H an sido necesarios nueve discos para que Joe Vasconcellos desembarque por fin en España con su mezcla de rock, blues, cumbia, bossa nova y reggae. Lo ha hecho a través de Banzai, álbum editado por la Fundación Autor que en el país natal del artista, Chile, se comercializará en los quioscos con el fin de hacerlos accesibles para una población más numerosa y combatir la piratería. El compositor ya utilizó en 2003 una cadena de supermercados como canal de distribución de su trabajo anterior, En paz, que se vendió así a un precio más asequible. Hijo de diplomático, Vasconcellos fue un niño viajero -vivió en Japón, China, Italia y distintos países de Latinoamérica- que de adulto muestra un apego inquebrantable a las calles de Santiago. De allí extrae el pulso vital, un indudable éxito (del directo Viven vendió 150.000 copias entre sus paisanos) y, sobre todo, inspiración. «Santiago es una ciudad de poetas», apostilla este hombre, que tan pronto toca una guitarra como agita las congas o sopla una armónica.
-Banzai, por su carácter multicultural, se asemeja a una escuela de influencias y estilos.
-Me emocionan esos contextos. He vivido en muchos sitios y con mucha gente y trato de expresarlo con la música. A través de Internet uno puede recibir también influencias que van del reggaeton a Miles Davis. Soy del tipo de músicos que no se cierran a nada y, quizá por eso, la primera vez que fui a Estados Unidos y vi que estaba incluido en el apartado World Beat, me sentí cómodo.
-Pues a muchos artistas no les gusta ese calificativo.
-Lo que sucede, y se trata de una herencia de Estados Unidos, es que parece existir una necesidad de poner etiquetas a todo y eso lleva a que muchos cierren puertas.
Viva la cumbia
-Con Ruben Rada, Jorge Drexler o la Bersuit Vergarabat formas parte de la buena onda latinoamericana actual, la que arrasa en festivales y listas de éxitos.
-Los componentes de la Bersuit y yo somos coleguitas. Les admiro, practican una neocumbia, que es la música que les gusta a los universitarios, muy suya. En realidad, yo veo que la cumbia es ahora mismo la reina de los latinos: suena una cumbia y de repente aparece un poder de unión enorme entre quienes la escuchan, sea en Chicago o Los Ángeles.
-Tus discos destacan por su pureza de sonido.
-Con el tiempo aprendes y depuras. Nosotros siempre hemos sido muy pudorosos a la hora de extraer un buen sonido, sean cuales fueran los medios de que dispusiéramos. Buscamos cierta excelencia. Nos inspiramos en Elvis Costello, Burt Bacharach o Steely Dan a la hora de buscar calidad. Son nuestras influencias para hacer disco, no para la música, que ésa ya está hecha.
-Tu primera canción en inglés, Lean on me, es un homenaje a un amigo que murió el 11-S.
-Sí. Acababa de regresar a casa tras mezclar una canción muy alegre con Chichi Peralta en Santo Domingo cuando vi las imágenes de las Torres Gemelas y me dije: Loco, yo ya no puedo tocar ese tema. Y lo dejé aparcado. En ese sentido, Lean on me, de Bill Withers, es una forma de exorcizar aquel momento. Los estadounidenses cantaban este tema a los bomberos y siguen recurriendo a él en momentos de flaqueza. Incorporarla al disco ha sido un modo de calmar mi inquietud. Aunque algunos piensen que me he shakirizado por usar el inglés.
-Tampoco ayudará mucho que otro tema de Banzai remita libremente a dos iconos de las series estadounidenses: el crucero del amor y los ángeles de Charlie.
-¡No me diga eso! Luego la gente me pregunta: ¿Qué le pasó hijito? ¿Se fue para otro lado? No, la explicación es que en las giras hablamos mucho de televisión y alguien encontró algún parecido entre Supercanción y los ángeles de Charlie. Y de ahí quedó el símil. Pero nada más. Somos el patio de atrás de Estados Unidos y, como el movimiento antropofágico de los años 30 en Chile, decimos: Recibamos, pero transformemos.
-En tus conciertos hay un alto grado de improvisación. ¿No supone eso demasiado riesgo?
-No, si tienes una confianza absoluta con los músicos y has llegado a ese momento en que sólo es necesario un gesto para saber por dónde debes ir. A veces me pregunto si, de haber nacido o trabajado en el primer mundo, tendría la capacidad de pegarme esas boladas en el escenario o el público diría: Esos tipos se han vuelto locos; están mezclando la música celta con las melodías italianas.
-Quizá fuera más complicado de entender: Europa es formal por su tradición academicista.
-En cambio allí coges una canción y la transformas en un merengue. Existe una candidez que debemos cuidar. Eso me mantiene apegado a aquella tierrita.
Caetano y el estado alfa
-¿Necesitaba afincarse?
-Necesitaba identificarme con América Latina. Algunas personas me han preguntado por qué vengo ahora a España después de nueve discos. Pues bien, tenía que estar en mi país. He vivido en muchos sitios y ya no sabía de dónde carajo era. Mi hermano y yo incluso hablábamos una especie de jerigonza de diferentes idiomas.
-En ese mundo globalizado, ¿cómo te diste cuenta de que la música latina era tu destino?
-Escuchar a Milton Nascimiento o a Caetano Veloso me ponía en estado alfa. Entonces me dí cuenta de que había algo que venía en mi comida.
-Y ahora resulta que la música latina contemporánea -no la comercial ramplona- se pone a la cabeza de la creatividad internacional.
-Me gustaría que hubiera más intercambio entre América y Europa, aunque manteniendo la candidez y cuidando la delicadeza del niño. En su momento, yo tuve miedo de ir a tocar a Estados Unidos porque me preguntaba si habría adquirido conocimientos suficientes para no dejarme comer. Ya hubo una generación de músicos latinos que fueron a EE UU y volvieron pasteurizados. Cada vez que los escuchabas era inevitable pensar: ¿Sus temas son de auto circulando por Los Ángeles?
-¿Existe cierto miedo a la contaminación o a la industria no le guste la frescura?
-Esto tal vez. Para mantener la frescura, dejé un sello internacional porque sentí que no iba a ninguna parte, que hasta la música podía aburguesarse. Es como Eurovisión, un aburrimiento en la música, el show, el lenguaje
¿Por qué hay que escuchar a un griego hablando en inglés, haciéndose el gringo? ¡My God! ¡Si una de las riquezas de Europa es precisamente su variedad de idiomas! A mí eso me supone un choque total. Para ponerse plumas, vayan a Río.