EVASIÓN. Ocio y tiempo libre
 PORTADA
 ARTE
 CINE-TV
 GENTE
 LITERATURA
 MÚSICA
 NATURALEZA
 RUTAS-LUGARES
 TIEMPO LIBRE
 TECNOLOGÍA
 VIDEOJUEGOS


Las orillas del Volga

Foto

CRUCEROS FLUVIALES. Moscú y San Petersburgo son los puntos de embarque de las naves que surcan el río más largo de Europa

ENRIQUE SANCHO


Los cruceros por mar seducen a un creciente número de viajeros españoles y, aunque tienen muchos atractivos, pueden pecar de cierta monotonía y de la masificación que exigen los grandes barcos. Ahora es el turno de los cruceros fluviales, especialmente de aquellos que recorren los grandes ríos europeos. Sus ventajas son evidentes. Un crucero fluvial es el más cómodo y despreocupado medio de conocer otros países, otras formas de vivir. El hecho de recorrer Europa admirando las ricas culturas que se originaron al calor de las cuencas de sus ríos es una experiencia tan atractiva como inolvidable.

Sin duda uno de los cruceros fluviales más atractivos que pueden realizarse es el del Volga, que tiene como protagonistas las grandes extensiones rusas y su cambiante ambiente. Las travesías se realizan a bordo de los barcos ‘Nizhny Novgorod’ y ‘Kronstadt’, construidos como todos los de este tipo en los años 80 en Alemania oriental y posteriormente renovados. Las travesías parten de Moscú y acaban en San Petersburgo o viceversa y duran 12 u 11 días, respectivamente.

Los viajeros que se animen a realizar este singular crucero llegan a Moscú (o San Petersburgo) en vuelo directo desde España y se alojan en el barco, aunque durante los primeros días no se moverá del muelle para permitirles disfrutar de todos los encantos de la capital rusa. A lo largo de tres días se puede conocer a fondo el centro histórico moscovita o ‘Kitaï Gorod’, con grandes avenidas flanqueadas por majestuosos edificios de diferentes estilos arquitectónicos; la impresionante Plaza Roja, donde se encuentra la Catedral de San Basilio, el Mausoleo de Lenin, los famosos Almacenes Gum, la Universidad Lomonossov (un impresionante rascacielos en el antiguo Monte Lenin, exponente del llamado ‘gótico estalinista’) y muchos otros monumentos.

También se dedica tiempo a recorrer el Kremlin, recinto amurallado origen de la ciudad, a cuyo alrededor fue creciendo. Aquí se encuentra el Consejo de Ministros, el enorme Cañón Zar (que nunca fue disparado), la monumental Campana Zarina, así como las catedrales de la Asunción, la Anunciación y San Miguel Arcángel. Otra visita imprescindible es la Galería Nacional Tretiakov, magnífica pinacoteca especializada en obras rusas de artes plásticas, desde antiguos iconos del siglo XI hasta creaciones de los artistas y escultores más modernos.

El cuarto día de viaje comienza la navegación. Paisajes, pueblos, monumentos, iglesias y naturaleza en estado puro desfilan ante los ojos de los pasajeros en el reposado discurrir del viaje. Siempre con la facilidad de disfrutar de todo ello cómodamente instalado en el barco. Y con la alternativa de saborear una copa y leer un buen libro cuando las vistas sean menos atractivas.

Centro de peregrinación

En los días sucesivos, hay la oportunidad de conocer Uglich, una de las ciudades rusas más antiguas, fundada en el siglo X. Se visitará a pie la fortaleza y la iglesia de San Dimitri Ensangrentado (del siglo XVI), construida para conmemorar el asesinato en 1591 del Zarevich Dimitri, hijo de Iván el Terrible. También Goritsy y su monasterio de San Cirilo del Lago Blanco (Kirilov Belozerski). Edificado en el siglo XIV, se trata de uno de los centros de peregrinación más importantes de la religión ortodoxa en Rusia.

Desde el pequeño embarcadero de Goritsy se viaja en autobús local hasta las imponentes murallas del monasterio, en medio de un paisaje de singular belleza, entre bosques de abetos, lagos y prados. En el séptimo día de viaje se llega a Kizhi, isla situada en el extremo del lago Onega, el segundo más grande de Europa. Su nombre significa ‘isla de los juegos’, y toda ella constituye un museo al aire libre de arquitectura de madera, con ejemplos de las diferentes regiones rusas, motivo que le vale la distinción de Patrimonio de la Humanidad.

En el centro se encuentra la catedral de la Transfiguración, con 22 cúpulas construidas en madera y sin haber utilizado ni un solo clavo. Vistas de lejos parecen estar recubiertas de plata, pero en realidad se trata de piezas de corteza de abedul, que son renovadas cada cierto número de años. Parece sacada de un cuento de hadas y por eso se trata de uno de los monumentos más fotografiados de toda Rusia. Antes de llegar a San Petersburgo se hace un alto en Mandroga, una aldea artesana con construcciones de madera y donde tienen lugar representaciones folclóricas.




 
 
© La Verdad Digital S.L.U.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
internet@laverdad.es