No es casualidad que un festival atento a las últimas tendencias como el Sonar eligiera como imagen de su última edición el Smiley, la celebre cara circular amarilla y sonriente que entre los últimos 80 y los primeros 90 fue símbolo de la cultura del éxtasis, el acid house y el techno hippismo fraternal. Ahora, el icono por excelencia de aquella fiebre juvenil de baile, drogas psicotrópicas y buen rollo proleta que germinó con el verano del amor (86) y arrasó hasta los primeros 90, vuelve a estar de moda y hasta es usado en sus spots por compañías como Movistar. Y todo gracias al penúltimo revival, el del new rave, una onda que amanceba el rock independiente con la electrónica de baile más lisérgica y el espíritu de aquellas fiestas ilegales cuya masificación llegó a provocar en Inglaterra en 1992 una ley especifica (conocida como Criminal Justice Bill) que no pudo poner puertas al campo.
El pop de hoy parece no tener una tendencia dominante pero el new rave ha agudizado el regreso a los 90 que de un tiempo a esta parte están propiciando bandas que hacen que el pop, las guitarras y los ritmos digitales interactúen en la pista de baile. Grupos como Digitalism, Justice, Simian Mobile Disco o los aventajados del new rave, Klaxons, han asentado esta corriente bien representada en festivales de pop como el Primavera Sound, Sonar, FIB o el reciente Santander Summer Festival.
De la patria de la electrónica moderna y el minimalismo aplicado al baile vienen Digitalism, dos jóvenes alemanes que se postulan como una especia de nuevos Chemical Brothers. Se conocieron en una tienda de discos, se foguearon como DJs y comenzaron a dar que hablar tras reinterpretar en clave electro a White Stripes y premezclar a Daft Punk. Ahora que los grupos de rock derrotan al baile, los de Hamburgo proponen dance con alma rockera, house filtrado a la francesa y desenfreno en la pista a base de potente electro y tech-funk. Su esperado primer disco, Idealism, contiene además de su famosa versión de Fire in Cairo de The Cure, los primeros maxis en vinilo que les dieron a conocer (Pogo o Jupiter room).
Con Daft Punk son también asociados Justice, dúo francés representado por Pedro Winter, factótum de Ed Banger, la escudería crucial para entender esta onda. Gaspard Augé y Xavier De Rosnay llevan tres años revolucionando la escena francesa con bombas como We are your friends, Waters of Nazareth o D.A.N.C.E. y remezclas para gente tan dispar como Britney, Franz Ferdinand, NERD, Soulwax o, claro, Daft Punk.
Admirados por luminarias de la producción como Timbaland, su esperado debut homónimo ha confirmado su habilidad para glosar en contagiosos llenapistas de menos de cinco minutos parte de la historia de música electrónica de baile. Desde la disco music de sus compatriotas François Kevorkian y Cerrone, hasta el funk de los 70, el jack negro y el house de los 80, pasando por el french touch y el electro de las raves de los 90, los guiños a Daft Punk y las guitarras filtradas entre ritmos sintéticos.
Otro de sus singles de éxito (Never be alone) traduce al electroclash el tema homónimo de Simian, grupo de los británicos de James Ellis Ford y James Anthony Shaw que encandiló hace un par de años aliñando psicodelia y electrónica ácida en discos como Chemistry is what we are. La pareja puso en marcha su proyecto Simian Mobile Disco con el que se han sumado a la onda raverockera con maxis flamígeros. Simian Mobile Disco han producido música para Kitsuné, una de las marcas de moda asociadas al new rave británico que, surgida a colación del nuevo post punk, se acompaña como en sus orígenes de tubos fluorescentes y una estética multicolor que obsesiona a etiquetas de moda como Casette Playa o Ksubi.
EstilistasLos estilistas de Casette hacen prendas exclusivas para los Klaxons, punta de lanza del nuevo rock fiestero al que el NME no se cortó en calificar como «la mejor banda de Inglaterra». La vinculación con el revival raver no desagrada a este combo londinense que ha inventado etiquetas como acid-rave sci-fi punk-funk para definir su mezcla de indie rock y espíritu acid al que sus fans contribuyen agitando barritas fluorescentes en sus shows. De hecho, el término new rave fue acuñado por el capo de la independiente Angular, en la que el año pasado editaron su limitado primer sencillo, Gravity rainbow.
