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NATURALEZA.
Bucólica imagen de un pescador que aguarda
paciente a que piquen las piezas. / efe
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DESVEDA. La ampliación
del cupo para la Captura de especies exóticas
debe acompañar a la protección de la fauna
acuícola autóctona
Texto: Juan Antonio Sarasketa
Despunta la primavera y, con ella, la desveda de ríos
y pantanos peninsulares. Sin embargo, y aunque las ilusiones
de los pescadores, como siempre, están por todo
lo alto, la temporada entrante no tiene muchos visos
de deparar ninguna maravilla; al menos, por lo que a
salmónidos se refiere. En los cauces fluviales
donde el verano pasado apenas corría el agua,
las posibilidades de generar vida se han relentizado
de manera ostensible.
Los ríos son depositarios de gran parte de las
especies aborígenes, que están sufriendo
también un progresivo empobrecimiento fruto de
su explotación industrial, la contaminación
provocada por los residuos nocivos de algunas empresas
y las materias orgánicas de ciertas poblaciones,
sin olvidar un furtivismo galopante sobre los salmones.
Es la gran batalla de las distintas comunidades: volver
a recuperar la capacidad biogénica de nuestros
ríos peninsulares.
Algunas veces se pretende compensar toda esta serie
de desmanes a base de repoblaciones sin sentido, como
queriendo legislar con vistas a la intensificación
de la riqueza biológica del agua sin organizar
una labor eficiente de investigación hidrobiológica.
Habría que adaptar la realidad de la pesca española
a la europea; es decir, seguir un patrón legislativo
similar, en aras de buscar una vía de solución.
Invasores
La introducción de especies exóticas ha
perjudicado la fauna autóctona. Es una triste
e irreversible realidad. Estas especies foráneas
ocupan preferentemente grandes masas de agua, y precisamente
es ahí donde menos les afecta la contaminación
y la pérdida de caudal. De ahí que algunas
administraciones pretendan terminar con estas especies
por cualquier medio, aunque se me antoja desacertado.
Aprovechemos esta riqueza aumentando días y cupos
de captura. Controlemos los ríos que cobijan
especies aborígenes para que no los colonicen
las alóctonas. Sin olvidarnos de los cormoranes,
porque, a nada que no se reduzcan sus poblaciones, muchos
ríos y regatas van a pagar con gran parte de
su fauna un alto precio a la proliferación desproporcionada
de este cuervo marino.
Pero no todo van a ser tristezas. Las pasadas nieves
y las constantes lluvias en algunos territorios han
supuesto un aporte importante a muchos cauces fluviales.
Sin embargo, al soportar todavía una climatología
fría, es probable que a las truchas les cueste
salir de su letargo invernal. Ahora hay que buscarlas
en aguas profundas y en los remansos de las corrientes.
A los lucios, por el contrario, en zonas no muy profundas
y con vegetación. A las luciopercas, igual que
al lucio en esta época de desove. No así
a los siluros, que se situarán por estas fechas
en las aguas más profundas.
Marzo es un buen mes para la pesca del barbo a cebo
natural. En breve desovarán los basses; es el
momento para hacerse con algún buen ejemplar
en las orillas, sobre todo, si el sol empieza a calentar.
¿En cuanto a los salmones? A esperar, sin mucha
ilusión. Para las carpas,, un buen cebado siempre
es efectivo.
Cebos naturales
El cebo natural siempre es más efectivo, aunque
muchos pescadores no los conocen con profundidad. El
más lógico es aquel que se cría
y encuentra en el mismo elemento que se hallan las truchas
que tratamos de pescar. Dentro de los ríos, arroyos,
presas, etc, existen infinidad de bichitos
y plantas variadas que viven entre ellos y constituyen
su principal alimento. Para los peces, son tan conocidos
y familiares que cuando tienen necesidad y encuentran
alguno de ellos bien colocado en el anzuelo, lejos de
asustarse o tomar precauciones, como ocurre con toda
clase de señuelos que por primera vez se les
ofrecen, entran con la mayor naturalidad.
No es fácil enumerar los cebos más tentadores
hay teorías diversas, pero, posiblemente,
entre los más eficaces, por ser los verdaderamente
lógicos, debemos considerar la gusana, la gusarapa,
el cangrejo, los pececillos y los insectos. Las truchas
se alimentan de estos últimos en estado larvario
y de ninfa, y cuando flotan en el agua después
de romper el capullo y prepararse para realizar el primer
vuelo. La cola de los cangrejos cuando se produce
la muda supone una gran tentación para
las truchas. Sin olvidar la socorrida gusana y la gusarapa,
siempre efectivísimas en casi todos los ríos.
Exceptuando la mosca, muchos cebos naturales están
prohibidos en ríos y pantanos, aunque estas restricciones
no tienen mucho sentido en las grandes masas de agua.
Es más lógico que las mismas vengan reflejadas
en el número de capturas. Si de enganchar la
pieza se trata, siempre beneficioso para la fauna acuícola,
nada mejor que utilizar como cebo un pez de la zona,
pero que sea grande, así como de medio kilo o
más, aunque dé la sensación de
pecar de exagerado.
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