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Tintín en el país del praliné
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| GRAND PLACE. Los edificios que rodean la plaza central de Bruselas corresponden a distintos gremios. Dentro está prohibido el tráfico rodado. / FOTOS: AINHOA DE LAS HERAS |
BRUSELAS. La ciudad
del cómic apuesta por el turismo joven y propone
escapadas de fin de semana con estancias en albergues
y visitas a fábricas de chocolate y cerveza
AINHOA DE LAS HERAS
Si Tintín fuera de carne y hueso, se le encontraría en uno de los cinco albergues juveniles repartidos por Bruselas tomándose una sabrosa cerveza o degustando un fino praliné junto a su inseparable Milú. La ciudad del cómic se ha revelado como el perfecto destino de fin de semana para los jóvenes aventureros europeos gracias, entre otros atractivos, al precio económico de la estancia. Una noche en uno de estos alojamientos puede costar desde 14,50 hasta 23 euros, en función del número de personas que vayan a ocupar la habitación y si ésta dispone de baño.El concepto europeo de albergue, y en concreto el belga, es más amplio. Allí se hospedan sin complejos matrimonios mayores e incluso familias completas, no sólo estudiantes con escasa liquidez económica. El precio incluye un desayuno-bufet (zumo, café, tostadas y cereales). Los Sleep Well, Van Gogh, Jacques Brel, Bruegel o Generation Europe, así se llaman los establecimientos, están situados en el centro de la ciudad, a pocos minutos a pie de la auténtica joya bruselense, la Grand Place, una de las plazas más hermosas del mundo. Los hostels, como se les conoce, reciben cada año a unos 300.000 visitantes, procedentes de países limítrofes, de Estados Unidos y de Australia, muchos de ellos en tránsito hacia otros destinos, como Londres o París. Para Didier Fierens, representante de los albergues juveniles de Bruselas, los turistas acuden atraídos por la «atmósfera» que se respira y por el innegable tirón del Parlamento europeo, el edificio más visitado de la capital. La mayoría de estos hostales disponen de barras y otros espacios de ocio, salas de reuniones y hasta acceso gratuito a Internet. Si el viajero planea la escapada con tiempo, esto es, con dos o tres meses de antelación, puede encontrar vuelos de ida y vuelta desde Bilbao por precios muy asequibles, hasta de 29 euros sin tasas. La cuantía media del viaje, sin embargo, ronda los 150 euros, todo incluido, aunque para llegar al centro de la ciudad es necesario coger un autobús. La compañía Brussels Airlines, con dos frecuencias diarias desde el aeropuerto vizcaíno de Loiu, sigue ofreciendo a los pasajeros un ágape y prensa, servicios que acortan la hora y cincuenta minutos del trayecto (especialmente recomendable, el sandwich de queso). Recorrer Bruselas deparará agradables sorpresas. El turista puede toparse allí con una de las 32 fachadas decoradas con viñetas, además de cuatro monumentos a héroes surgidos del dibujo, tres estaciones de metro o un bar desperdigados por la ruta del cómic. Cuna del joven periodista Tintín, también vio nacer a otros célebres personajes del noveno arte, como el famoso vaquero Lucky Luke o los entrañables Pitufos azules. Algunas de las tiras míticas -acumula hasta 8.000 originales- realizadas por Hergé pueden ojearse en el Centro del Cómic, situado en un viejo almacén de legumbres con aire semiindustrial que Horta diseñó para la Exposición Universal de 1898. La entrada cuesta 7,50 euros en el caso de un adulto, aunque hay descuentos para grupos y jóvenes. El corazón del museo palpita en la biblioteca, cuya impresionante colección de 20.000 tebeos enorgullece a su director general, Michel Leloup. «Está dirigido a quien no conoce bien el cómic, no tanto a los ya aficionados». Tintín -cuya tienda oficial se sitúa a dos pasos de la Gran Place- acapara gran parte de la atención y el espacio, aunque su figura compite en interés con personajes como Corto Maltés. Los carteles de información reflejan la doble realidad bilingüe belga, dividida entre la comunidad flamenca, minoritaria, y la más extendida influencia francófona. Los trajes del Maneken-Pis La siguiente parada del viaje podría situarse en la última fábrica de cerveza artesanal de la ciudad, fundada por Paul Cantillon en 1900. Cantillon ofrece visitas colectivas guiadas, con catas de distintos tipos de cerveza, por cuatro euros. José, un simpático y castizo asturiano que emigró al norte hace cuarenta años, explica en castellano y de manera gráfica cómo se prepara el trigo, la malta, el lúpulo y la cebada tostada para elaborar la especialidad legendaria belga, la geueze-lambic, que mezcla cerveza de tres años distintos. De sabor amargo, no se le inyecta CO2; sólo contiene el gas que genera la propia fermentación. Mezclada con frutas como frambuesas o cerezas, la brike se convierte en un perfecto aperitivo. Cualquier pub de Bruselas puede ofertar cientos de distintas marcas de cerveza. Alguno alcanza hasta las 2.000 variedades. El pequeño Maneken-Pis se cambia de ropa cada día gracias a los infinitos diseños donados al Ayuntamiento bruselense por culturas de todo el planeta. La colección, entre la que destacan un kimono japonés, un traje de luces de torero español o un taparrabos de una tribu africana, se puede admirar en el último piso de un museo ubicado frente al edificio consistorial (los domingos se accede de forma gratuita). Antes de cubrir la desnudez de la escultura, que reproduce a un niño orinando sin pudor, los diseños de moda han de superar una prueba de selección, y hay lista de espera para tal mérito. El otro símbolo de Bruselas, el Atomium, que imita la estructura de un átomo aumentada 165 billones de veces y mide 102 metros de longitud, rompe imponente las leyes de la gravedad. La impresionante forma exterior no queda deslucida por las continuas escaleras y salas interiores. El gigante acaba de abrir sus puertas (9 euros) tras una reciente remodelación. Colón descubrió el chocolate en su primer viaje a América, pero los belgas inventaron el exquisito bombón, conocido como praliné, en 1912, y desde entonces lo han ido perfeccionando. Planète Chocolate, uno de sus paraísos, esconde en la trastienda los secretos del dulce manjar. Una artesana chocolatera ofrece una charla sobre sus beneficios para la salud. Blanco, con leche o negro, el más saludable introduce el mayor porcentaje de cacao; también es el más amargo. Al tiempo que se aprenden los pasos de su elaboración, se sucumbe a su olor y sabor con una degustación. El barrio Dansaert, donde han abierto tienda diseñadores locales como Oliver Strelli o Premamá, se transforma por la noche en zona de copas. Clubes de jazz o terrazas con estufas conviven con los pubs y las discotecas para los más transnochadores.
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