Tras un posterior EP (Xan Valleys), su progresión no para. Han arrasado en grandes festivales como Reading y tocado en Japón o Australia antes de editar un disco de debut multinacional, Myths of the near future, con el que entraron en enero directamente al número 2 de las listas británicas. En la estela de los Klaxons y favorecidos por el hype que suscita la atención que los medios musicales británicos prestan a lo que parezca novedoso se mueven también New Young Pony Club, Shitdisco, Trash Fashion o Bono Must Die. Los del club de joven pony son un desprejuiciado quinteto de indie pop electrónico que ofrece indie pop bailable y sin complicaciones.
Liderados por la exótica cantante Tahita Bulmer, ironizan con su filiación raver y reconocen influencias de Taking Heads, Blondie y la new wave británica. Debutaron hace tres años con dos sencillos independientes que les convirtieron en un grupo de culto. Ficharon con el sello australiano de Wolfmother (Modular), actuaron durante dos años sin cesar teloneando a Lilly Allen y formando parte de Indie Rave tour del NME con the Sunshine Underground y los Klaxons. A primeros de julio salió su disco de debut, Fantastic playroom.
Una mansión arruinada
Con un nombre que ya habla de actitud, los escoceses Shitdisco han encontrado el caldo de cultivo adecuado en el new rave. Tras pasar tres años en la Escuela de Artes de Glasgow ficharon por un sello con predicamento en el indie británico como Fierce Panda gracias en buen medida al impacto de divertido primer single, Disco blood/I know kung fu. Retomando el espíritu rave, comenzaron organizando interminables fiestas gratuitas en una desvencijada casa victoriana en ruinas.
Cuando fueron expulsados de allí, Shitdisco continuaron organizado sus fiestas en todo tipo de infectos recintos de Glasgow y ahora que, gracias a su primer disco, giran sin parar y se ofrecen a tocar gratis en casas y fiestas privadas de las ciudades que visitan. Un hábito que comparten con otras bandas amigas como Mother and the Addicts o Haunted House. Comparados con Talking Heads y The Rapture, formaron parte el año pasado de New Rave Tour y se confiesan en deuda con The Clash, Gang of Four o Prodigy. Antes del verano lanzaron su primer álbum, Kingdom of fear.
Ni 19 años de media tienen Bono Must Die, prototipo de banda de la era de Internet que, más que por el punto que puedan tener temas como Manic saved o We are better than you, se ha visto favorecidos por el ruido impacto producido por su nombre (que sale a colación cada vez que se abren los casi de cinco millones de sitios dedicados a U2 en Internet). Divertido y peligroso define al grupo Tobias Von Party, un chaval con lengua de víbora que dice odiar todo lo que Bono genera. Que la hija de Bob Geldoff fuera castigada por declararse fan del grupo que denosta al amigo y socio de su padre sólo ha dado publicidad a su recién editado primer single, Trafalgar.
Más sustancia y gracia tienen los muy modernos Trash Fashion, disco-rock-ravers del Este de Londres que, apoyados en una imagen a tono con la psicodélica hedonista del género, se han situado en la quiniela de aspirantes a estrellas o next big thing con Its a Rave Dave, EP disco punk definido con gracia como una mezcla de Motley Crue, los teleñecos y Beatie Boys. Reconociendo sus orígenes, han versioneado a los clásicos del rollo rave Altern8 y se confiesan inspirados tanto por Tiga, Daft Punk y Prodigy como por Prince, Guns n Roses, Metallica o Iron Maiden.
Además, tienen sentido del humor. «¿Es todo sexo, drogas, rock y raves para vosotros?», le preguntaban a su bajista y líder Jet Storm. «Sí, pero el sexo son pajas; la drogas, aspirinas; la fiesta, una en la que no estamos en la lista, y el rock esta hecho de granito».