Extraña pareja. Orlan y David Delfín. Bisturí y tijera. Radicales ambos, punzantes. Vida y arte zurcidos. Los hilvanes de la creación bien tensados Muy alta e inquietante costura. La francesa Orlan es una artista que nunca ha dejado de reinventarse; se ha sometido a nueve operaciones-performances quirúrgicas para construir su personal iconografía; tiene una pinacoteca en la piel. El malagueño David Delfín se mueve entre el glamour y la provocación, entre la máscara y la elegancia; con diseños siempre bien estructurados. Lleva un pendiente con un pequeño punal en la oreja izquierda.En algún lugar tenían que encontrarse y de su aproximación algo enigmático tenía que surgir. Orlan y David Delfín presentan en el Espacio AV de Murcia la exposición Sutura, hibridación, reciclaje, realizada expresamente para este lugar. Un puzzle de ropa, un vestuario de rompe y rasga (pero con corchetes). Una piel de arlequín en el suelo. Lo primero que tiene que hacer el visitante es calzarse unos patucos arlequinados para camuflarse con el suelo. Luego ya puede sentarse en las sillas -diseño Louis Ghost de Phillip Starck- que sirven de soportes a las ropas -ninguna de ellas menor de la talla 38-; ponerse cómodo, mirar y dedicarse, según Orlan, a la «libre parole».
«Es un proyecto que engancha», explica David Delfín. «Fue un primer encuentro intenso y un desarrollo en el que Orlan me ha dejado total libertad para encontrar la sutura, esos corchetes que remiten a la idea de una herida cerrada y abierta, que se suma al discurso nómada de Orlan».
Una mujer feliz
«Tienen delante a una mujer feliz», asegura Orlan y sonríe. Ayer brindó con vino de Yecla (Luzón) -cerca de las cadenas de la Catedral- por la cadena de gentes que hacen posible el arte (con elogios y realmente sinceros desbocados a Isabel Tejeda, comisaria de la exposición).
Orlan ha vaciado su personal guardarropa -de distintas épocas- y David Delfín ha reinventado y oreado un viejo fondo de armario. El resultado es enigmático, extraño, quizá divertido: Sutura, laicismo, hibridación. reciclaje... son algunas de las palabras que aparen escritas en suelo y paredes. «No creo en los fantasmas, creo en el intercambio cálido de los cuerpos», dice Orlan. Ropas mezcladas para crear un nuevo misterioso vestuario.
«La creación siempre es un proceso difícil y angustioso», argumenta Orlan. «Trabajar en colaboración con alguien es iniciar un proceso de aceptación del otro y con David Delfín he logrado conquistar el lugar exacto de creación para un arte nómada, movedizo y mutante; el arte que a mí me interesa», explica. Orlan, con los pómulos maquillados y el cabello ajedrezado, mirada directa, explica que ha trabajado en muchas ocasiones con el mundo de la moda lo que le ha ocasionado algunas satisfacciones y también muchas «relaciones conflictivas». «Me parece extraño que cada tres meses un creador pueda cambiar las rayas por las flores y que se dirija un tipo de cuerpo anoréxico. Por eso aquí vemos modelos en posición horizontal y de espaldas en un friso que rodea el espacio», añade.
Esa ropa reinventada -pero que puede usarse- «habla de la memoria». Dice Orlan que si el arte permaneciese ella se dedicaría a esculpir en bronce o granito. «Vivimos en la sociedad de la imagen..., en una sociedad en la que los soportes desaparecen. Pero la moda es sólo una parte de mis intereses creativos; últimamente he realizado en Australia un trabajo de ecocultivo de mis células con otras células de mujeres negras y de animales».
«Una exposición excepcional porque nunca se ha realizado una muestra de producción propia de esta dimensión y calidad», según explicó el consejero de Cultura Pedro Alberto Cruz.«Orlan hace que lo único se transforme en múltiple, que lo invisible se haga visible, que el concepto yo somos se materialice», argumentó.