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Los baños de la Reina

Foto
SURFISTAS. Palmeral del Parador de Turismo y surfistas que salen fuera de la bahía esperando la ola más propicia para volver a la playa. / FOTOS: JOSÉ MARÍA GALIANA

En la punta del Español, junto al Parador de Turismo de Jávea, quedan restos de una villa romana y una factoría de salazones datadas entre los siglos I y III

JOSÉ MARÍA GALIANA

La playa más concurrida de Jávea es la del Arenal y, en menor grado, las del Pope y Tangó, sobre todo los días festivos, cuando el último sol dora sus arenas y por los contornos pasea el vecindario, algunos huéspedes del Parador de Turismo, familias que llegan hasta Calablanca, emigrantes con ojos de nostalgia, franceses jubilados que juegan a la petanca y surfistas que cuando el Mediterráneo trae mar de fondo, hacen las delicias de niños y mayores.

Amplia y abrigada, de arena fina, la bahía limita al norte con la punta del Español y al sur con el cabo de la Fontana. La longitud es de 480 metros y el fondo de 140, aunque han desaparecido 80 metros de arena debido al temporal y a las últimas lluvias torrenciales que dejaron 200 litros de agua en 24 horas.

El río Gorgos, en cuyo cauce crecen aneas, baladres y cañas, está seco durante casi todo el año. Es un río rambla que nace en la sierra de Alfaro y Serrella, a 1.300 metros de altura, abre un surco de 53 kilómetros en la Marina Alta y cruza el valle de Pop, Jalón y Gata de Gorgos hasta el mar de Javea, en una antigua desembocadura del río Gorgos. Una singularidad de este río es la gran permeabilidad de su lecho, que hace que su caudal contribuya a alimentar muchas fuentes por efecto de la filtración subterránea.

Pasado el temporal, la playa volvió a ser un bálsamo para los que hacen senderismo, toman un dry martini sentado en una de las terrazas y aguardan a que el Mediterráneo se tiña de rojo mientras los surfistas se deslizan sobre las aguas.

Ondea la bandera azul en este escenario pródigo en restaurantes y bares, zonas de aparcamiento, servicio de asistencia y vigilancia de la Cruz Roja, acceso de minusválidos, juegos infantiles, alquiler de hamacas, paseo marítimo, zona balizada para salida de embarcaciones y parking delimitado. Un 52% son extranjeros.

La punta del Español es un espacio estratégico. En el extremo boreal de la bahía se mecen las palmeras de un espléndido jardín con buganvillas y otras especies tropicales alrededor de la piscina. Las terrazas de las habitaciones, muy luminosas, dan al Mediterráneo.

El enclave es tranquilo, fresco y despejado. Los huéspedes desconocen que, junto al Parador de Turismo, se conserva una gran balsa horadada en la piedra tosca conocida por los baños de la Reina, importante asentamiento romano formado por una villa y una factoría que durante los siglos I al VII elaboraba salazones y salsas de pescados, instalaciones muy frecuentes a lo largo del Mediterráneo. Sin ir más lejos, a la sombra del Peñón de Ifach, hay otros baños de la Reina donde fueron recuperadas varias estancias con pavimentos, un mosaico bicromo, unas termas y varios enterramientos datados entre los siglos V-VI.

En Portmán (Murcia), se documentó la villa del Paturro, levantada sobre un promontorio que se extiende paralela al mar unos cien metros, y por los peldaños encontrados disponía de diversos planos, escaleras y jardines que llegaban hasta la ensenada. Dotada de dos grandes balsas o estanques, junto al triclinium se hallaron elementos arquitectónicos, esculturas decorativas, monedas y estucos que avalan la riqueza documental de una construcción que, hasta el siglo II, desarrolló una actividad industrial relacionada con la elaboración de salazones, vivero o cocedero de esparto, y más tarde se acondicionó como villa de marcado carácter residencial.

Debió pertenecer a alguna familia de la élite local, gente poderosa sin duda, si se tiene en cuenta la trascendencia de su emplazamiento en el Portus Magnus, una bahía a salvo de los vientos idónea para que las naves de Roma cargaran la plata extraída de estos montes.

En la punta opuesta del Parador de Jávea hay una gran superficie de dunas fósiles formadas hace cien mil años. Cerca de allí se ha conservado una canalización que permitía la entrada del agua marina a una zona interior, donde se hallaba el saladar. La explotación, vinculada a la factoría romana de la punta del Arenal, fue modificada con los años y se añadió una noria con una rueda de madera que, movida por más de una caballería, proporcionaba el caudal de agua marina necesario.

Las dos millas y media que forman la ensenada de Jávea se extienden entre el cabo de San Antonio y el cabo de San Martín, un espacio propicio para gozar de la cercanía del mar, de los imponentes escarpes rocosos, de las calas de cantos rodados y arena, del cielo azul, de la paz y del omnipresente Montgó, agreste barrera que se eleva entre Jávea y Denia. A veces, esta montaña de 753 metros de altura hace de parapeto de las borrascas del norte y contribuye al microclima de la zona.

El perfil de esta atalaya calcárea ofrece notables variantes según el ángulo desde el que se mira. A unos vecinos les recuerda una tortuga gigante dormida a orillas del Mediterráneo, a otros una pirámide calcárea, y a los más, la cabeza de un elefante con la trompa extendida hacia el cabo de San Antonio.

Si el día es claro, noviembre es el mes idóneo para ver la isla de Ibiza desde la cumbre.




 
 
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