Conocido por estos lares,
The Liars es un anómalo trío de Brooklyn
que se dio a conocer hace cuatro años con They
threw us all in a trench and stuck a monument on top
(Mute), debut en la estela de Gang of Four, PIL o A Certain
Ratio que asoció a este grupo con el emergente
punk funk neoyorquino de Radio 4, Rapture o Yeah Yeah
Yeah. La ententé que lidera el cantante
Angus Andrew y completan Julian Gross y el catárquico
guitarrista y multiinstrumentista Aaron Hemphill reaccionó
dos años después desconcertando al personal
con The were wrong, so we drowned, una huida
manifiesta del revivalismo post punk que se concretó
en un arriesgado tratado de avant rock tan hipnótico,
experimental y desquiciante como difícil de catalogar.
En ese punto de no retorno el grupo rompió definitivamente amarras con su pasado para, como en su día hicieron Lou Reed o Bowie, irse a Berlín a registrar su abstracto último álbum, Drum's not dead. Doce canciones desconcertantes y angustiosas, con texturas múltiples que oscilan entre el rock tribal subrayado por los percusivos colchones rítmicos que aportan dos conjuntos de batería, las guitarras atonales que van de la tensión a la calma, la languidez etérea y abstracta de Brian Eno o la electrónica de baja fidelidad.
Todo en función del estado de ánimo de los dos caracteres que conviven en The Liars: de un lado, Drum (batería y supuesto cuatro miembro del grupo) y, de otro, su reverso en el proceso creativo, Mr. Heart Attack o la personificación de la falta de confianza. Por si la cosa no tuviera la complejidad suficiente, Drums not dead viene acompañado por un DVD con tres versiones cinematográficas del álbum: Drums not bread, dirigida por Julian Gross, The Helix Aspersa (Angus Andrew) y By your side, (Markus Wambsganss).
Los 36 vídeos resultantes (tres por cada tema) reinventan las canciones y lo mismo toman forma de diario de gira y grabación, de documental entre bambalinas, de mini-operetas de ciencia ficción o de miniaturas de animación surreal con caracoles de por medio. Toda una inconformista e interesante abstracción conceptual que habrá que ver cómo trasladan al directo en el Azkena de Bilbao, donde actúan mañana. De todo ello nos habla desde Suiza Aaron Hemphill.
-La pregunta es obvia: ¿Cómo trasladáis al directo el sonido tan tupido del disco?
-Desde que empezamos la gira hace ya bastantes meses por Japón y Australia, y lo mismo ahora que estamos en Europa, la respuesta está siendo muy buena. Nuestro directo no tiene que ver mucho con el disco. En un concierto el contexto es otro, mucho más sensorial, diría yo. Están los ojos, además del oído, para valorar y existe una relación más directa con la gente que charla con sus colegas o se toma una copa. Además, el sonido es mucho más alto. Toda esa situación más incontrolada forma parte de lo que hacemos en directo. No está tan calculado como el disco.
Ruptura y críticas
-¿Dais la misma importancia a la música que a la imagen?
-No. La música es siempre lo primero. Los vídeos fueron una interpretación posterior, una visión personal y complementaria de los temas. Aunque lo curioso es que la idea de los vídeos surgió antes que el disco, casi justo después de sacar Drowned. Teníamos un montón de material extra y pensamos que estaría bien recopilarlo y editar un DVD. Pero la cosa fue creciendo y cuando hicimos las nuevas canciones para el álbum pensamos en la idea de unir ambos proyectos.
-Drums not dead ha tenido unas buenas criticas.
-Estamos muy contentos con la reacción de la gente y de la crítica. No tengo tan claro que se nos haya entendido muy bien, pero tampoco creo que eso tenga mayor importancia. No es algo que puedas controlar. Al hacer un disco se trata, sobre todo, de crear sensaciones para que la gente disfrute y tenga su propia interpretación de la música. Más que por lo que puedan decir, las críticas nos parecen interesantes para tener una idea aproximada de cómo percibe el público lo que hacemos.
