TEXTO: J. O.
Los
ocho Grammys que hace cuatro años logró
Norah Jones con su primer disco, Come away with
me, no sólo supusieron la culminación
de un ascenso logrado boca a boca, sino también
un éxito sin precedentes para una artista primeriza.
Sin grandes campañas promocionales, Norah sintonizó
con un heterogéneo segmento de público interesado
por su sucedáneo de jazz trufado de blues, soul,
country o pop. Como en los 80 pasó con Sade, la
industria descubrió que el filón de quienes
compran los discos de atractivas cantantes (y pianistas)
tipo Diana Krall o Alicia Keys era mayor de lo esperado
y, en consecuencia, no tardó en apostar por jóvenes
como Katie Melua, Corinne Bailey Rae, Amy Winehouse o
Lucie Silvas, nuevas y sobradamente preparadas intérpretes
cortadas por el mismo patrón que Norah.
Culminando su eclosión comercial, Corinne y
Amy se postulan, en competencia con Lilly Allen, como
las mejores artistas femeninas del año en los
próximos Brit. La primera está nominada
además en otras tres categorías en los
Grammy y hasta la ha entrevistado Oprah Winfrey tras
colocar más de un millón de copias en
Estados Unidos de su primer disco homónimo.
Como en el caso de KT Tunstall, una aparición
televisiva en el programa del gurú musical Jools
Holland disparó su popularidad. Su primer EP,
Like a star, mereció flores tanto
de la prensa seria británica como de revistas
musicales tipo Q. Y su segundo sencillo,
Put your records on, sólo pudo ser
desplazado del top de la lista de singles por Madonna.
Entroncando con la tradición del soul, Corinne
comenzó ejercitando su voz en un coro de una
inglesa baptista y suele ser comparada tanto con Billie
Hollyday como con Macy Gray. En eso coincide con Amy
Winehouse, otra joven y brillante cantante británica
que comenzó a llamar la atención hace
tres años gracias al siempre atento DJ Gilles
Peterson
Natural de una familia modesta de norte de Londres,
Amy ha crecido marcada por el jazz. Entre sus familiares
por parte materna hay veteranos del género y
su abuela fue incluso novia de la leyenda del jazz británico
Ronnie Scot. Menos modosita que Corinne (ha tenido problemas
con el alcohol y habla con acento cockney),
debutó en 2003 con Frank, álbum
jazzy aderezado con pop, soul y patrones de hip-hop.
Buenos ejemplos
Aún más potencial tiene su excelente
entrega Black to black, un estilizado y
groovie álbum de smoth jazz y soul sesentero
que conecta con el universo de R&B gracias la producción
de gente como Sam Remi y Mark Ronson. Amy pisa el terreno
de Joss Stone, pero además compone estilizadas
canciones confesionales como Rehab, que
explican que llegara a finales del pasado año
a lo alto de las listas británicas.
Semejantes aldabonazos comerciales han logrado casi
de la noche a la mañana las menos raciales Katie
Melua y Lucie Silvas, que ya han hablado en estas páginas.
Curtida como compositora, la cantante y pianista Lucie
pegó hace un par de años con Breathe
in, del que colocó más de medio
millón de copias.
También veintipocos años tiene Ketevan
Katie Melua, cantante y compositora de origen
georgiano aunque criada en Belfast, descubierta en una
escuela de música por Mike Batt (Midas del pop
británico), que la apadrinó avalando Call
of the search, disco con versiones de John Mayall,
Randy Newman o James Shelton. Su segundo disco, Piece
by piece, estuvo casi 40 semanas entre los más
vendidos de Europa.
|