JAZZ TRAVELS
TEXTO: J. OLARTE
ntenta imaginártelo. Nos acercamos al final de los ochenta y todo son mallas de licra, voluminosos pelos cardados y hombreras más grandes aún. Música de lo más cutre suena en esas mini-torres que se hacían pasar por equipo de música y acaba de llegar un nuevo formato de música que, si te apetece, hasta sirve de bandeja para el desayuno. Vamos, poca cosa que escuchar. Y si, como en mi caso, la música es tu vida, pues poca vida».Así evoca los antecedentes de su conversión al jazz, el funk, el soul y el groove en general Oli Stuart, estadounidense criado en Escocia y Madrid, donde, de un tiempo a esta parte, se ha forjado toda una reputación como Casbah 73, alias que oculta su labor como DJ y productor de música de baile con poso orgánico y alma negra y latina. La vida de Oli cambió cuando cayó en sus manos un recopilatorio. «Tan pronto como la aguja tocó el vinilo tu vida empieza a transformarse. Headhunters, Roy Ayers, Don Blackman... sonidos, crudos pedazos de jazz, funk y soul, como un martillazo directo al corazón». Oli se entregó a su misión musical, se pateó la geografía de Estados Unidos rebuscando en tiendas de discos de segunda mano, basements plagados de referencias descatalogadas y casas de DJs obsesivos, coleccionistas freakies y yonquis de vinilo. «Los problemas se multiplicaban a la hora de contactar con cualquiera que tuviera cochambrosos montones de vinilos o artistas de los que nadie ha oído hablar jamas», evoca. Alineación estelar Es el testimonio de Oli Stewart en las notas interiores de Jazz Travels, un primoroso recopilatorio de 12 cortes con el que ha tratado de recoger el espíritu de la música que le incitó a embarcarse en su continua búsqueda del groove. Editado por Hi Top, el resultado es una selección vibrante, cálida y fresca de temas de jazz funk mecido con aires afrobrasileños y latinos. El repertorio, que abarca desde los 60 hasta los 80, comienza con una triada imbatible: Luis Eça reciclando Consolaçao, clásico bossa jazz de Baden Powell, la arrolladora voz de Salena Jones encarnando a una suerte de Shirley Bassey en clave de jazz swing cinemático y el palpitante instrumental jazz funk Silly savage, de Adam Ross, saxofonista neoyorquino curtido con Count Basie y Sinatra. El resto del disco no le va para nada a la zaga y late con los brasileños Sebastiao Tapajos y Pedro dos Santos, el intoxicante afro candombé con metales del uruguayo Daniel Lencina o minusvaloradas vocalistas de soul como Esther Phillips. I
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