-El disco radicaliza el alejamiento del post punk de vuestros comienzos. ¿Os planteáis cada trabajo como una ruptura?
-Cambiar es importante, pero no se trata tanto de realizar un cambio porque sí. El objetivo consiste en hacer el mejor disco posible trasladando a la grabación lo que tenemos en la cabeza, sin ponernos trabas y con idéntica pasión. Aunque lo natural es tratar de hacer siempre algo nuevo, el cambio fue más radical con el anterior disco; entonces sí hubo un deseo de huir del cajón de sastre del punk funk de Nueva York. Las bandas nunca crean ese tipo de escenas conscientemente, son los medios los que buscan categorías y conexiones, así que cuando los demás te relacionan con algo con lo que no tienes mucho que ver, tu labor es demostrar esa desvinculación. Pero eso no quiere decir que planteemos los discos como una reacción contra algo o alguien.
-¿En qué onda se sitúa Liars?
-No lo sé, no tengo ni idea. Supongo que tenemos que ver con las bandas que tratan de reinventarse, plantearse nuevos desafíos o cambiar con cada disco. Tenemos esa inquietud. Pero no somos un grupo que se deje influir demasiado. Durante la grabación escuchamos cosas muy distintas. Recuerdo que, por entonces, Angus escuchaba bastante a los Doors y no creo que eso influyera nada en la música que estábamos componiendo.
-¿Por qué decidisteis iros a grabar a Berlín?
-Tiene que ver con lo anterior y con el deseo de hacer algo diferente en un entorno que ayude a conseguir nuestros objetivos. Dejar Los Ángeles o Nueva York para irnos a Berlín, donde se ha afincado Julian (Gross), fue una buena decisión. No tanto porque Berlín ayudara a la inspiración, sino por la novedad y el hecho de tener a nuestra disposición buenos estudios y a precios más que razonables. Más que una grabación típica fue como estar haciendo música mientras pasábamos una temporada en una ciudad nueva.
-Los dos caracteres que asumís en el álbum, Drum y Mr. Heart Attack, parecen responder a estados de ánimo radicalmente diferentes.
-Sí, los temas adjudicados a Drum pueden parecer más accesibles. Representan diferentes emociones, pero es algo que surgió cuando ya teníamos todo el material. Se nos ocurrió plantear dos caracteres que ofrecieran una interpretación complementaria del repertorio, igual que con los vídeos.
El pasado
-¿Se puede entender el disco como vuestra personal visión del post rock o, por haber grabado en Alemania, del kautrock?
-No. Creo que es el resultado de concretar en un disco la música que nos motiva o excita, sin un planteamiento teórico o un concepto previo. Eso es algo que surge después. No encajamos en ninguna categoría concreta, ni siquiera tengo una idea clara de que es el post rock. Si nos preguntaras a cada uno de los miembros del grupo por separado, estoy seguro de responderíamos cosas muy diferentes.
-¿Aún os reconocéis en vuestros primeros temas. ¿Tocáis algún tema de vuestro debut?
-No, ahora somos otra banda. Hacemos algunos temas del disco anterior porque tiene algo que ver con lo de ahora. Tratamos de establecer una secuencia lógica o una continuidad entre la música y la imagen, manteniendo la capacidad de sorpresa provocada por la excitación del momento. Como a todos los grupos nos motiva, sobre todo, tocar el material más reciente, incluso canciones aún no grabadas. Lo que para la gente es nuevo, para nosotros no lo es tanto. De momento todo lo hacemos entre los tres, sin músicos ni elementos tecnológicos nuevos, pero es algo que no descartamos para el futuro.
-¿Qué planes tenéis ahora?
-Aún nos quedan unos nueve shows en la gira. Después iremos a casa y empezaremos a componer cosas para el siguiente disco, primero cada uno por su lado y después juntos. C