PATA NEGRA
TEXTO: J. OLARTE
El destino había
querido que la fraternidad que, en el seno de Veneno y
Pata Negra, mejor ha personificado la fusión del
arte gitano más heterodoxo con el rock y el blues
coincidiera este fin se semana actuando por estos lares.
Claro que por separado y escoltados por sus nuevos músicos
cómplices porque ya se sabe que las relaciones
entre los hermanos Rafael y Raimundo Amador son, digamos,
frías desde que hace dos décadas decidieran
tirar cada uno por su lado. «Nos llevamos bien como
hermanos pero no como artistas, aunque no descarto que
podamos tocar pronto juntos», nos dijo Rafael en
vísperas de presentarse en Bilbao junto a los nuevos
Pata Negra.
Sin embargo, un problema de salud ha impedido que Raimundo esté mañana en la sala Santana 27 junto a Maneta de Kamioneta, proyecto liderado por el joven pero curtido percusionista Jesús Migallón y Pepe Bao, el cotizado bajista de los desaparecidos OFunkillo y enfocado reciclaje del flamenco mas festero con soul, el jazz latino, el funk o el blues. Así que nos quedamos con unos renacidos Pata Negra que ya estuvieron hace unos tres meses en Bilbao, Vitoria y Pamplona y que hoy retornan para defender su heterodoxia en el Aula de Cultura de Leioa (23.30 horas, 15 euros) con su nueva alineación en la que, además del hijo de Rafael, Luis (batería) militan también Andrés Herrera y Emilio Fernández (guitarras) Carlos Ortega (percusión) y Pepe Pulido (bajo). Juntos recrearan clásicos como Pata Palo, Los managers, El blues de la frontera o Yo me quedo en Sevilla y temas nuevos como ese El pollo robao que en su día formará parte de un anunciado nuevo disco para el que aún no hay fecha. El regreso de Pata Negra se ha producido en el 25 aniversario de su debut homónimo (Pata Negra, 81), que marcó el inicio de una trayectoria con la que romperían moldes electrificando el flamenco en discos que el tiempo ha convertido en clásicos. Muchos problemas Un aniversario que, según Rafaelillo, no ha servido de excusa para regresar. «¿Se cumplen 25 años? Puesto no tenía ni idea, no lo había calculado. La vuelta es porque yo era el compositor en Pata Negra y los nuevos temas que tengo tienen bastante que ver con lo que hacíamos. Además, me apetecía recuperar aquello». Esa historia inacabada por sus problemas con las drogas y el alcohol es la que, algo más de una década después de aquel Como una vara verde, Rafael Amador reverdecer ahora con los renacidos Pata Negra. «Mantenemos el mismo espíritu, aquel venenillo. Ahora estoy más centraíto porque cuando te haces mayor te tomas las cosas de otra manera, pero la música conserva aquel rollito que tenía La gente suele decir que éramos muy atrevidos, transgresores y todo eso pero, para nosotros, mezclar el rock y el flamenco era algo natural, hacíamos lo que nos pedía el cuerpo. No sabíamos lo que era la música moderna pero escuchábamos a Hendrix, Janis Joplin o Led Zeppelin y lo asimilábamos a nuestra manera».
Los ensayos preparativos para los conciertos de pequeño
formato que Pata Negra vienen ofreciendo desde finales
del regreso del pasado año, le han obligado a
Rafael a escuchar el material primerizo del grupo. «Ha
sido un gustazo y al mismo tiempo un alucine. He flipado
con algunas de las cosas que hacíamos. He tenido
una mezcla de sensaciones, por una parte sientes nostalgia
y por otra parte te transmite energía, ha sido
como ver amanecer o algo así, no sé, es
difícil de explicar».
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