser exhibicionistas de alguna manera. Si la gente guardara sus dibujos y pinturas en cajones bajo llave, cantara sólo en la ducha y bailara en su salón, el mundo se iba a perder muchas cosas.

-Tienes cierta obsesión por la iconografía religiosa y la España cañí.

-Son dos temas que me influenciaron bastante en los años 90, pero ya no están tan presentes en mi obra, aunque me siguen atrayendo, como a todo el mundo. Si no, ¿a qué viene tanto revuelo por la detención de la Pantoja?

-En tus cortos hay gore y humor negro, y parece que te molan mucho las Barbies...

-Te refieres al corto ‘Puppyta sexual’. Me encantan las Barbies, me gusta este tipo de muñeca en especial porque es muy sexual, y por el tamaño y características me resulta sugerente y es fácil de customizar.

-¿Todo artista tiene que reciclarse para no morir en el intento?

-Uno cambia y se recicla continuamente, no hay más remedio, porque los tiempos cambian, y nosotros con ellos. Adquirimos nuevas experiencias, conocemos gente nueva, y todo eso nos hace mudar de piel, como las serpientes.

-¿Cómo ves el papel de al mujer actualmente en el arte?

-Muy activo, sin duda, pero también bastante reiterativo, y, en ocasiones, victimista y falto de sentido del humor. Está claro que hay realidades sociales terribles, como la violencia de género, pero el espectro femenino es mucho más amplio y rico, tiene muchísimos matices. Yo prefiero frivolizar con lo serio, y hacer que parezca serio lo frívolo.

-¿Puedes decirnos una frase lapidaria con la cual te identifiques para terminar?

-«He perdido mi reputación, pero no la echo en falta», de Mae West.




 
 
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